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Nadal diseña la leyenda

El número uno del mundo vence a Youzhny (6-2, 6-3 y 6-4) y se clasifica para su primera final del US Open

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Una barrera menos. Casi ninguna queda en pie. Nadal jugará la final del Abierto de Estados Unidos, otra cita con la historia. Nunca antes se ha visto en la pista Artur Ashe, la más grande en el tenis, con la posibilidad de levantar el trofeo. Es el último reto, el paso definitivo para que su nombre se convierta en leyenda.

Llegar a tan alto escenario ha sido un paseo militar. Cada partido que ha jugado lo ha dominado con furia, no ha dejado escapar ni medio punto, es posible que nunca antes hubiese llegado al nivel que ha exhibido en este torneo. Contra Youzhny fue más de lo mismo, una asfixia constante contra un buen jugador que vive en una dimensión distinta. Antes del encuentro el número uno comentaba la importancia de no dejar a su rival coger terreno. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero el balear ayer cumplió con el guión con creces.

Nadal eligió su derecha para dominar y mandó a su rival a varios metros detrás de la línea, donde más les duele a los tenistas jugar. Desde esa posición, todo fue coser y cantar. Los saques entraban a velocidades altas y siempre encontraban el punto débil del rival. El movimiento en la pista, como siempre, magnífico, ni un solo factor en contra, todo funciona como debe funcionar. Al final 6-2, 6-3 y 6-4.

El partido fue un monólogo. Además de un manual de tenis Nadal es un libro de amor propio y espíritu de superación. Su filosofía en el tenis es pensar que no hay sueño imposible ni muro que no se pueda derribar. Cuando era un joven de pantalones pirata y camiseta sin mangas se le veía sólo como un terrícola, un jugador pensado solo para brillar en la tierra parisina. Durante un tiempo fue así pero el balear, a su manera, es un rebelde y no estaba dispuesto a quedarse en eso. El tiempo le ha dado la razón.

Sus condiciones físicas y técnicas son magníficas, pero en lo que realmente es el mejor, es en la ambición absoluta y el gusto por mejorar día a día. Nadal está por derecho propio entre los mejores de todos los tiempos, pero hoy puede dar el paso definitivo para reducir aún más la lista. Ni Borg, ni Connors, ni McEnroe, ni Sampras, ni Lendl, y así hasta el infinito. Ninguno ha ganado los cuatro torneos principales, reto que conseguiría hoy Nadal. Sus compañeros en el olimpo serán Laver, Budge, Perry, Emerson, Agassi y Federer. Todos superaban la edad de 24 años cuando consiguieron la gesta. Ninguno tiene el oro olímpico. La lista que suma todo eso sólo puede ser la de Nadal, que, con nueve grandes, se convertiría también en el séptimo de la historia con más éxito. Una leyenda.