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Messi y Cesc al rescate

El Valencia encuentra el punto flaco de un Barça demasiado atrevido y deja en evidencia la defensa de tres del campeón con las llegadas por la izquierda de Mathieu

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El Barcelona ha encontrado una mina de oro en la conexión entre Messi y Cesc. Un manantial que ayer sirvió para que el conjunto catalán no se marchara con las manos vacías de Mestalla. Ambicioso como pocos, el Barça luchó por la victoria hasta el último minuto en un partido que se le acabó haciendo largo al Valencia, aferrado al marcador.

Tras el recital ante Osasuna, apostó Guardiola por cerrar de nuevo con tres atrás, llenar la medular y abrir el campo con Alves y Pedrito. Así las cosas, ante su exequipo, Villa comenzó el partido en el banquillo. Enfrente, Emery, como ya hizo el curso pasado contra el Barça, situó a Jordi Alba de lateral y a Mathieu de interior. Y ahí, por la izquierda del ataque, encontró el Valencia el punto flaco del campeón.

A pesar de que el césped de Mestalla estaba ayer alto y seco, blancos y azulgrana firmaron un primer tiempo vibrante. 45 minutos de fútbol eléctrico. De inicio, quizá se pasaron de atrevidos los catalanes ante un señor equipo como el de Emery. Incisivo Mathieu por el flanco izquierdo del ataque, el conjunto ché desbordó a la defensa del Barça, falta de efectivos. Cada vez que Mascherano achicaba agua en busca del francés, el área de Valdés quedaba desprotegida; así llegaron los dos goles del Valencia.

En el primero, Abidal, desafortunado, desvió hacia su propia portería un centro de Mathieu. Respondió el Barcelona en un plis plas con un tanto de Pedrito, que culminó una estupendo pase en profundidad de Messi. Pero antes del descanso volvió a marcar el Valencia: finalizó Pablo Hernández otra contra de Mathieu. En el gol del Barcelona, dejó Guaita descubierto el primer palo, el del portero. Y en el de Pablo, volvió a fallar Abidal, otra vez con un mal rechace.

Desborado el campeón, tras el descanso, Guardiola mandó recular a Alves hasta el lateral

Consumidos los primeros minutos, los muchachos de Guardiola cedieron el balón al rival y se complicaron todavía más las cosas. Con el Barça agujereado por fuera, le bastó al Valencia un remate entre los tres palos para marcharse a la caseta con dos goles a favor. A punto estuvo incluso de marcar el tercero, otra carrera por la banda de Mathieu que rechazó Valdés cuando Soldado llegaba libre al remate.

En una de las pocas ocasiones en que la medular azulgrana consiguió conectar con Messi, reclamó el banquillo catalán un penalti de Rami a la Pulga; de haberlo silbado Velasco hubiese significado además la segunda tarjeta amarilla para el central valencianista. En el otro área, bramó Mestalla por unas posibles manos de Puyol.

Desborado el campeón, tras el descanso, Guardiola mandó recular a Alves hasta el lateral. También se echó atrás el Valencia, que retrasó la presión para afianzar el resultado.

Albelda se quedó en la caseta tras darse una costalada y Guardiola comenzó a mover el banquillo en busca de la combinación perfecta que abriera el candado local. Se encomendó el Valencia a la contra, al buen hacer de Rami, al trabajo inconmensurable de Canales y la batuta de Banega.

Se ordenó un poquito el Barça, salió a jugar Villa, mandó Mascherano un balón al palo y en la primera ocasión que se despistó el Valencia, apareció Messi para advertir a Guaita. En la segunda, no falló Cesc, asistido por la Pulga. Al final Villa erró un uno contra uno con el portero .