Publicado: 16.11.2013 08:00 |Actualizado: 16.11.2013 08:00

Cuando los millones del fútbol pesan más que los derechos humanos

El amistoso en Guinea es un ejemplo más de cómo instituciones y clubes españoles han mirado más a la chequera que a la ética a la hora de visitar países como China, Tailandia, Malasia o Marruecos

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Restricciones a la libertad de prensa, de expresión y de manifestación. Régimen de incomunicación y desapariciones forzadas. Juicios sin garantías. Detención arbitraria de opositores. Casos de homicidios ilegítimos. Torturas y malos tratos constantes. Todo esto sucede en Guinea Ecuatorial, según denuncia Amnistía Internacional. El escaso respeto por los derechos humanos no es algo que, sin embargo, parezca preocupar a la Federación Española de Fútbol, que, con el visto bueno del Gobierno, ha llevado a La Roja a jugar esta noche un partido amistoso en la que fuera colonia hispana.

Ni siquiera el hecho de que en esta ocasión el presidente de la Federación, Ángel María Villar, no vaya a hacer caja con el bolo -aunque sí con los derechos de televisión- ha evitado que buena parte de la oposición en España y grupos proderechos humanos hayan pedido que se boicotee el choque. Critican la "falta de sensibilidad" de la Federación y que el equipo español se haya prestado al "sucio juego propagandístico" de la dictadura de Teodoro Obiang. El sátrapa ha prometido a los jugadores de su selección una cuantiosa prima de cinco millones de euros si vencen.

La Roja, no obstante, ha decidido no prestarse a acto publicitario o institucional alguno con el dictador o cualquier miembro del Gobierno guineano, pese a las presiones del régimen para que el apoyo, tanto político como deportivo, fuera mayor. El líder del partido del tirano lamentaba que se "haya politizado este encuentro deportivo, aprovechando el mismo para hacer política y poner en contra a los dos países". "Es un bien de la humanidad que debe ser disfrutado y compartido por todo el mundo", añadía Jerónimo Osa Osa. No se han repetido en Malabo las habituales imágenes de los jugadores con gobernantes de los estados que visitan.

Tampoco han querido saber nada de polémicas los internacionales. "Solo me centro en el tema deportivo, el resto no me importa", afirmaba el jueves Fernando Llorente. La actitud de los equipos españoles de ponerse de perfil ante totalitarismos o ante graves violaciones de derechos humanos es, sin embargo, tan habitual como la de los organismos internacionales. Similar a las actuaciones de la FIFA o el COI, que han otorgado la organización de grandes eventos deportivos a dictaduras como la de Videla (el Mundial de 1978), a regímenes comunistas como en los Juegos a Pekín en 2008 o a países que no respetan la igualdad de sexos como Qatar, que organizará el Mundial de 2022.

El caso de la selección, además, se repite este año. En febrero ya fueron a Doha, la capital qatarí, a jugar ante Uruguay un millonario bolo. Allí apenas existe la libertad de expresión y es casi absoluta la discriminación de las mujeres y los inmigrantes. Son comunes los trabajos forzados y la esclavitud, así como condenas crueles y degradantes, tales como recibir latigazos por "relaciones sexuales ilícitas" o por consumir alcohol.

No solo las selecciones o los organismos internacionales hacen caso omiso a los derechos humanos. Los clubes también organizan giras mirando más al bolsillo que a la ética. Así, es también reincidente el Barcelona. Se le ha visto este verano recorrer China, donde muchos de sus ciudadanos no podían acudir a ver a los Messi, Neymar o Iniesta porque se encuentran en campos de reeducación, detenidos de manera forzosa o directamente desaparecidos. En el país que más penas de muerte ejecuta del mundo, las torturas y la censura son terribles. Nada que impidiera al club que dirige Rosell sacar una buena tajada a cambio de mirar para otro lado. La gira azulgrana también pasó por Tailandia y Malasia, donde el respeto por las libertades es tan poco habitual como frecuente es la represión, según denuncia Human Rights Watch.

Los estrechos lazos del presidente del Barça con el emirato sirvieron en bandeja el trato con Qatar Airways

La violencia tampoco evitó que el presidente culé exhibiera a sus jugadores en Marruecos el año pasado en un amistoso. Amnistía Internacional ha denunciado en numerosas ocasiones el aumento de la represión, las torturas y la falta de libertad de expresión en el reino de Mohammed VI. También expresa su preocupación por la exclusión de la mujer y por los prisioneros de guerra.

Las estrictas leyes que se aplican en Qatar tampoco son óbice para que el equipo azulgrana luzca publicidad de la aerolínea Qatar Airways y llene así sus arcas: unos cien millones de euros en tres años. Los estrechos lazos del presidente del Barça con las más altas esferas del lugar han facilitado este acuerdo. En 2006, Rosell comenzó a hacer negocios con el emirato y en 2010 vendió su empresa BSM a un gigantesca compañía local. "El roce hace el cariño", dijo entonces.

"Ésa es la diplomacia de la chequera: tú me pagas y yo te concedo. Es increíble que hayan conseguido patrocinarlo. ¿Cómo puede llevar el Barça el nombre de Qatar?", se pregunta Nazanin Armanian, experta en Oriente Medio. "Le hubiera venido mejor que el emirato fuera más discreto e invirtiera en el club de otra manera. Pero ellos son muy listos y dijeron: Queremos que llevéis nuestros nombres en vuestros corazones y exhibirlo por todo el mundo. Para Qatar no es el dinero, es la imagen, el nombre que quieren vender. Consiguen que se relacione el nombre y los valores del equipo azulgrana con ellos", agrega.

China, además, es destino común para varios equipos españoles. No sólo el Barcelona ha hecho del gigante asiático uno de sus lugares preferidos para hacer caja. El Real Madrid ha pisado su suelo en tres ocasiones en los últimos diez años. Desde la mediática gira de los galácticos en 2003 hasta la de 2011, ya con Mourinho en el banquillo, pasando por la de 2005. Las habituales flores, los collares y distinguidos recibimientos y, claro está, una buena millonada por delante han sido suficiente para tapar los ojos también a Florentino Pérez.

Al presidente blanco tampoco le ha importado lo más mínimo para hacer negocios la realidad de Dubái, donde abundan las detenciones y desapariciones. Human Rights Watch considera, además, que la situación no ha hecho más que empeorar, con una mayor discriminación de la mujer y de los inmigrantes. El mandatario cerró este verano un acuerdo con la aerolínea Fly Emirates para percibir unos 25 millones de euros en cinco años. A cambio, los blancos lucirán la marca en la camiseta merengue, en sustitución de la casa de apuestas Bwin.

También el Atlético de Madrid se ha paseado por China en las últimas temporadas. Hace siete años jugó dos partidos en Shanghai por varios cientos de miles de euros. En 2010 repitió experiencia, pero en otra zona de Asia: Tailandia. Allí, el equipo de Cerezo disputó un encuentro ante un combinado de la liga local, sin importarle las graves violaciones de derechos humanos.