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Mundial de Londres Tres médicas españolas desafían a las mejores atletas del mundo

La Sanidad española está de enhorabuena en el Mundial de atletismo que arranca este viernes Londres. Irene, María José y Marta explican cómo estudiar Medicina y llegar hasta el fin del mundo corriendo

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Las atletas María José Pérez, Marta Pérez Castro, e Irene Sánchez Escribano, en un entrenamiento

Una, Marta, nació en la ciudad en la que se rodó Doctor Zhivago: Soria. La segunda, Irene, vino de Toledo y la tercera María José, la que un día decidió que "si no voy a hacer el MIR hasta que me retire del atletismo no me voy a agobiar en terminar la carrera", viene de Ciudad Real.

Así que no hace falta esforzarse por explicar a ninguna de las tres como es el interior de la Meseta "donde la gente es dura y sacrificada" según María José Pérez, corredora de 3.000 obstáculos, hermana de atleta de élite a hija de atletas que pudieron ser de élite "porque mis padres lo ganaban todo en su juventud. Mi madre ganaba en clase en el colegio hasta en el salto a la comba y mi padre dejó de correr cuando se fue al servicio militar y empezó a fumar. Luego, volvió, se puso a trabajar y se escapó esa idea".

Una idea que, sin embargo, ella, María José, la misma que se ha clasificado para correr el Mundial de Londres, no ha dejado escapar. Pero, además, tuvo la valentía de estudiar medicina tal vez porque al final los hijos casi siempre superan a los padres, aunque ella lo relativice: "Si hubiera sido Ingeniería no hubiera podido de ninguna manera. No me veo entre números. Pero Medicina es de estudiar. Un temario muy denso pero de estudiar".

En realidad, jamás se sintió tan bien representada la Medicina en un Mundial de atletismo. Porque Irene Sánchez Escribano, también de 3.000 obstáculos, y Marta Pérez Castro, que competirá hoy en el 1.500, ya terminaron la carrera antes de cumplir los 25 años. Un ejercicio que, según su entrenador Antonio Serrano, "no es de sabiduría, sino de voluntad porque la voluntad aún mueve montañas. Yo siempre se lo recuerdo a ellas y ellas me lo recuerdan a mí: no podemos desconfiar de la voluntad porque entonces no haríamos las cosas que hacemos".

Las atletas María José Pérez, Marta Pérez Castro, e Irene Sánchez Escribano.

Por eso Serrano les agradece que hayan cumplido el pacto que tenían con él. "Siempre acordamos que una vez que terminasen la carrera o se acercasen al final, como María José, le podrían dedicar más tiempo a entrenar. Así ha sido, han mantenido su palabra y el resultado es que estamos en un Mundial. Parece fácil estar aquí pero es tan difícil... Son tantas horas de silencio, de un esfuerzo que no ve nadie y que, si le dejas, al final, te refuerza. Te convence de que entre todos podemos hacer grandes cosas".

Quizás porque, al final, la madurez sólo necesita espacio y tiempo. La madurez no llega con el pago de la primera matrícula en la universidad como entendió Marta Pérez Castro "aquel día en el que, por fin, descubrí que no había equivocado al elegir Medicina". Pero necesitó tiempo "y por eso fue como cumplir un sueño. De hecho, ahora, cuando hago prácticas con los pacientes me encanta y ya no sabría decir qué me gusta más, si el atletismo o la medicina", vuelve a explicar ella, Marta, la misma que se motiva escuchando música rock o la misma dice, sin miedo a protagonizar 'La misión', que "algún día me gustaría ir a ejercer medicina a un país subdesarrollado". Y lo dice con causa "porque todos tenemos nuestra idea de la vida".

Entonces Maria José e Irene, que comparten piso con ella en la residencia Blume, ya están acostumbradas a escucharla porque la gloria no sólo se consigue en un estadio lleno. "La gloria está en uno mismo", insiste Antonio, el entrenador que, si se enorgullece de algo, es de haberlas contagiado su paciencia. "Yo siempre defiendo que por todos los caminos se puede llegar a Roma. Pero, si te dejas aconsejar, me parece que la paciencia es la virtud más valiosa, la que te va a ayudar a ser más feliz y estamos aquí, en este mundo, para ayudarnos a ser felices".

Irene Sánchez Escribano lo ejemplifica a través de su padre. "El día que hice la marca para el Mundial de Londres compró los billetes de avión y las entradas al estadio para toda la familia sin decírselo a nadie". Porque esa también es la magia de un dorsal en el pecho que no se sabe si se parece a la de la bata blanca en el hospital o a la de esos exámenes de anatomía en la universidad "que tambien son imposibles de aprobar sin estudiar". Así lo resume María José que, a su edad, aprendió que "la vida son valores y los del atletismo pueden valer para toda la vida".

De hecho, Irene vuelve a representarlos a través de alguien más viejo que ella, su padre, ese funcionario de prisiones "que siempre nos dice a mi y a mi hermana, que es velocista de vallas, que en nuestro caso ha sido al revés. Hemos sido nosotras las que le hemos educado a él. Hasta que empezó a llevarnos a clase de atletismo fumaba y no llevaba una vida sana. Sin embargo, ahora corre y hasta preside un club de atletismo".

Hija de profesores, Marta también le pone sentido a la vida. "Vi claro que si dejaba de estudiar por correr no iría bien". Y el resultado está hoy en el Mundial de Londres, donde no habrá perdón porque competirán con las mejores atletas del planeta en su distancia. Pero será una clase práctica o una experiencia como lo será el día que llegue el MIR, donde cualquiera de las tres, Irene, Marta o María José, volverán a encontrar esa palabra, competencia, con la que se familiarizaron desde que dejaron sus ciudades para venir a entrenar a Madrid. La diferencia es que hoy ya son algo más que atletas de élite. También son licenciadas en medicina como si Doctor Zhivago volviese a empezar.