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En Mónaco no solo hay dinero para yates, también para fútbol

Falcao es la última prueba de que liga francesa ha dejado de ser un país exportador de estrellas (Zidane, Ginola, Henry, Benzema, Platini....) gracias a las grandes fortunas extranjeras  

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En la Avenida Princesa Grace de Mónaco, el alquiler de un apartamento cuesta 17.000 euros. También se anuncia la venta de aviones privados y helicópteros, como si se tratasen de teléfonos móviles. En realidad, Mónaco es el pequeño territorio en el que la fotografía de la Costa Azul vive en todo su esplendor. Además, no hay paro y hay yates. Y los ciudadanos viven como dioses, porque no pagan impuestos excepto en el caso de que sean futbolistas. Pero, eso sí, si proceden del extranjero, como será el caso de Radamel Falcao, se libran de esa medida. Así que si se mira por ese lado, el colombiano ha acertado de veras en su decisión de cambiar el Calderón por el Luis II. Tarde o temprano, se fotografiará con el príncipe Alberto, Charlene o Carolina. Tampoco tendrá problema para comer cuando le apetezca en el lujoso restaurante Louis XV ni para pagar los 80 euros que cuesta una copa.

La ciudad-estado de Mónaco parece que vive en estos tiempos en la ciencia ficción. En sus calles continúa permitida la publicidad del tabaco. Y, además, hay doce ascensores públicos para no cansarse. Y como no hay impuestos, no existen partidos políticos ni crímenes y casi ni miedo, porque, entre otras cosas, es el país del mundo con más policías por habitante. En realidad, Mónaco es la mitad de Central Park, el enorme parque de Nueva York. Es el segundo país más pequeño del mundo. Pero ni siquiera la extensión del territorio será obstáculo para que Falcao pueda levantar la Copa de Europa que, a los 27 años, no ha conseguido. Morientes estuvo a punto de hacerlo en 2004. Entonces jugó cedido en el Mónaco por el Real Madrid. Llegó a la final de la Champions, pero sobre todo se acuerda de un año primoroso en el que su camiseta se agotó en la boutique oficial del club. Así que seguramente Mónaco no sólo entienda de yates. También de fútbol.

El caso es que una fortuna multimillonaria, la del ruso Dimitry Rybolovlev, es la que ha permitido que el Mónaco desafíe a los mejores y que Falcao no haya ido al United ni al Madrid ni al Barça. Pretende hacer del equipo uno de los grandes del fútbol francés y europeo y para ello no va a poner reparos en gastar lo que haga falta. Ya ha atado a Carvalho, los próximos serán Moutinho y James Rodríguez. Y se habla de Valdés. Todos, junto al Tigre. Y todo con el fin de recuperar el prestigio del club, que acaba de ascender a Ligue 1. Por la historia del conjunto rojiblanco han pasado jugadores de la talla de Henry, Klinsmann, Costinha, Weah o Djorkaeff. Rybolovlev no sólo es el hombre que fue capaz de pagar 68 millones de euros por un apartamento, con 17 armarios en Central Park. También es el único hombre del mundo que ha pagado los 60 millones de euros que pedía el Atlético por Falcao. A cambio, el delantero se marcha a un fútbol extraño y a un equipo de reputación extraña, en el que los sueños de grandeza corren prisa. La sensación es que el futbolista se ha movido por dinero, pero en la vida hay que arriesgar. Los grandes proyectos no siempre tienen por qué ser los mismos. En 2003, cuando Abramovich compró al Chelsea, también reclutó a gente de primer nivel como Crespo, Verón o Makelele que, en principio, venían de equipos mucho mejores. Pero siempre hay una primera vez para acabar con la tradición.

La fortuna del ruso Rybolovlev ha permitido que Falcao no haya ido al United ni al Madrid ni al BarçaEs un momento difícil para Francia, que supera claramente los tres millones de parados, récord histórico en su historia, y en el que el presidente de la República François Hollande ya no sabe qué hacer. Pero ya se sabe que el fútbol siempre está ahí para saltarse las reglas sociales. El verano pasado fue el gran Ibrahimovich el que rompió su vida en Italia para involucrarse en un París Saint Germain que llevaba 19 años sin ganar el campeonato. Ahora, es Falcao el que llega a Mónaco como símbolo de los nuevos tiempos y de las nuevas riquezas que han modificado totalmente el mercado. Francia, gracias a ellas, ha dejado de ser lo que fue. Lo conocimos siempre como un país exportador de estrellas: Platini, Zidane, Weah, Ginola, Henry, Desailly, Ronaldinho... De hecho, la mayoría de los jugadores que ganaron el Mundial 98 jugaban en el extranjero, incluido Barthez, el portero. Pero eso fue ayer, cuando no existía un jeque en París que se atreve a apostar con todo el descaro por el fichaje de Cristiano Ronaldo. Ni existía un ruso, el señor Rybolovlev, que ha sido capaz de llevarse a Falcao a la Avenida Princesa Grace de Mónaco..., como si se tratase del Paseo de la Castellana.