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Nadal sigue sin poder con Djokovic

Tras casi cuatro horas de tenis de la mejor calidad, el serbio se impuso al mallorquín en el Open de Estados Unidos

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Nadal no puede con Djokovic, los hechos son testarudos. No existe ningún reproche posible a su actitud, una y otra vez lo intenta, se agarra a la pista, corre hasta cualquier envío que le mande su rival. Pero no puede, hoy en día el serbio es superior a él, es el mejor tenista del planeta y está en medio de una luna de miel constante con el deporte de la raqueta que empezó en diciembre del año pasado. No hay presión suficiente que le haga desfallecer, lo suyo es grande, muy grande, tan grande como los tres Grand Slam que ha vencido este año, el mismo número que consiguió Nadal en 2010.

Fue la final del Abierto de Estados Unidos un partido colosal, maravilloso, lleno de alternativas y rachas, con puntos increíbles y una intensidad que sólo los mejores pueden resistir. Nadal y Djokovic son parte de esa pequeña élite, no sólo de la actualidad sino de siempre. Se impuso Djokovic, quizá porque a Nadal le pudieron sus obsesiones al principio del encuentro y cuando se quiso dar cuenta ya era demasiado tarde como para reaccionar. Los dos primeros sets, donde el serbio puso tierra de por medio, empezó ganado 2-0 pero terminó sucumbiendo a los nervios y a la asunción de que el número 1, esta temporada, le tiene dominado.

En aquella racha todo le entraba a Djokovic, cualquier bola era posible para su raqueta, el servicio le funcionaba a pleno rendimiento. No, Nadal no se rendía, pero su ritmo no llegaba a tanto y en la cabeza se sucedían las imágenes de otros partidos pasados en los que el resultado, como ayer, fue favorable al serbio. 6-2 y 6-4, dos sets más competidos de lo que dicta el marcador pero evidentemente favorables al serbio.

Mejor fue la cosa en el tercer set, aunque Djokovic llegó a tener oportunidades muy buenas de llevárselo, pero Nadal, en un ataque de casta tan propio de él, se sobrepuso siempre a la adversidad y terminó llevándose el parcial en el ‘tie break'. Habían sido casi cuatro horas ya de tenis de la mejor calidad, de dos colosos en la pista, un duelo entre la mejor casta del deporte mundial. Las espadas en todo lo alto es un tópico que quedaba corto para definir la electricidad que flotaba en la pista Artur Ashe. Increíble parcial, quizá uno de los mejores de todos los tiempos puesto que los dos jugadores, pesos pesados de este deporte, mostraron todo lo que tienen sin dejarse nada en la recámara.

El cuarto, que fue el último, perdió todo el ritmo de los anteriores. Djokovic pidió las asistencias para rebajar la intensidad que tenía la historia, pero no era nada. Si lo fue lo del Español, un problema muscular, una lástima porque el partido de ayer, uno intenso y memorable, no merecía terminar con uno de los contendientes retorciéndose de dolor. Nadal no pudo más, se dejó llevar porque ya no podía entregarse como lo había hecho en todos los momentos previos.

Nadal y Djokovic, Djokovic y Nadal, dieron ayer una nueva lección de lo que tiene que ser el deporte. Intensidad, clase, fuerza, corazón. Ganó el número 1 por muchos motivos, porque fue mejor y porque el español tuvo miedo al principio del partido. Porque su físico y su tenis hoy en día están un paso por encima del de Nadal. Porque es muy grande. Perdió el español, pero salió de la pista Artur Ashe con la cabeza alta. En otro momento tocará ir al diván y analizar los miedos que ahora asolan cada partido contra Djokovic. De momento le toca reivindicarse, mostrar una vez más ese carnet que le muestra como un monstruo del deporte mundial. Nadal volverá a intentarlo, como lo hace en cada partido. Es la filosofía de vida que demuestra desde que cogió por primera vez una raqueta. Podrá ganar o no, lo cual no es cuestión menor, pero por encima de eso siempre estará su entrega.