Publicado: 09.05.2015 17:17 |Actualizado: 09.05.2015 23:27

Nadal se abona a una nueva final en Madrid

El español se deshace de Tomas Berdych por 7-6 y 6-1. Se cita con Andy Murray para lograr su tercer título seguido. 

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El tenista español Rafa Nadal golpea la bola contra Berdych. /EFE

El tenista español Rafa Nadal golpea la bola contra Berdych. /EFE

MADRID.- La solidez inicial de Tomas Berdych quedó reducida a cenizas y el español Rafael Nadal se colocó por séptima vez en la final del torneo de Madrid con una victoria por 7-6 (3) y 6-1 ante el checo, su verdugo en el Abierto de Australia, la mejor que ha logrado en lo que va de temporada. 

Nadal liquidó la contienda en una hora y 43 minutos y luchará contra Andy Murray este domingo para lograr su quinto título en el torneo madrileño y el tercero consecutivo. Además, Nadal vuelve a situarse en una final de Masters 1.000 tras un año sin hacerlo. La última vez que sucedió fue en Roma en 2014.



Con una temperatura cercana a los 27 grados centígrados se disputó la contienda y con el sol en todo lo alto brilló la derecha invertida de Nadal, ésa que le ha dado nueve títulos de Roland Garros y que casi siempre abre huecos donde no los hay en las defensas de sus rivales.

Nadal necesitó tiempo para sentirse a gusto en el duelo. Quizás su memoria guardaba todavía el amargo recuerdo de los cuartos en Melbourne, donde fue arrasado por Berdych con un 6-0 demoledor en el segundo set, quebrando el checo la racha de 17 derrotas ante el español.

Y quizás había nervios en Rafa, cuyo revés flaqueaba para dejar que la derecha del checo entrase con profundidad y de forma demoledora, en unos inicios desesperanzadores para el de Manacor, que intentaba estar rápido de piernas para contrarrestar los bombardeos de su rival.

En esos comienzos, Nadal no encontró forma de restar. Y así, el único punto que ganó fue una doble falta de Berdych, que mantenía su servicio al nivel con el que destrozó al gigante estadounidense John Isner en cuartos salvando una bola de partido.

Pero tanta regularidad de Berdych en tierra era algo insólito. Poco a poco, su agresividad bajó de nivel y Nadal se aprovechó de ello. Los únicos puntos de rotura de este parcial fueron para el español, que no concedió ninguno. Todo quedaba decidido para el desempate, en el que Nadal ofreció un recital con su derecha para apuntarse el set en 53 minutos.

Berdych bajó los brazos en el segundo set

La desconcentración llenó el cerebro de Berdych después y el pupilo del venezolano Daniel Valverdú encontraba excusas donde no las había, como sus quejas al juez de silla por el reflejo de los abanicos del público, que al parecer le descentraban.

El saque del checo bajó de efectividad y Nadal entró en el partido con mando, rompiendo en el cuarto juego, con su derecha en paralelo, cercenando de golpe las esperanzas del checo, que quedaron reducidas a añicos ante la confianza del español, al que al final le entraba todo, por difícil que pareciera, mientras Tomas miraba las líneas que Rafa tocaba.

Nadal acabó con su saque intocable, sin una sola bola de rotura en contra, y rompiendo al checo dos veces en nueve oportunidades. Como toda la semana, fue de menos a más, pero este sábado jugó su partido más completo, más al estilo Nadal, incisivo y dominador. Recuperando sus sensaciones.

Ganador en Buenos Aires (ATP 250) del único torneo que este año figura en su palmarés, el duelo contra Berdych (séptimo del mundo) supone para Nadal su mejor victoria este año, mejor aún que contra el búlgaro Grigor Dimitrov (11 del mundo) este viernes.

Más si se tiene en cuenta que Tomas ha sido finalista esta temporada en tres torneos, Doha (contra David Ferrer), Rotterdam (contra Stan Wawrinka) y Montecarlo (contra Novak Djokovic), y que ha alcanzado al menos las semifinales en siete de los ocho torneos disputados.

Más entrada la noche, Murray sentenció con más facilidad de lo previsto ante el japonés Kei Nishikori, finalista el pasado año, por 6-3 y 6-4 una hora y 37 minutos, para ganar su octavo partido consecutivo en tierra, en dos semanas históricas para él, pues llega de ganar en Munich su primer título en esta superficie y alcanzar ahora en la capital española su primera final en arcilla en un Masters 1.000.