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Nadal da el último paso

La victoria en Nueva York lo convierte en el séptimo hombre en ganar en los cuatro templos del tenis mundial. El español consigue la excelencia después de la lesión de 2009 que puso en duda su carrera

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'Hace diez meses parecía que nada iba a ser lo mismo'. Nadal reconoce lo que no aceptaba cuando estaba lesionado: tuvo miedo. Y es normal. En el año 2008 fue el mejor, su título de Wimbledon le mostraba como un número uno y la vida le sonreía. Parecía hecho de otra pasta y sólo una desgracia podría apartarle de la gloria. Aquella pena llegó y sembró de sombras las ilusiones pero, como siempre en Nadal, su ambición le devolvió a lo más alto. La victoria contra Djokovic en Nueva York le permite cerrar el Grand Slam ya había vencido en los otros tres torneos que componen la gesta, Australia, Roland Garros y Wimbledon y conseguir su noveno grande. La leyenda aumenta al mirar su documentación: Nadal aún tiene 24 años y carrera por delante.

Para vencer el último escalón tuvo que hacer algo que en él es costumbre pero en otros parece un mundo: brillar cuando los nervios son máximos. 'He jugado el mejor partido de mi vida en el Abierto de Estados Unidos y en el día que más lo necesitaba', dijo. Cuando Djokovic falló el último punto se tiró al suelo y empezó a llorar. Había ganado un partido marcado por las interrupciones de la lluvia, empezó un día tarde y tuvo que ser cortado a mitad del segundo set. El serbio lo intentó todo, tanto defenderse como atacar, pero no pudo igualarse a Nadal.

'Soy un superprivilegiado y doy gracias a la vida'

El último escalón para el Grand Slam no podría haber sido en otro sitio que en Nueva York, el lugar que peor se ajusta a sus condiciones. 'Por muchos motivos este es un torneo muy difícil para mí, siempre me había pasado algo y esta vez he llegado en plenitud de condiciones', afirmó.

Nadal, con todo ya conseguido, hace balance y ve muchos motivos para sonreír. 'En mi vida me hubiera imaginado estar donde estoy, poder disfrutar con 24 años de lo que he vivido y lo que he ganado. Soy un superprivilegiado y doy gracias a la vida', remarcó.

Haber ganado todo no significa, eso sí, haber satisfecho la ambición para toda su carrera. Aún queda camino por recorrer y Nadal no piensa modificar los ingredientes que le han convertido en una leyenda: 'Lo que debo hacer es seguir trabajando y mejorando e ir paso a paso, que es como me han ido bien las cosas'. Tiene incluso decididas cuáles son las facetas a superar: 'Debo ser más agresivo y jugar con calma cuando reste. He mejorado pero no soy perfecto'.

El reto máximo, sin duda, es quitarle a Federer la primacía en la historia del tenis, un objetivo que Nadal, como siempre en él, observa con extrema cautela: 'Nunca me he planteado ser mejor que Roger y 16 títulos de Grand Slam son demasiados'. Su rival de ayer, Djokovic, no está de acuerdo con el español. 'Es frustrante jugar contra Nadal porque cada vez lo hace mejor. Tiene la capacidad para ser, un día, el mejor de la historia. Le quedan muchos años por delante', aseguraba el serbio.

Con su victoria, Nadal certifica un 2010 mágico, una temporada en la que todas las expectativas quedaron empequeñecidas por los resultados, el momento en el que un jugador se convirtió en mito.