Público
Público

Ellos metieron la Quinta

Sanchís y Martín Vázquez fueron los dos primeros en debutar con 'Quinta del Buitre'. 25 años después dialogan para 'Público' sobre el fenómeno que supusieron

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Hoy hace 25 años que Alfredo Di Stéfano decidía apostar por dos chicos de 18 años. No se conformó con llevarlos de viaje a Murcia para completar la lista de convocados del primer equipo del Real Madrid. Les dio la titularidad y los novatos le respondieron con el gol del triunfo (Sanchís) y con una exhibición de cualidades técnicas (Martín Vázquez).

Nadie podía imaginar la revolución que preparaban. Fueron los primeros miembros en debutar de la legendaria Quinta del Buitre bautizada por el periodista Julio César Iglesias. Eran distintos porque proponían un fútbol que cortaba de raíz con el estilo de la furia, más propio del antiguo régimen que de los tiempos de cambio que se vivían en 1983.

Sanchís: La convocatoria fue un tanto compleja, porque tú y yo estábamos entrenándonos con el Castilla. Al principio de semana nos avisan de que Pardeza, tú y yo teníamos que subir a entrenarnos con el primer equipo.

Martín Vázquez: Creo que era un martes.

S: El primer equipo tenía bajas, pero de eso a pensar que íbamos a ir convocados... Pusieron la lista en el vestuario y ¡estábamos los dos! Pues venga, ¡a viajar! No sé si te acuerdas, Rafa, pero estábamos los dos charlando en el campo antes del partido y no nos separábamos porque si nos venía una encima, nos la repartíamos. En eso vimos venir a Di Stéfano y nos dice algo así: 'Van a jugar de titulares, son dos más del equipo, tienen el apoyo de todos y van a jugar como lo hacen en el Castilla'.

M. V.: A mí me llamó mucho la atención el viaje, que fue en tren. Pudimos ver la repercusión que era viajar con el Madrid: la gente en el hotel, los autógrafos... La noche previa compartí habitación con Isidro. Según cuenta, no le dejé dormir.

S: Yo dormí con Santillana, pero no recuerdo ninguna queja (risas). Recuerdo que fue especialmente cariñoso. Tres meses antes, estábamos en el juvenil y viéndole jugar en el Bernabéu. De repente, te lo encuentras en la cama de al lado, que te cuida, te mima... Mejor padrino no pude haber tenido. Eso sí, su pijama era horroroso; cuando vi que se vestía, dije nooooo (risas, de nuevo).

M. V.: Acojonar, no acojonaban los veteranos, pero sí imponían mucho respeto. En las concentraciones, había normas, mesas preestablecidas, nos colocaban en un sitio y te tenían que dar paso para hablar. Independientemente del respeto que sentías por ellos, nos acogieron muy bien.

S: Hubo una circunstancia que trabajó a nuestro favor en el debut: hubo muy poco tiempo entre el anuncio de que íbamos a jugar y el partido. Eso nos permitió jugar como en el Castilla, porque si te pones a pensarlo, con 18 añitos y la que se nos venía encima, es para que te tiemblen los tobillos.

M. V.: Alfredo [Di Stéfano] le echó un par de narices. Con otro entrenador, no hubiéramos debutado ese año.

S: Di Stéfano a mí me ha impuesto siempre. No le vi jugar, pero tuve la suerte de tener a alguien al lado que sí [su padre]. Me habló tanto y tan bien de él que cuando le tuve delante, ya le tenía catalogado como un mito. Te das cuenta de que es un tipo totalmente especial. Hay dos maneras de definir la palabra fútbol: una es Alfredo y otra, el gol de Maradona en México-86. Alfredo significa fútbol: era puro fútbol desde que llegaba a las nueve de la mañana hasta que se iba a casa. Sin él, la historia de este deporte hubiera sido distinta.

