Publicado: 14.06.2014 22:21 |Actualizado: 14.06.2014 22:21

El Mundial del futbolista más romántico

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El corazón es ciego. O, al menos, eso defiende Steven Gerrard (Liverpool, Inglaterra, 1980). Un hombre de honor que maneja sus 34 años como si fuese la firma de un notario. "Tengo un equipo médico fantástico a mi alrededor". Y luego está su cabeza que cuando abandona Melwood, las instalaciones del Liverpool, se convierte en Mickey Mouse para complacer a sus tres hijas pequeñas. "Tienes que alejarte del fútbol, porque si no acabarás como Carrier, obsesionado". Y Gerrard no admite ese peligro en su vida. Ni siquiera en estos días de Mundial en Manaos, donde ya quizá sea un ídolo a la baja. Un futbolista en busca de su última oportunidad en un Mundial.

Un hombre que sabe que no llegará a los 42 años con los que Pether Shilton lo dejó en México'86. Pero Shilton era portero. Gerrard, sin embargo, es una fortaleza en medio campo, donde esta tarde frente a Italia defenderá los deseos de toda Inglaterra. "Sin ser un jugador top, he sido más de cien veces internacional", explica. "Para mí, no es una proeza, pero sí dice mucho del tipo de persona que soy. Un hombre al que le gusta esto, que siempre ha sabido valorar lo que significa estar aquí. No por mí, que sería muy egoísta, sino por la posibilidad de ayudar a los demás".

Un día más, Gerrard será de la partida frente a Italia, en el estadio Arena da Amazonia (00.00 horas), en un debut mundialista, el tercero de su vida. El país le pedirá lo de siempre. Es más, le recuerda que en la selección nunca ejerció tanta influencia como en el Liverpool. Ni con Eriksson ni con Capello ni con nadie. Pero Gerrard ya no se deja invadir por la impaciencia de los demás, porque "no soy lo suficientemente vanidoso para pensar sólo en mí. Cumplí una edad. Tengo una vida social, familiar. Yo puedo mejorar, pero no puedo quejarme de como me ha ido. Por eso ahora prefiero pensar en lo que este Mundial significa para Inglaterra, no para mí".

Una declaración de un futbolista, que representa un alegato al romanticismo, unido de por vida a Anfield Road desde 1998. Pudo marchar del Liverpool. Tuvo un cheque en blanco hace doce o catorce años para fichar por el Madrid de Florentino Pérez. Pero Gerrard, que en 2007 fue nombrado miembro de la Orden del Imperio Británico por la Reina Isabel II, debe ser un hombre distinto. "He sabido no cansarme psicológicamente. He sabido cuidarme para poder decir 'aún estoy bien, aún no estoy cansado'". Todavía Maradona se refiere a él como el 'Rey del Mundo', aunque Gerrad se modera: "Esa es una responsabilidad extrema", discrepa. "Yo sólo soy un futbolista que, a medida que ve que le queda menos tiempo en su carrera, quiere sacarle el máximo provecho".

Sabe Gerrard que cada vez le queda menos, que la última oportunidad se acerca. Sin ir más lejos, hoy en Manaos frente a Italia. Pero una cosa es eso y otra la frustración. "No creo que me pase el resto de mi vida irritado, molesto o frustrado si no paso de los cuartos en un Mundial ni tampoco si no llego a ganar una Premier con el Liverpool", añadió en una entrevista con el popular periodista Roger Bennet, en la que se presentó a un Gerrard casi ejemplar. Un hombre que, en los días libres, acude a Melwood, donde entrena el Liverpool y hace doble sesión de gimnasio y piscina. Un hombre que roza lo imposible en esta selección en la que hay cuatro jugadores con menos de 21 años y dos con menos de 20. Y entonces Gerrard se da cuenta de que hubo un día en el que él también fue así y parecía que iba a comerse el mundo.

Pero después ha sido la vida la que lo alejó de la crónica de sucesos, como aquella noche en prisión tras agredir a un hombre en un pub de Southport, y le ha colocado donde está, a los 34 años, pacífico y ambicioso, padre de tres hijas que, a lo mejor, han soñado con recibirle como campeón del mundo a orillas del río Mersey. Gerrard sonríe, pero no dice que no a nada. Nunca lo dijo, absolutamente fiel a eso que escribió en su autobiografía y que en su día, año 2006, arrasó en los premios British Book Awards. Han pasado los años, pero ahí sigue Gerrard diciendo... "ver a los oponentes con el balón me enferma". Así que ya conocen su mentalidad para esta noche frente a Italia. Gerrard nunca se esconde.