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'Mou', un cacique en el Bernabéu

El entrenador portugués se marcha del Real Madrid después de tres años en los que solo ha ganado una Liga, una Copa y una Supercopa. A cambio, ha protagonizado momentos bochornosos, enfrentamientos con su plantilla, desplantes y

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Jose Mourinho deja el Real Madrid como un solar. Ha ganado en tres años una Liga, una Copa y una Supercopa. Ha alcanzando en estas temporadas las semifinales de la Liga de Campeones. Y ha sido capaz de discutirle al mejor Barça de la historia la hegemonía en el fútbol español. Pero el peaje ha sido excesivo para tan corto trayecto. El técnico portugués ha dejado a su paso un terreno yermo, devastado, como si se hubiera tratado de un huracán.

Una vez que se hizo con el control deportivo absoluto tras forzar la salida de Jorge Valdano, el luso ha manejado a su antojo cualquier circunstancia que afectara a la dirección futbolística blanca como si de su coto particular de caza se tratara. Al que se interponía o discutía sus métodos, pum.  El resultado son tres años en los que el Real Madrid se ha granjeado una enemistad genérica en el resto del fútbol español, en los que el técnico se han enfangado en lodazales innecesarios, ha vilipendiado a jugadores, se ha enfrentado a técnicos, ha arremetido contra árbitros, ha desplantado a instituciones y ha menospreciado a la prensa.

El apoyo en el Santiago Bernabéu ha sido incuestionable hasta esta temporada y dentro del club, siempre ha contado con el apoyo incondicional de Florentino Pérez hasta que éste ha visto peligrar la complacencia del madridismo hacia su propia persona. Nadie podrá decir, eso sí, que los métodos y la personalidad del portugués han generado indiferencia. Pese a que la lista de polémicas protagonizadas por Mourinho es interminable, viene bien un repaso a las más llamativas.

Uno de los primeros que tuvo que apartarse para Mourinho estuviera del todo conforme con su rol en el Real Madrid fue Jorge Valdano, director general hasta junio de 2011. Cruces de declaraciones sobre quién iba a acudir a la entrega del Príncipe de Asturias de los Deportes a la Roja o la prohibición a que el argentino viajara con el Real Madrid o bajara al vestuario del Bernabéu terminaron por romper su relación. Antes ya había calentado el cambio en el organigrama blanca asegurando en una entrevista que 'el Madrid no está estructurado para la dimensión que tiene. No hay empatía funcional'.

Dentro de la casa también criticó los métodos de trabajo de Alberto Toril como técnico del Castilla. Le echó de un entrenamiento y consideró que no entrenaba al filial tal y como quería él. 'La formación de los jugadores no debería tener contradicciones y en estos momentos hay una contradicción. Si la educación tiene contradicciones todo es más complicado', dijo al ser preguntado por la participación en un partido de Liga de Nacho y Jesé.

La plantilla ha sido uno de los estamentos que más ha sufrido las iras del luso. Y algunos jugadores especialmente. Le pasó a Pedro Léon. 'Habláis de Pedro León como si fuera Zidane o Maradona', soltó con respecto al mediocentro, que tuvo que irse al Getafe. Sobre Benzema también aseguró en su primer año que 'con perros cazas; con gato cazas, pero menos'. No quería al francés y no paró hasta que Florentino le trajo a Adebayor. En el Levante-Real Madrid de la temporada pasada culpó a Khedira del pinchazo: 'Cayó en la trampa del Levante'. Y en el inicio de ésta eran continuas sus ruedas de prensa criticando a la plantilla al completo: 'Veo pocas cabezas comprometidas, hubiera cambiado a los once...' Eso propició el castigo a Özil y el enfrentamiento con Sergio Ramos.  Y los últimos crucificados han sido Casillas y Pepe. El técnico aprovechó la lesión del portero para traer a Diego López y sentarle definitivamente en el banquillo. 'Me gusta más Diego, mientras yo siga jugará siempre', dijo el pasado 3 de mayo. Y ha pasado de defender la renovación de Pepe a ni llevarle convocado en el tramo final de Liga por defender precisamente a Casillas. 

