Publicado: 12.11.2015 21:28 |Actualizado: 13.11.2015 07:00

Michu vuelve a los orígenes y se pone en manos de su hermano mayor

El delantero que tanto goleó en la Premier, que Del Bosque llevó a la selección y Benítez exigió para el Nápoles, busca rehabilitar sus heridas físicas y mentales. Y lo hace en el Langreo, el equipo que dirige su hermano Hernán en Tercera división. “Al escalar una
gran montaña, nadie deja a un hermano para alcanzar la cima solo”.

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Michu, con 3 años, junto a su hermano Hernán en una playa de Asturias.

Michu, con 3 años, junto a su hermano Hernán en una playa de Asturias.

MADRID.- En el estadio de Ganzábal el césped es sintético y no está en buen estado. Aquí, Michu (Oviedo, 1986) no va a ganar una Copa de la Liga como hizo con el Swansea en Inglaterra; esto no es Wembley ni Stamford Bridge. Tampoco el viejo San Paolo de Nápoles, donde el año pasado Benítez quiso recuperarle para la causa. Esto es Langreo, La Felguera, reflejo de la Asturias industrial, de la vieja minería, de los futbolistas en paro, de los futbolistas electricistas o de ese otro que trabaja a turnos en un geriátrico.

Hasta Hernán Pérez (Oviedo, 1981), el entrenador, compagina esto con su trabajo de abogado por las mañanas, “como autónomo en un despacho de Oviedo y, sí, es verdad que entre las dos cosas saco un sueldo que me permiten vivir como una persona normal”. Y Hernán lo explica hoy, nada más llegar a Ganzábal y de bajarse del coche, acompañado de su hermano, ese Michu que tantos goles hizo en la Premier y que hace dos años, octubre de 2013, fue el ‘9’ de Del Bosque en la seleccion, digno aspirante a jugar el Mundial de Brasil.



Hernán, hermano de Michu: “Ahora, no va a escuchar a Laudrup ni a Del Bosque ni a Benítez, sino a mí, que voy a ser su entrenador… , la diferencia es mayúscula"

Sin embargo, hoy, sin ser mayor, tiene 29 años, ha vuelto a Asturias, a su casa de Oviedo, a entrenar y, a partir de ahora, a jugar en Tercera con el Langreo. El tiempo no se volvió loco, pero ahora mismo es lo que hay. Michu hoy prefiere el silencio y sitúa a su hermano como portavoz de una historia a la que Hernán pone los pies en el suelo. “Ahora, no va a escuchar a Laudrup ni a Del Bosque ni a Benítez, sino a mí, que voy a ser su entrenador… , la diferencia es mayúscula. Y, sí, también es verdad que el balón aquí no se lo va a pasar Iniesta…, pero, a cambio, hay chicos que le van a pedir consejo y le harán sentirse importante”.

"Michu ha tenido que rechazar este verano ofertas de Primera. No podía darse el lujo ni de escucharlas. No iba ni a los reconocimientos médicos, porque no vale la pena engañarse a uno mismo"

La realidad es irremediable en esta tarde de hoy en Langreo, en la que Hernán no sólo hace de entrenador. También de hermano mayor. “Hay que aceptar la vida como viene”, explica frente a la dureza de esta historia, “que claro que es dura. Mi hermano es un hombre al que su cuerpo no le deja hacer su profesión. Mi hermano ha tenido que rechazar este verano ofertas de Primera. No podía darse el lujo ni de escucharlas. No iba ni a los reconocimientos médicos, porque no vale la pena engañarse a uno mismo. El año pasado fue una petición expresa de Benítez en el Nápoles y no pudo ni entrenar. Se pasó el año recuperando en una clínica de Madrid, con el permiso del club, diez horas diarias de lunes a viernes”.

"Se convirtió en un ídolo en Swansea; ibas con él a comprar a un supermercado o a comer a un restaurante y todo el mundo le saludaba"

 ídolo se ha silenciado en hora inoportuna, injusta; pero la memoria no se fue, incapaz de olvidar al goleador que desafió los números de Gareth Bale, Luis Suárez o Van Persie aquellas temporadas en la Premier League. Jugaba en el Swansea y todo en él incitaba a la revolución. El olvido todavía es prematuro. “Laudrup le convenció de que podía ser protagonista en el área y él se convirtió en un ídolo; en la ciudad ibas con él a comprar a un supermercado o a comer a un restaurante y todo el mundo le saludaba”.

Pero hoy la pena ya no vale la pena. La realidad está en Langreo, en Ganzábal, en un estadio para 4.000 espectadores, donde, pese a todo, Michu aún aspira a volver a ser el que fue, la prolongación de esa fotografía que tiene colgada en Instagram cuando él tenía tres años y Hernán, su hermano, ocho. El escenario se sitúa en una playa asturiana de la que ni se acuerdan y de la que Michu se queda con este mensaje que vale para hoy y para toda la vida. “Al escalar una gran montaña, NADIE deja a un HERMANO para alcanzar la cima solo”.

El ofrecimiento de un hermano

Hoy, como ayer, Michu le ha pedido ayuda a su hermano mayor. “¿Qué te parece si entreno con vosotros en el Langreo?” Y se lo dijo como siempre, “como el hombre que oculta sus emociones tan reservado, tan despistado… A veces, pasamos días sin saber nada de él y, de repente, se presenta en casa de mis padres a comer como si hubiésemos estado con él hace diez minutos”.

"Él nunca fue un futbolista al uso. La prueba es si lo ves por Oviedo; en vez de ir con su cochazo, que lo tiene, va con el Peugeot 307 de mi madre"

Pero a Hernán le pareció fantástica la idea a pesar del riesgo, para él, como entrenador. “No puedo hacer nada con el corazón. Tengo que hacerlo con la cabeza”, explica con la honradez de los hombres más humildes, “porque, en realidad, en casa somos así, nos educaron así. Mi hermano es el ejemplo. Él nunca fue un futbolista al uso. La prueba es si lo ves por Oviedo; en vez de ir con su cochazo, que lo tiene, va con el Peugeot 307 de mi madre, porque dice que es más cómodo, que se aparca fácil, de lujos nada, ¿para qué?”.

"Ha tenido cuatro operaciones de tobillo. Ha recorrido médicos, fisios…, daría su dinero por tener el tobillo derecho como el izquierdo"

El desafío es recuperar al goleador, la lógica de sus 29 años. “Ha tenido cuatro operaciones de tobillo. Ha recorrido médicos, fisios…, daría su dinero por tener el tobillo derecho como el izquierdo”, explica Hernán. “Pero ahora, que vemos la recuperación del tobillo, que la intuimos, se trata de recuperar la parte mental del futbolista, de demostrarle que puede volver a ser el que fue como pasó de juvenil cuando tuvo una lesión de ligamento en el tobillo y volvió a jugar, a pedir un partido más o a ser el héroe que fue en Inglaterra”.

La esperanza tiene su derecho y Hernán acepta que sí, “que esto parece una historia como las de las películas en la que Michu se recuperaría con nosotros y volvería a la elite”. Y entonces regresará ese futbolista que no perdonaba una en Inglaterra, ese delantero centro que Del Bosque vio para la selección y uno de esos hombres que capitaneó el libro Los cisnes (Libros del KO) del periodista Pablo Gómez. “En mis conversaciones con él me llamaba la atención el ansia con el que pensaba en el fútbol”, explica. “Su propia forma de celebrar los goles abriendo la boca demostraba su carácter”.