Publicado: 11.01.2014 22:26 |Actualizado: 11.01.2014 22:26

Messi tampoco acaba con 'el Cholo'

Atlético y Barça prácticamente se conforman con el empate en un partido que deja todo igual

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El gol estuvo caro, tan caro que no apareció en toda la noche. Un feo comienzo para recordar una noche tan esperada en el Calderón. Pero hubo poco tránsito en las áreas, el precio de un partido miedoso, con escasísimo margen para los delanteros. Dio igual que saliesen Messi y Neymar en la segunda parte o que Arda tuviese varias genialidades. Dio igual porque no hubo manera de que el Calderón enloqueciese de júbilo o de pena. El gol desobedeció a todo el mundo y no salió de casa en toda la noche. Así que la vida sigue igual. Quizá la mejor noticia que puede escuchar el Atlético, que no se pareció al equipo soñado. Se esperaba un partido atómico por su parte, una de esas noches para acompañar a una generación.

Pero Diego Costa no se pareció al Paulo Futre Futre de los ochenta, a ese hombre que jamás desperdiciaba un partido como éste. Le podía doler la rodilla o la cadera, pero Futre se desnudaba futbolística o emocionalmente en estos partidos en los que se ganaba el sueldo para toda la vida. Anoche, sin embargo, no hubo gente así. Muy a su pesar, el Atlético careció de futbolistas decisivos. Los hubo obedientes, limpios en defensa como Miranda, o atrevidos en el regate como Arda Turan. Los hubo como Gabi que hasta recuperó 14 veces el balón. Pero para ganar al Barça hace falta algo más sea como sea, a pelota quieta o en volandas. Un amor fallido que hubo de agarrarse a esperanzas muy frágiles como la entrada en e último cuarto de hora de Raúl García, el sexto sentido del Atlético. Pero a esas horas ya era demasiado. El partido admitió el empate como un mal menor.

Fue el precio de una noche muy equilibrada, muy competitiva, en la que no se regaló nada, ni un saque de banda siquiera. Así que todo resultó tan complejo como una operación de cirugía estética y, en realidad,las porterías sufrieron poco. Un dato que insiste en un partido miedoso en el que el Barça tampoco tuvo magnitud y no hizo nada tan extraordinario. Quizá ya no es aquel equipo que marcaba diferencias en cualquier campo y que rara vez acababa un partido de esta categoría con el marcador a cero. Anoche, sí; anoche, incluso, el Barça aceptó el riesgo de la derrota a última hora y entonces descubrió algo que antes casi nunca pasaba. Sus defensas fueron más importantes que sus
delanteros, incluido Víctor Valdes, el portero al que Arda Turan exigió sin timidez. Así que la noche deja un balance discreto para el Barça, al que siempre se supondrá mejor que el Atlético, y con el deber de demostrarlo en cualquier parte. Y eso no pasó anoche.

Incluso, en la última franja de la segunda parte, sucedió algo más insólito si cabe: el Barça compartió la posesión de la pelota, que fortaleció a un Atlético que entonces se envalentonó. Soñó, incluso, con la victoria, un sueño peleado en ese momento, antes de descender ala tierra y darse cuenta de que este partido no fue tan malo. Se retira sin desperfectos que arreglar en el Calderón: la vida sigue igual. El suspense tiene derecho en la vida de 'El Cholo' Simeone.

El partido, en realidad, fue muy lineal. Una de esas noches de laboratorio, gobernada por los defensas, poro los semáforos en rojo y por el espíritu de la contradicción para los delanteros, que se sintieron totalmente marginados. Una noticia de la que tan solo escapó Messi, el único que realmente no se conformó con el empate. Tuvo tres embestidas terribles, naturales en él, con esas manchas de leopardo que colocaron al Calderón al borde del colapso. Pero el resto de delanteros no, nada que añadir esta vez al currículum de Diego Costa. Salió incendiado, como acostumbra, pero después se resignó a las leyes del partido.

Así que esta vez descendió a la tierra, no encontró el momento para él como sucede en partidos menores. Pero quizá esta vez la defensa del Barcelona estuvo enorme, una pésima noticia para Villa,un hombre que en otra época dictaba sus propias normas. Sin embargo,anoche no pintó nada en ese tablero de ajedrez y, a lo máximo, le quedará la excusa de que no fue el único: Neymar salió con tiempo para anunciar los nuevos tiempos y se marchó enfadado con el resultado y con su conciencia. Maltrató la media hora que le dio Martino en la segunda parte y que pudo dar para mucho. Al menos, para disparar alguna vez a puerta, cosa que, por cierto, apenas hizo el Barça. Unas dos o tres veces en todo el partido. Otra cosa más que explica este empate a cero que, pensándolo fríamente, fue un resultado inteligente para los dos. No hay que olvidarse de que la vida sigue igual.

Atlético de Madrid: Courtois; Juanfran, Miranda, Godin, Filipe Luis; Koke, Tiago (Cebollam. 82), Gabi, Arda Turan; Diego Costa y Villa (Raúl García m. 75).

Barcelona: Valdes; Dani Alves, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Xavi, Busquets,Iniesta (Messi, m. 46); Alexis (Neymar m. 66), Fabregas y Pedro (SergiRoberto m. 80).

Goles: 0

Árbitro: Mateu Lahoz. Amarilla a Gabi, Godin, Jordi Alba, Mascherano.

Estadio: Vicente Calderón. 50.000 espectadores.