Hasta con la afición madridista ha tenido sus más y sus menos. Siempre ha reprochado que el Santiago Bernabéu es un estadio frío y ha elogiado a los ultras. En octubre se refirió a los valores clásicos del madridismo y consideró que 'señorío es morir en el campo. Veo mucho madridista disfrazado'. No le sentó muy bien que parte de la grada del Bernabéu le pitara en el partido de Copa contra el Alcoyano. Por eso, retó a un plebiscito el día del derbi liguero ante el Atlético de Madrid. 'Quien quiera pitarme estaré a las 21:20 horas mañana'.

Pero si polémicas ha generado dentro de la casa blanca, mayúsculas ha provocado con otros técnicos y clubes de Primera. El más grave fue, sin duda, el famoso dedo que introdujo en el ojo de Tito Vilanova, que por entonces era el segundo entrenador del Barcelona. Los instantes finales de la vuelta de la pasada Supercopa se convirtieron en una tangana descomunal que abochornaron a todo el mundo del fútbol. La crispación a la que había llevado Mourinho los duelos entre Real Madrid y Barcelona alcanzaba su cenit. El técnico nunca se disculpó en público.  Mourinho también ha señalado dialécticamente a otros técnicos, como el desaparecido Manolo Preciado o a su antecesor en el cargo, Manuel Pellegrini. 'Hay equipos que regala sus partidos al Barcelona', se refirió sobre el Sporting, a lo que Preciado le contestó llamándole 'canalla'. 'Conmigo no puede pasar lo mismo que con Pellegrini porque si el Madrid me echa no voy a entrenar al Málaga'. Así ninguneó la trayectoria del chileno.

 

Capítulo aparte lo ha escrito su relación con los árbitros. Especialmente con Clos Gómez. Tras un Real Madrid-Sevilla compareció con un listado de los trece errores que había cometido el trencilla en el encuentro y se quejó del escaso apoyo que tenía por parte del club en sus críticas. El viernes el mismo colegiado le expulsó en la final de la Copa ante el Atlético. En la temporada pasada su imagen esperando a Texeira Vitienes en el parking del Camp Nou tras la vuelta de semifinales de Copa parecía más propia de bronca de patio de colegio. 'Ahora te irás a fumar un puro y te reirás, artista', le espetó. También criticó el doble rasero de algunos árbitros como Iturralde González: 'Si cojo las estadísticas que ponen los periódicos... El Barça es feliz con Iturralde y el Madrid menos'. Y una de las ruedas de prensa que pasarán a los anales fue aquella tras la ida de las semifinales de Champions contra el Barça y sus ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? Soltó el rifle en esa ocasión y disparó contra varios árbitros europeos, contra Guardiola y contra la UEFA.

 

Con la prensa ha tenido que convivir a diario Mourinho. Y dar explicaciones cuando le vienen mal dadas no es plato de su gusto. Por eso, durante esta última temporada ha preferido delegar la responsabilidad de comparecer antes y después de los partidos en su segundo, Aitor Karanka. Tan solo cuando le obligada la UEFA en la Champions o cuando quería transmitir algún mensaje, se ponía Mou delante de los micrófonos. En la previa de la final de Copa directamente tuvo que ser Sergio Ramos el que diera la cara como portavoz del club. El portugués ha provocado una infinidad de artículos en su contra y se marcha de Madrid dejando unos cuantos periodistas que le tienen en muy baja estima. No es de extrañar. A uno de ellos, de Radio Marca, le encerró en una sala junto a sus colaboradores para espetarle: 'Yo soy un entrenador top y tú un periodista de mierda'. Últimamente también se ha quejado de 'en Inglaterra me quieren y aquí hay gente que me odia'.

Sabiéndose el amo del cotarro, Mourinho se ha sentido con total impunidad para protagonizar plantones, gestos descorteses y escenas reprobables. En el Amsterdam Arena montó un circo, con mensajes entre los jugadores al oído en pleno partido incluídos, para que Xabi Alonso y Sergio Ramos forzaran una segunda amarilla para pasar limpios a la siguiente fase. Tampoco se cortó en Mestalla a la hora de celebrar un gol de Cristiano y subirse a lomos de Callejón para festejarlo por toda la banda. Cuando conoció que la FIFA no le iba a dar el Balón de Oro a mejor entrenador en favor de Del Bosque declinó la invitación para acudir a Zúrich. La excusa, el trabajo. Pero AS le pilló viendo un partido de su hijo. y por último, ha dejado con la medalla en la mano al propio rey en la Copa que lleva su nombre. Dejó, con en tantas ocasiones, que Karanka hiciera los honores.