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Mou se queda el Bernabéu

Escritos de apoyo y mensajes de adhesión sin límites en el recibimiento de los seguidores madridistas al técnico luso

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El trofeo Bernabéu, mejor dicho, el Bernabéu, se lo llevó Mourinho de calle. Sin bajarser del autobús. Al menos en mensajes escritos. Antes de que avistase los aledaños del estadio,en las gradas ya lucía un puñado de pancartas que mostraban la adhesión sin condiciones a su entrenador: “El Real Madrid mi religión, Mou mi profeta”; “Mou, tu dedo nos señala el camino”. Mensajes tan solemnes como tremendistas, descripciones emocionales de lo que genera Mourinho entre los adeptos a sus causas y a sus formas.

Parafraseando ese lenguaje de clan que tanto le gusta utilizar al técnico luso, el madridismo ayer presente puede decir que Mourinho es uno de los suyos y él, que el Bernabéu es suyo. Nunca un entrenador del Real Madrid ha generado manifestaciones a su favor de ese calado.

El cómo ha conseguido esa entrega puede dar para una teoría sociológica, pero la realidad la reflejó la ovación cerrada que se llevó cuando el speaker voceó su nombre. Fue la primera de la noche. La segunda poco antes de que rodara el balón. “Mourinhista y madridista”, rezaba otra pancarta. Otro mensaje que habla delo que supone su figura. Ha generado una condición entre los aficionados del Madrid que apunta a cierta ruptura, a esa nueva manera de ver el club en la que se está con él o contra él..

El poder de atracción que Mourinho ejerce sobre los focos quedó ejmplarizado en los redactores gráficos. Salieron los tres canteranos campeones de Europa a ser homenajeados y dos filas de cámaras apuntaban al banquillo. Ninguno se giró ante la presencia de Morata, Alex y Carbajal. Formó el once y tampoco se dieron la vuelta los objetivos. Sortearon los campos los capitanes, ayer Ramospor la suplencia de Casillas, y tampoco. Como una estrella de rock, Mourinho se hizo esperar. Tanto que la seguridad del estadio lesinvitó a abandonar sus posiciones porque el colegiado iba a dar orden delcomienzo del partido y el banquillo del Madrid no tenía visibilidad. Cuando salió a ocupar su lugar en el banquillo solo unos pocos pudieron cazar la imagen.

Veinticuatro horas antes alrededor de Mourinho se había generado un terremoto con esos mensajes de teléfono salidos deun número antiguo que manejaba su portavoz Eladio Paramés y que dejaban caer una posible renuncia del técnico. Punto Pelota confirmó que ese número de teléfono ya no pertenece a Eladio Paramés, portavoz del técnico, sino a un joven guipuzcoano que reconoció su autoría en elprograma. Pero el rumor ya había desencadenado esa carta de Mourinho pidiendo perdón solo al madridismo. Una espoleta que movilizó a laspeñas y cristalizó en esa manfestación pública de apoyo.

Es indudable que Mourinho tiene una capacidad brutal para transformar los clubes en los que trabaja. Ni siquiera el Madrid, el club más tradicional e inmovililsta, ha quedado inmune a esa capacidad suya para hacer sucumbir a todo lo que le rodea. Antes, el Trofeo Bernabéu era una presentación de las caras nuevas. Una primera toma de contacto del exigente Bernabéu con el futuro que le podía deparar su equipo a lo largo del curso. El club intentó ayer que eso se diera. Antes del choque presentó uno a uno a Sahin, a Altintop, a Callejón, a Varane y a Coentrao. Los dos primeros,por cierto, por fin los vio el madridismo vestidos de corto, aunque no jugar. Ninguno de los dos entró en la lista.Pero eso pareció un asunto menor. Igual que el partido en sí. Marcó el Galatasaray y no se escuchó un reproche. Todo lo contrario,desde un fondo desde el que emergió una pancarta que decía “Mourinho, nuestroapoyo es inquebrantable”, se coreó por segunda vez su nombre. Luego tronaría el “Como no te voy a querer” que se leía en un trozo de tela. También hubo alusiones al Barça, el filón con el Mou ha inoculado su populismo: “Piqué, ¿por qué no te callas”.

El resultado parecía importar poco. Mourinho no asomó la cabeza. Permanecía retrepado en su asiento. Observando a un equipo en el que faltaba media columna vertebral: Casillas, Carvalho, Özil, Benzema y Cristiano. Pero eso parecía lo de menos. Lo trascendente estaba justo enfrente de él. Esa pancarta que resume todo: “Mou, tu dedo nos señalael camino”.