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Nadal gana a pesar de su servicio

Bennetau tuvo bola de partido

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Lo que en Toronto eran síntomas en Cincinnati es enfermedad. En el torneo canadiense Nadal no parecía fresco, pero tampoco era preocupante, pasó las rondas que tenía que pasar y perdió con excusa en las semifinales contra Murray: es un gran jugador y estaba más rodado que el español.

En aquel momento la excusa valía, pero una semana después las dudas se vuelven más oscuras. Nadal ayer ganó a Bennetau por el simple oficio, porque a sus 24 años es un experto y sabe sufrir como nadie, pero no porque su tenis fuese superior al del francés, un tenista que, en condiciones normales, no le llega a Nadal a la altura de la cadera.

El español tiene motivos para tener miedo porque el Abierto de Estados Unidos, el tan anhelado premio de final de temporada, está a sólo una semana y media. El problema fundamental, como tantas otras veces con Nadal, es el servicio. Tiene mucho mérito haber llegado a ser número uno y ganado ocho Grand Slams cuando tiene un saque que no está entre los cincuenta mejores del circuito.

El servicio carece de fuerza y, además, es irregular. Es decir, en los días buenos es competitivo y lo puede maquillar, pero en tardes como la de ayer se convierte en una pesadilla profunda que le obliga a ser el mejor en el resto de las facetas del juego. Los grandes tenistas son capaces de descansar con su servicio, saben que es terreno ganado y pueden descansar las piernas viendo como sus rivales se desgañitan buscando saques a más de 200 kilómetros por hora.

Nadal, por el contrario, necesita dejar el alma en todos los puntos, tanto en los que sirve como en los que resta. Un trabajo hercúleo que lleva años intentando mejorar pero con el que no encuentra respuestas. Sí, de vez en cuando acierta y tiene rachas mejores, pero cuando el físico decae . La mecánica no funciona.

A pesar de todo, el espíritu sigue ahí. A Nadal le encantaría ser uno más, tener un servicio potente y dominar desde el principio cada punto, pero simplemente no puede, todo eso lo reemplaza con un amor propio que le ha permitido llegar a la luna.

Cualquier jugador normal ayer hubiese entregado la cuchara. No es tan importante el torneo y con una bola de partido en contra no merece la pena luchar. No en el mundo de Nadal, que se repuso y terminó ganando 5-7, 7-6 y 6-2. Junto a él estarán en la siguiente ronda Djokovic y Murray.