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La mala resaca del campeón

Tras cada Mundial, a las selecciones que lo ganan les pesa la corona durante los primeros partidos

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España no entendió lo que significa salir a jugar en Argentina con la Copa del Mundo recién conquistada y acabó goleada (4-1). Se enteró tarde de lo que significaba el partido en términos de competitividad y de prestigio. Por el rostro serio con el que los internacionales españoles regresaron ayer parece que reconocen el patinazo. Si el once elegido por Del Bosque no respondió a las exigencias de la cita, las consecuencias del batacazo sí. 'Campeón de rodillas', 'España, devuelve la Copa, por favor' o 'Paliza al campeón', son algunos de los titulares con los que despachó la prensa argentina la fallida visita de los campeones del mundo.

'Da igual lo que se publique en Argentina, hemos demostrado que podemos ganar títulos', dijo con tono grave y contrariado Ramos, el único de los futbolistas que apareció por la zona de llegadas del aeropuerto de Madrid que habló con la prensa. La mayoría se quedó en el interior de Barajas para conectar con sus puntos de destino. Sólo Del Bosque, Arbeloa, Alonso, Torres y Silva, además de Ramos, salieron del mismo. Caminando en silencio, atendieron las peticiones de los cazaautógrafos.

Los españoles regresan serios tras el vapuleo recibido en Buenos Aires

España protagonizó en Buenos Aires la mala resaca que últimamente acompaña los arranques de la mayoría de los recientes campeones del mundo. En 2006, Donadoni, sustituto de Lippi en el banquillo de Italia, vivió un calvario en sus tres primeros partidos. No llevaba ni un par de meses en el cargo y ya le querían destituir por los malos resultados. Parreira, que reemplazó a Scolari en 2002, también fue vapuleado por lo mal que cogió el testigo del Brasil pentacampeón. A la Francia de Zidane le costó arrancar tras conquistar el Mundial que organizó en 1998. Lemerre acabó como digno sustituto deJacquet tras conquistar la Eurocopa de 2000, pero también fue muy cuestionado en sus inicios.

De los últimos diez campeones del mundo, Argentina, en 1986, e Italia, en 1982, fueron las selecciones que peor empezaron a defender su condición de monarcas del fútbol mundial. No ganaron ninguno de sus tres primeros partidos. Bilardo continuó en el cargo tras su éxito en México, pero radicalizó su propuesta y fue muy criticado por algunas listas de convocados que contenían extravagancias. Con todo, casi revalida el título en Italia 90, donde fue subcampeón. Hubiera roto la maldición del campeón del mundo, que no se repite desde que Brasil lo hiciera en 1958 y 62. Bearzot no logró que Italia, después de conquistar el Mundial de España, acudiera a la Euro 84.