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Nadal gana un choque enrarecido

Vence por 7-5 y 6-2

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El ojo derecho de Djokovic destrozó el partido. Era un choque con los mejores ingredientes, pero se echó a perder. La revancha del Abierto de Estados Unidos prometía convertirse en una auténtica guerra. Dos jugadores muy en forma. Dos auténticos atletas que se conocen de sobra. Se planteaba un duelo entre dos tenistas serios, hiperconcentrados. Así comenzó. Pero la intensidad sólo duró ocho juegos. El resto fueron minutos basura.

Hablemos del inicio, cuando se jugó tenis de verdad. Los saques eran vertiginosos (Nadal no tuvo problemas en llegar a 210 kilómetros por hora) y las derechas, de una potencia tremenda. La primera rotura de servicio llegó cuando el luminoso marcaba 2-2. La consiguió Rafa con un punto muy vistoso, respondiendo a una dejada de Djokovic (el serbio utilizó mucho este golpe en el primer set) con un derroche de velocidad. Pero el balcánico reaccionó, rompió también el servicio a Nadal e instauró el 3-3. La igualdad convertía el duelo en un pulso de alta tensión.

El partido cambió del todo en la segunda manga. Ya había muerto

Entonces se produjo el incidente que tiró el partido al contenedor. Djokovic comenzóa quejarse, a restregarse el ojo derecho, a hacer gestos de incomodidad. Le aplicaron un colirio pero siguió gesticulando. Con 4-4 en el marcador, Novak se fue al vestuario a cambiarse las lentillas. A partir de ahí, todo el choque gravitó en torno a su ojo derecho.

Nadal obtuvo una rotura decisiva que le puso con 6-5 a favor. El balcánico parecía desinflado. El set cayó del lado del manacorí y, en el descanso, apareció el médico para un nuevo examen ocular. Nadal protestó por los excesivos parones del partido.

En la segunda manga se comprobó que el partido había cambiado para siempre. Había muerto. Del excelente nivel de los primeros ocho juegos se pasó a un tenis plano, más conservador. Hasta Nadal pareció acomodarse.

Nadal: 'Ahora estoy obligado a ganar al menos un set a Berdych'

El español situó un 3-0 en el segundo set con una facilidad insultante. Sin moverse. El serbio despertó algo. Jugaba golpes sueltos, como si no quisiera desgastarse en su merma ocular. Pero Nadal estaba con ganas de terminar, entre enojado y aburrido del partido. Sus últimos saques fueron una metáfora de lo sucedido. Nadal, serio, enganchó dos servicios potentes y se llevó la manga por 6-2 porque Djokovic ya no estaba.

En el primer duelo, el checo Berdych, único debutante en este Masters (ahora denominada Finales de la ATP) derrotó al estadounidense Roddick (7-5 y 6-3). Esto deja a Berdych y a Djokovic con opciones similares de acceder a semifinales. Y complica un poco a Nadal, que ayer reconoció estar obligado a ganar al menos un set mañana. La derrota de Roddick, en una hora y 25 minutos, supone la primera que sufre ante el checo desde 2008, en Tokio.

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