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Makelele a precio de Zidane

Con 22 años, Diarra ya suma dos experiencias en grandes. No muy buenas

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En el Chelsea, Lassana Diarra fue un comodín. Jugaba, pero no de titular. En el Arsenal no lo hizo bien, generalmente actuó como lateral o interior, alguna vez en el doble pivote defensivo. En el Portsmouth se instaló el invierno pasado como medio centro. Diestro, con recorrido, no es un cinco posicional como el Diarra que ya estaba, sino más bien un medio centro elástico, con capacidad para presionar y hacer falta táctica. Saca la pelota limpia, con criterio, juega en apoyo y cambia la orientación; si arriesga, fracasa. Lo suyo es jugar fácil, evitar las pérdidas y llegar de tercera línea.

Deficitario en el juego aéreo, con Lassana el Madrid no soluciona el marcaje por delante ante un fútbol directo. Tendrá problemas cuando actúe contra delanteros que bajen a recibir para empezar el juego. Bajo de estatura, Diarra tuvo a Makelele como protector en el Chelsea. Llegó allí, a la élite, demasiado pronto. Marcar las diferencias en tres cuartos de campo es tarea de dioses: Lassana se vio desbordado. Esa falta de calidad diferencial le llevó al lateral. Doblaba, tenía velocidad y recorrido. No cerraba la espalda de los centrales, se despistaba en lo táctico, demasiado inexperto... Mourinho se cansó.

Dos experiencias en equipos grandes son suficientes para saber convivir con la presión de jugar para ganar títulos. Y además es internacional francés. Un perfil ajustado a lo que buscaba el Madrid. Una nueva oportunidad para un jugador en el que se asocia la palabra élite con fracaso. A Diarra se le abrió un nuevo horizonte al llegar al Portsmouth, donde ha jugado a ser Makelele y no lo ha hecho mal. Es la Premier, se juega diferente. Sufrió para llegar al rendimiento en el fútbol inglés: no es sencillo, el juego directo es demasiado específico para llegar y triunfar. Su vuelta al estilo europeo le sentará bien. Llega al Madrid, y pese a sus 23 años suena a última oportunidad: ha quemado etapas a una velocidad sideral. Es su momento. Ahora o nunca.

Lo mejor de su fichaje es su polivalencia. Un factor decisivo para encontrar el consenso dentro de la casa blanca. Todos de acuerdo con un fichaje que viene de medio centro, pero que puede ser una buena opción para el lateral derecho en la próxima temporada. Con la vuelta del otro Diarra y la consolidación de Gago, con el viaje al centro de la defensa de Sergio Ramos para formar una pareja dominadora con Pepe, Lassana sueña ser como Makelele, pero acabará en el lateral derecho.

Lo peor de Diarra es su precio. Se habla de 20 millones. El Portsmouth vende por más del doble de lo que invirtió. La plusvalía es mágica: está lesionado y no lleva un año en el equipo. Pero para el Madrid es un precio desmesurado, la consecuencia de ir a la desesperada, de una planificación inexistente y deficitaria. Entre Huntelaar y Lassana Diarra, el Madrid ya lleva gastados 47 millones de euros en fichajes de invierno. Más el sueldo por Parejo. Y lo que queda. El Madrid paga caro un verano esperpéntico.