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Manjares cocinados a medio gas

Sin emplearse a fondo, la selección española de baloncesto debuta con una clara victoria (81-66) ante Grecia, subcampeona del mundo

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Como en las buenas recetas, todo parece muy simple: teniendo un mucho de talento, se añade un poco de defensa, una pizca de velocidad, se exprime la profundidad del banquillo y se deja a Calderón y a Ricky la tarea de manejar la mezcla y regular la intensidad del fogón. El plato, un preparado con ingredientes de la calidad de los Navarro, Garbajosa y Gasol, complace incluso a paladares tan exquisitos como el de Aíto García Reneses.

'Las sensaciones han sido muy buenas en un 90%. Estoy muy contento', afirma el seleccionador español. Y no sin razón: acaba de probar las mieles de debutar en unos Juegos Olímpicos con una clara victoria (81-66) frente a Grecia, la subcampeona del mundo. 'El primer partido era importante y lo hemos salvado con sobresaliente', añade Aíto, en una inusual concesión.

En realidad, tampoco se esperaba menos. No en vano, España sigue siendo ese ogro que privó a los griegos, hace dos años en Japón, de levantar el cetro mundial, después de haber barrido a los Estados Unidos en las semifinales. Y desde entonces, el equipo dirigido por Pangiotis Giannakis lucha contra un fantasma, una obsesión. 'No sé qué pasa con España, pero siempre que nos enfrentamos a ellos...', dice Diamantidis, una de las estrellas griegas, 'juegan mejor y ganan. Es así de simple'. Pues eso.

España gana porque es mejor. Posee más talento, más jugadores de clase A y sabe administrarlos. Modificando apenas un par de ingredientes (Ricky y Raúl López), Aíto ha tomado como base la receta utilizada por Pepu Hernández en Japón, le ha rectificado el punto y le ha dado su toque personal: una defensa sofocante y un juego de equilibrios no siempre fácil de lograr.

Como en la preparación olímpica, ante Grecia, la fórmula también dio resultado. Los jugadores de Giannakis aguantaron el tipo medio partido, justo el tiempo que España tardó en tomarle la medida a Spanoulis, motor griego los primeros 20 minutos, y que Giannakis decidió, por alguna extraña razón, prescindir de Schortsianitis. Baby Shaq había dado unos cuantos zarpazos a Garbajosa y a Pau, hasta que Marc le marcó la línea.

El combate no se prolongó porque el pívot griego no volvió a jugar en todo el partido. Rudy se pegó a Spanoulis como una lapa, el base heleno se ahogó y, con él, el resto del equipo, que se entregó a una zurra. 'En la segunda parte', apuntó Diamantidis, 'no conseguimos superar su defensa, ni entrar en el partido y nos sentenciaron'.

Aíto, que había decidido arrancar sin Pau Gasol en el cinco inicial -'No me preocupa el quinteto titular. Pau ha seguido un ritmo diferente y no estaba preparado para salir de inicio', razonó el técnico- , lo recuperó en la reanudación para dar fuego y dejar el preparado en su punto, listo para disfrutar. Calderón encadenó unos cuantos ataques con el pívot de los Lakers, ovacionado en la presentación como si se tratase de una estrella local, la selección encontró el juego rápido y alegre que no había exhibido en la primera parte y firmó un parcial de salida de 15-2 que acabó con la resistencia helena.

Mientras los chicos de oro se divirtieron, la diferencia no dejó de crecer (74-53). En cuanto se cansaron de marear la perdiz y Aíto retiró a sus pesos pesados, Grecia aprovechó para intentar salvar la cara (76-66), sin mayores consecuencias. 'Tenemos que mejorar aún algunos aspectos, como la concentración', deslizó el seleccionador. 'Al final, pensábamos en otras cosas, hemos dejado de correr y de defender y eso no puede ser', concluyó. Cierto. Pero Gasol y compañía empiezan ofreciendo manjares sin necesidad de subir el gas.

Dimitrios Diamantidis se levanta para regresar al vestuario griego y Ricky Rubio le emula. '¡Eh, eh, tú no!', le gritan al joven base de la selección española. Para el director de orquesta de Panaiotis Giannakis no hay más preguntas. Para Ricky, el nuevo fenómeno del baloncesto europeo, un montón. 'Perdón, perdón', dice el jugador del Joventut, entre sonrisas, medio ruborizado. Y recupera su asiento, junto al seleccionador. También ante los micrófonos, en una rueda de prensa oficial tras un partido, debuta la joven perla. Y, como en la cancha, se maneja con absoluta soltura.

Todo el mundo quiere saber cosas de él. 'No me sorprende. Siempre es así', constata Aíto García Reneses. Y Ricky, con el aplomo de un veterano, responde, en castellano e inglés. Que le preguntan por la presión de disputar unos Juegos con 17 años, dice que en el baloncesto no se mira el carnet de identidad. Que le preguntan cómo es jugar al lado de Pau Gasol, contesta que 'con el mejor jugador español de la historia es muy fácil', pero recuerda que en esta selección también están Rudy, Navarro, Garbajosa y Calderón. Que le piden que resuma su estreno, utiliza una sola palabra: 'emocionante'. 'No se necesita más: ésa lo define todo', razona.

Tres años en la Penya, a las órdenes del técnico que ahora se sienta a su lado en calidad de seleccionador, le han servido, entre otras muchas cosas, para aprender el discurso mientras mantenía la boca cerrada. 'La NBA es la mejor liga del mundo, pero ni siento presión por jugar contra ellos ni estoy pensando en ellos', asegura Ricky cuando se le pregunta por su enfrentamiento con Kobe Bryant y compañía. Después, añade: 'Ahora, sólo pienso en China. Si no lo hiciese así, perderíamos el próximo partido'. Aíto esboza una sonrisa de satisfacción.

'Yo no lo he aleccionado', asegura el técnico. 'Ni siquiera le ha dado ningún consejo especial para su debut', añade. 'Lo mejor de Ricky es su cabeza: atiende, entiende y asimila'. El seleccionador le ha concedido 13 minutos de juego y Ricky ha respondido con siete puntos, un rebote, una asistencia y triple de más de siete metros para cerrar el encuentro. 'En la preparación hizo mejores partidos', asegura Aíto, poco dado al halago. 'Pero me satisface su juego y también sus respuestas y su madurez', añade, por si acaso.