M. V.: Por entonces, no imaginábamos que íbamos a marcar una época.

S: Tú y yo fuimos los primeros en debutar porque tenemos un culo tremendo los dos. Si echabas un vistazo alrededor, cualquiera del Castilla podía haber subido. Alfredo nos eligió porque iba todos los fines de semana con Paredes a ver al juvenil y nos tenía fichados. Nos enteramos después de que él intentó llevarnos a la pretemporada, pero Molowny, que por entonces era el director deportivo, le dijo que no porque nos podía quemar.

M. V.: Míchel era un par de años mayor que nosotros y sonaba más. Igual que Miguel [Pardeza]. En este mundo, a veces, dependes de la circunstancias y de las lesiones. También tuvo que ver mucho la repercusión del artículo de Julio César Iglesias en El País.

S: En la pretemporada del Castilla, había tres jugadores, que erais tú, Míchel y El Buitre, que entraban en los planes de Amancio, y dos que no entrábamos: Pardeza y yo. Eso hizo que Miguel y yo estuviéramos entrenándonos con el primer equipo durante un mes y que yo fuera ya concentrado para cuatro partidos. Pero Alfredo, al ver que tampoco nos podía hacer un sitio, nos bajó al Castilla otra vez y es cuando se forma la Quinta del Buitre de verdad.

M. V.: Emilio quizás fue el más distinto con respecto a nosotros y a todo lo establecido en la época. No solamente por el aspecto futbolístico, también por su forma de comportarse, por ser como era, eso también caló.

S: El caso del nene [Butragueño] no tiene comparación. Había necesidad de un ídolo. Yo palpaba en la prensa que necesitaban a alguien a quien encumbrar, pero faltaba ese jugador especial. El nene cumplía con todos los requisitos, sobre todo el nene que se dedicó a vivir en el área. Tenía el desparpajo para hacer lo que otros no podían o no sabían. El paraba el tiempo en el área y a partir de ahí era el yerno ideal de todas las mamás, el novio que querían para sus hijas. Tenía esa cara de pilluelo, rubito, serio, aunque luego era un cachondo mental. Y Rafa, para hablar de ti, hay que decirle a esa mesa de al lado que se ponga de pie y también nosotros.

M. V.: No vas a ser objetivo, porque eres amigo mío.

S: Hay cuestiones del juego que uno puede aprender, pero hay otras que van unidas al talento y con el talento se nace, se tiene o no se tiene. Rafa tenía mucho talento. Eras el mejor de los cinco; cosas que para otros eran difíciles, para ti eran naturales. Una de las cosas de las que más me ha gustado presumir es de ver jugar a este tío desde mi posición de defensa. Desde mi visión particular, desde atrás, he disfrutado mucho viéndote jugar.

M. V.: Yo sí voy a ser objetivo contigo. Te conozco desde que tenías 15 años.

S: Sí, la primera vez que nos vimos fue porque viniste con tus padres a ver un partido del juvenil. Había fichado por el Madrid, pero para el año siguiente.

M. V.: Tengo muy mala memoria, pero recuerdo que tú y yo necesitábamos un par de balones porque tú jugabas de delantero y luego en el medio del campo. Físicamente, eras un jugador muy potente, tenías acciones no habituales a la hora de marcar, de anticiparte, de cubrir el balón. Al igual que Emilio, eras diferente a lo habitual. En España no había un defensa central que supiera marcar, anticiparse y sacar el balón jugado como tú. Cuando salías con el balón, eras peligroso. Tenias condiciones para atacar y defender.

S: Hubo un momento en que retrasarme me causó grandes problemas de identidad. Ni por asomo quería ser defensa. Tenía dos opciones: o plantarme y decir que no quería jugar de defensa o intentar hacer la gran locura de jugar de central como jugaba cuando era medio. Con eso ocurrió que no era un jugador apto para mayores o gente con complicaciones cardíacas, porque en mi concepto de fútbol no estaba dar un voleón. Robaba un balón y tenía que sacarlo jugado. Claro, sacar un balón en el Bernabéu creaba mucho temblor en la gente, pero tenía que ser fiel a mi estilo.

