Publicado: 21.04.2015 22:13 |Actualizado: 22.04.2015 07:00

Mandzukic y los
tatuajes de la guerra
de los Balcanes

La personalidad del delantero croata, que juega esta noche ante el Real Madrid, está marcada por el niño que vivió la barbarie. Desconocido fuera del campo, se deja el alma en cada partido. 

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Mario Mandzukic sangrando en el partido de ida contra el Real Madrid. /REUTERS

Mario Mandzukic sangrando en el partido de ida contra el Real Madrid. /REUTERS

MADRID.- Un hombre que se refiere al campo de fútbol como "un anfiteatro moderno". Un hombre que anuncia mensajes de guerra en sus tatuajes y en sus besos al cielo. Y, por encima de todo, un futbolista que no llegó al fútbol para hacer amigos. Así es Mario Mandzukic (1986), una personalidad difícil, una consecuencia de su infancia en la que se refugió en Alemania con su familia, huyendo de la guerra de los Balcanes.

A los 12 años, cuando ya todo había pasado y volvió a su querido Slavonski Brod, a 200 kilómetros de Zagreb, ya nada era como antes. Desde entonces, ese recuerdo no desaparece de la mirada de un hombre que acepta su fama de difícil, incapaz de resignarse a nada como demuestra en ese tatuaje, el último que se ha descubierto en su piel, escrito en hebreo, en el que reivindica que "lo que no me mata, me hace más fuerte".



Mario comparte ese oficio que le lleva a todas partes de la cancha, a cada salto, a cada pelea o a cada oración al árbitro

Una personalidad única la de Mandzukic, difícil pero noble. Un hombre que, según dejó dicho en Alemania, tiene una misión en esta vida, "la de no estar siempre contento, porque siempre se puede conseguir más". De ahí esa legión de fotografías de animal herido que ya nos ha dejado en el Atlético en las que Mandzukic no ha engañado nadie. Antes de que la hinchada pudiese comprobar si sabía regatear o no, Mario ya había marcado sus primeros goles. Quizá porque él no comparte la pelota, comparte goles. Comparte, en realidad, ese oficio que le lleva a todas partes de la cancha, a cada salto, a cada pelea o a cada oración al árbitro.

Un tipo de gente con dificultad para echar raíces allí donde ha jugado, ni las echó en el Dinamo Zabreg ni en el Wolfsburgo ni el Bayern Munich ni las hará en el Atlético, donde cada vez que es sustituido no se queda en el banquillo. Se va directamente al vestuario, donde se explica a solas, aislado del mundo, su voz es casi un misterio para los medios españoles, pero ese es el destino que ha elegido Mandzukic, y a él le gusta así.

Un delantero cien por cien europeo, un futbolista con sed de venganza, un hombre que hace un desafío de cada minuto. Un tipo extraño, avalado siempre por sus estadísticas y no por sus buenos modos, alérgico a la derrota. A nivel de clubes, desde que ganó la Champions con el Bayern de Heynckes, ya lo ha logrado todo. Pero ni siquiera eso ha calmado la mirada de un hombre de decisiones tajantes como la de marcharse del Bayern el día que le retiraron parte de la confianza con el fichaje de Lewandowski porque, en realidad, Mandzukic es así.

Su vida es la del futbolista que no acepta las causas perdidas o que juega cada noche como si no hubiese más

Su vida es la del futbolista que no acepta las causas perdidas o que juega cada noche como si no hubiese más. Todo eso se refleja en ese aire desaforado suyo en el césped, donde ejerce de último delantero y de primer defensa, sin remordimiento. Quizá sea su manera de reconocer sus limitaciones con la pelota en las que casi todo se hace un solo toque. Pero en un Atlético, acostumbrado al talento de delanteros centros como Agüero, Falcao o el mismo Costa, Mandzukic ha sabido defenderse así y prácticamente triunfar.

"No hay nadie mejor que él"


Simeone lo considera “importantísimo, incluso de espaldas a portería”, y en ese sentido no lo reprocha nada. Nadie se lo ha reprochado a Mandzukic, en realidad. Ni siquiera el gran Felix Magath con el que discutió en el Wolfsburgo. Ni tampoco Guardiola que, a pesar de reconocer que no le caía muy bien, puso a Mario como ejemplo delante de toda la plantilla del Bayern, según contó Martí Perarnau en el libro ‘Herr Pep’: "Él y yo no empezamos bien. Ya el primer día vimos que no íbamos a ser amigos, que no había buen rollo entre nosotros", explicó Guardiola. "Pero os digo que no hay nadie mejor que él, nadie que se esfuerce más, que acabe los partidos más roto y que lo haya dado todo en el campo. Es el mejor por esta razón. El que más se sacrifica por el conjunto. En mis años de entrenador no ha tenido un delantero centro como él. Ninguno ha sido mejor que él por las razones que os he dicho".

Hoy Mandzukic estará en el Santiago Bernabéu, en una noche para corazones duros, como le gusta a él, en las que jugar a todo o nada

Hoy, ese mismo Mandzukic, a un mes de cumplir los 29 años, estará en el Santiago Bernabéu, en una noche para corazones duros, como le gusta a él, en las que jugar a todo o nada o en las que pelear a voz en grito contra Sergio Ramos. Quizá porque él, como expresan sus tatuajes, en los que se habla de valores, se crió así, en medio de una guerra, la de los Balcanes, que marcó su vida y su memoria.

De ahí esa personalidad que, como pasa con las grandes leyendas del cine, nunca conoceremos del todo y costará tanto que nos entregue su amistad, su voz y hasta su sonrisa. Quizá porque pertenece a esa clase de tipos que siempre verá "en el cielo dragones volar" como pasa con el protagonista de la canción 100 years ago de sus adorados Rolling Stones. Porque por lo visto, además de la pelota, Mario, ‘Super Mario’, también ama el rock. O eso confesó en Alemania.