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Maracanazo de tenis

En un partido memorable, intenso y lleno de emoción, Verdasco vence al argentino José Acasuso por 6-3, 6-7,4-6, 6-3 y 6-1 y gana el punto definitivo ante Argentina

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Quisieron meterlo en el infierno, pero Fernando Verdasco saltó al cielo. El madrileño venció a José Acasuso por 6-3, 6-7 (3-7), 4-6, 6-3 y 6-1 y sentenció la serie final contra Argentina. Pegó un salto y todo el equipo español ingresó a la pista para auparlo. Los hinchas argentinos, insoportables durante el sábado, aplaudieron con deportividad esta vez la vuelta olímpica de España, que aguó la fiesta a los locales y es campeona de la Copa Davis por tercera vez en su historia, la primera a domicilio.

“Lo damos vuelta, la puta que lo parió”, fue la obertura sinfónica de la grada argentina ayer. Todo se preparaba para una gesta heroica. El resultado 2-1, la lesión de Juan Martín del Potro y el papel de posible héroe en manos de José Acasuso le agregaron pimienta a un cuarto punto que Argentina tenía que conquistar sí o sí.

Más que un partido de tenis, era un partido de nervios. El que mejor los dominara, ganaría. Y nervios sobraron. El reparto estuvo a cargo de Acasuso y Verdasco, dos tenistas fuera del libreto que salieron a escena. Con el guión estudiado apenas la noche anterior, jugaron el partido de los errores. Pero si faltó tenis, sobró emoción.

Entre Acasuso y Verdasco hubo algunas pinceladas de buen tenis. Pero nadie fue a mirar. Fueron a sentir. El primer set fue para el madrileño, que aprovechó su única oportunidad de break en el quinto juego y acabó imponiéndose por 6-3.

Esta vez no hubo ensañamiento del público con Verdasco, que con sus nueve dobles falta en los primeros tres sets se encargó de emparejar el partido. La grada enloquecía al grito de “Oh, vamos Chucho, vamos, ponga huevos, que ganamos”. Todo parecía a pedir de boca para el argentino, que empezó a sentirse cómodo dentro de la pista. Se impuso por 7-6 y 6-4 y puso contra las cuerdas al español.

Acasuso es un jugador de menor nivel que el madrileño, pero cobró confianza en el tercero a fuerza de servicios, una potente derecha y “los huevos” que le reclamaron desde las gradas. Lo suyo fue fallar bolas increíbles y meter ganadores imposibles. Y Verdasco no supo explotarle su revés cojo.

Pero el partido entró en un terreno dramático cuando Verdasco se llevó la cuarta manga por 6-3 e hizo explotar los nervios en el Polideportivo Islas Malvinas. Gente comiéndose las uñas, rostros inyectados de pánico, y toda la fe del mundo de españoles y argentinos en sus escuderos convertidos en improvisados guerreros.

Así llegaron al quinto set del partido más irregular de toda la serie, quizás de toda la historia. Estaba para cualquiera. Incluso cuando Verdasco estaba 4-1 con un quiebre arriba se esperaba el milagro. En un partido plagado de errores, todo era posible. Pero Verdasco apartó las dobles falta, su zurda no tembló, jugó profundo y acabó llevándoselo por demolición. Fue por 6-1. La ilusión argentina se apagaba después de tres horas y 56 minutos.

Verdasco, de 25 años y 16º del ranking mundial, elogió el juego de Acasuso, 48º del mundo. “Le he visto momentos jugando muy bien, me ha hecho dudar mucho de mi victoria, pero en Copa Davis siempre luchas hasta la muerte y te queda la esperanza”. Al final, fue suyo.

España le robó el invicto de diez años como local a Argentina. Le robó el sueño de su primera ensaladera luego de tres finales. Era la primera oportunidad como locales, pero se les escapó pese al favoritismo, a la ausencia de Nadal y a una pista hecha para restar posibilidades a los españoles.

Esta Copa Davis 2008 es la historia de la serie en la que el infierno rojo se coló en el cielo celeste que soñaban los argentinos. Ganó la Armada. Y sin Nadal. La Davis ya tiene también su maracanazo.