M. V.: ¿Qué es asumir riesgos? Ahí está la inteligencia del jugador. Yo, en jugadores como Manolo, doy por hecho que es un jugador inteligente y que sabe lo que hace. Todo depende del concepto de fútbol que tengas.

S: Alguna vez algún entrenador me insinuó que intentara jugar con menos riesgo, pero no me salía. Yo he llegado a sonrojarme por pegar un voleón. Era como decir: 'Para esto, dedícate a otra cosa'. Si tú hubieras jugado de central, también habrías conducido el balón con el exterior o hubieses hecho dos sombreros, o disparado a puerta desde 70 metros, porque eso era lo tuyo. En mi caso, sabía que si cambiaba mi forma de jugar, no iba a ser feliz.

M. V.: Siguiendo con el repaso a la Quinta, Míchel era muy completo. Manejaba las dos piernas, tenía un desplazamiento largo de balón muy bueno, visión de juego. Creo que tuvo un entendimiento fuera de lo común con Emilio. Daba gusto verles jugar. Pocas veces he visto a alguien centrar así, además era un jugador con carácter que en algún caso te puede perder, pero es necesario. Ha sido un jugador muy importante para la historia del Madrid.

S: Te hago una propuesta: ¿a qué equipo no le gustaría tener a Gordillo y Míchel en las bandas. Entenderse con ellos no era difícil, eran dos bestias. Podíamos hacer la prueba de irnos al área con los ojos tapados y el balón, con sus centros, te pegaba y entraba. Técnicamente, eran perfectos en el regate y en el centro, y tenían una capacidad física muy grande. Se retroalimentaban con el propio sufrimiento del partido. Hacían llegar la jugada desde la banda. Míchel y Gordillo centraban y el balón iba hacia atrás, de cara a los delanteros. Imagínate que yo creo que hasta tú llegaste a meter algún gol de cabeza con sus centros (risas). Míchel era la elegancia personificada. Era elegante hasta cuando se le caía la lentilla. Con la elegancia, también se nace: puedes ir a la mejor tienda de ropa, pero también hay que saber llevarla.

M. V.: Pardeza me llamó la atención antes de entrar en el Madrid porque compartimos equipo en la selección castellana. Físicamente, era un portento en comparación con los demás, pero es que aparte diría que era un jugador que podía marcar el devenir del partido en cualquier momento. También podía dejar al equipo contrario en inferioridad numérica sí o sí porque no había otra forma posible de pararle que con faltas. Era muy listo a la hora de sacar provecho a sus condiciones. El único pero es que tuvo por delante a Emilio. Pero tuvo la inteligencia de aprovechar en otro sitio su calidad. En el Zaragoza, marcó una época.

S: El rubio creció antes que los demás. Coincidimos los dos con 15 años, porque hicimos la prueba de ingreso juntos. Estaba muy por encima del resto. En aquella prueba, éramos como 300 chavales; pues bien, si hubiésemos juntado las cualidades de los 299 restantes, formaríamos la pierna izquierda del rubio. Su forma de jugar era mas cercana a la que utilizas en profesional que a la de niño. Su trayectoria en la cantera del Madrid puede que haya sido la mas brillante. El rubio era conocido en toda España. Siendo infantil, llegó a jugar en el juvenil. Cuando llegó al primer equipo, era el clásico delantero que no querías tener delante. Era muy listo, con una carrera en corto muy rápida, buen disparo a la salida del regate, te amargaba.

M. V.: Para mí sería injusto no hablar de Chendo. Posiblemente fue el mejor de Europa en su puesto. Independientemente de la Quinta del Buitre, cuando te das cuenta de la repercusión que has tenido, es cuando dejas de jugar. Hicimos muchas cosas y ganamos títulos, y Chendo también salió de la cantera.

S: Por lo que más se nos recuerda como grupo es por las remontadas europeas en el Bernabéu.

