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Monólogos tácticos del 'Loco' Bielsa

El técnico de la roja suramericana ha puesto a Chile en primera línea merced a su atrevimiento y método

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Chile vive bunkerizada en Nelspruit. Un lugar idílico para el hermético Marcelo Bielsa, un hombre acostumbrado a pasear en la soledad de la madrugada para reflexionar sobre la táctica. Bielsa madura los partidos en monólogos consigo mismo. Recientemente quiso salir a dar uno de esos paseos en los que juega y destripa mentalmente partidos. No duró cinco minutos en la calle. Allí le esperaban la prensa y un puñado de aficionados chilenos que le idolatran. Se dio la vuelta. El viernes discute a España el pase a octavos en una cita decisiva.

'Los momentos de mi vida en los que yo he empeorado tienen que ver con el éxito porque engaña'. Con esa reflexión, Bielsa explica su fobia al elogio. 'Los momentos de mi vida en los que he mejorado tienen que ver con el fracaso. El fracaso es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones y nos vuelve coherentes'. Con esta otra cavilación se vislumbra a un hombre obsesionado por la perfección. Un entrenador al que no le importa repetir un saque de banda durante 15 minutos. Detalles como ese justifican a ojos de muchos el apodo de El Loco. Para él tiene una explicación menos superficial: 'El futbolista, como todo ser humano enfrentado a la alta competencia, padece miedo escénico. ¿Y cómo se neutraliza? Con la mecanización'.

El argentino madura los partidos en la soledad de sus paseos nocturnos

Bielsa es un rebelde. Su último acto de insumisión es para el mismísimo presidente de Chile. El derechista Piñera quiso usurpar su imagen en plena campaña electoral aprovechando la clasificación mundialista. A Bielsa no le gustó. Nunca se ha pronunciado políticamente, pero detesta que un hombre que se enriqueció con la dictadura de Pinochet le utilice. Su respuesta fue contundente. 'Quiero ser para mis jugadores lo que Michelle Bachelet ha sido para Chile'. Piñera le menospreció en el Parlamento el día que quiso felicitar en la cámara a la selección chilena por su clasificación: 'Gracias a nuestro Loco... El seleccionador'.

Esa pausa se la tomó Bielsa como un menosprecio. En Nelspruit sólo ha abierto el búnker para la ex presidenta socialista. Ya ha escuchado que su presencia en la expedición oficial no le ha gustado al Gobierno chileno. Le da igual: 'Aprendí lo trascendente de la rebeldía. Es indispensable que uno sepa cuáles son las virtudes alrededor de las cuáles quiere vivir'.

Chile es Bielsa. Una personalidad igual a una identidad. Trabaja con dobles sesiones exhaustivas para pulir ese estilo atrevido y dinámico: 'Para conseguir el éxito es inevitable el sufrimiento y la humildad'. Bielsa vive la vida en chándal y dirige detrás de unas gafas colgadas de un cordón que le dan cierto aire de educador. España no se encontrará un rival temeroso 'reconstruir la sensación del fútbol del barrio: jugar contra los rivales que le teníamos bronca sin importarnos el lugar, la hora o la cancha', pero sí un equipo flexible.

Desde que Brasil le pintó la cara en Santiago en la fase de clasificación (0-3), abandonó el 3-3-3-1 para jugar un 4-3-3, pero la vocación ofensiva es innegociable: 'No hay que preparar nunca al equipo para la espera. Ni plantear el ataque basado en las contras. El contragolpe hay que protagonizarlo, no cederlo'.

Bielsa no levanta la vista cuando habla en público. Mira el micrófono para no perder el hilo de lo que quiere decir. Le zumban las ideas y se centra en la alcachofa para no irse de su discurso. Después del partido con Honduras, sí alzó la vista. '¿Por qué le llaman Loco', le preguntaron . 'Por exageraciones de mi comportamiento. De las acepciones del diccionario, elegí la más suave', respondió mirando a su interlocutor. Él no cree en su locura. La vive y es el fútbol.