M. V.: Yo la remontada del Anderlecht la vi en el banquillo. Fue algo indescriptible desde lo que es la propia preparación del partido. Nos concentrábamos el lunes e íbamos al cine a ver la película que quería Camacho. Las charlas previas que teníamos nos mentalizaban. Era una fuerza interior que se unía y que fue maravillosa.

S: Esa noche es difícil de entender sin tener en cuenta lo que había pasado 15 días antes. Resulta que éramos tiernos infantes y el Anderlecht nos metió 3-0. Lo lógico era meterte en el vestuario, ducharte y pensar que ya estás fuera. Hasta que entran Juanito y Camacho y empiezan a decir que nos los vamos a comer. Al principio, les miras raro, pero te lo siguen repitiendo. Eso durante 14 días, así que cuando llega el partido, no había nadie que no se creyera que podíamos remontar. Ese día, un poquito de magia cayó al Bernabéu. Las remontadas tenían una parte A, que era un fastidio perder y tener que remontar, y una B, que era que la gente iba muy tranquila al Bernabéu porque sabía que íbamos a remontar.

M. V.: Llegabas al vestuario jodido por la derrota y acababas saliendo con el vello de punta y diciendo que a estos nos los comemos en 15 días. En los entrenamientos, ya estabas con la cabeza en ese partido.

S: Por cómo estaba conformado el equipo, no sabíamos jugar los partidos lejos de casa: algunos éramos jóvenes y el equipo se estaba consolidando. Juanito y Camacho te daban unos gritos que el tímpano te daba la vuelta tres veces. La fuerza que nos daba el Bernabéu suplía las deficiencias tácticas que teníamos fuera. Hay una anécdota tremenda el día que remontamos al Borussia el 5-1 de la ida. Ellos tenían un melenitas, pequeñito, Lienen. Faltando un minuto, hay un despeje del portero y Lienen recoge el balón y no se quiere girar. Sólo tenía a Salguero por detrás y optó por pegar un voleón. Como no sabía pegarlos, resulta que su despeje fue uno de los dos saques de banda que dieron origen a nuestro cuarto gol. Así eran aquellas noches en el Bernabéu, ni los que sabían jugar querían hacerlo, sólo salir de allí como fuera.

M. V.: De todas aquellas noches europeas, la peor fue la de Eindhoven. Esta fue la mayor decepción que he tenido como profesional. Nos eliminaron de las semifinales de la Copa de Europa cuando estábamos en nuestro mejor momento para conseguir el título. Fue muy duro, tardé como 15 días en reponerme y volver a ser el mismo.

S: En aquel momento, pocos tenían la capacidad para saber que no habría una segunda oportunidad como esa.

M. V.: Sí, porque contra el Milan, al año siguiente, yo creo que tuvimos enfrente a un equipo muy superior, sobre todo tácticamente. Posiblemente, técnicamente éramos como ellos o incluso podíamos estar un poco por encima, pero táctica y físicamente eran muy superiores a nosotros. No hay discusión.

S: Como potencial para jugar un fútbol bonito o dar espectáculo, estábamos por encima; pero como juego al completo, eran mejores ellos. Arriba tenían mucha calidad, con un sistema táctico que lo ordenaba desde atrás Baresi. En la vida, todos queremos ser los mejores y en aquel momento eran mejor que nosotros.

M.V: No creo que aquel fuera el final de la Quinta .

S: No veo ni el final ni ninguna ruptura porque está en el recuerdo de la gente 25 años después. Lo que es cierto es que ha habido muchas generaciones a lo largo de estos 100 años y pico del club. Si haces una encuesta que diga que se hable de tres generaciones, la gente dirá la de las cinco Copas de Europa, la de los Ye-Yés y la Quinta del Buitre. Antes, entre medias y después, se han ganado muchos títulos, pero el recuerdo de la gente es subjetivo y selectivo. Hemos tenido esa suerte.