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Nadal ya es Nadal

Rafa conquista su segundo título sobre la hierba tras aplastar en tres sets a Berdych. El doblete París-Londres acalla a los agoreros que habían sepultado al español

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¿Estamos ante una reinvención de Rafael Nadal? ¿Es ahora un jugador más consciente de su físico y que sabe dosificarse para aplicar en cada momento la energía necesaria? ¿Que sabe cuándo correr y cuándo esperar?

Si es así, lo que resulta indudable es que la nueva versión de Nadal es tan excelsa y demoledora como la anterior al sufrido 2009. Se vio en Roland Garros y ayer en la final de Wimbledon volvió a quedar patente. Ganó a Tomas Berdych en tres sets (6-3, 7-5 y 6-4). Era su segundo Wimbledon y su octavo torneo de Grand Slam.

El checo no fue aplastado. Sencillamente, transitó en cada set por la senda que le marcaba Nadal y en todas ellas él llevaba todos los números para ser el perdedor.

En las tres mangas, Berdych sirvió para mantenerse vivo en el último juego. En todos ellos, salió derrotado. El servicio del checo es uno de sus puntos fuertes. Hasta eso puede convertirse en irrelevante ante un jugador como el número 1 del mundo.

la hierba, Rafa es más número uno

El comienzo del partido ofreció atisbos del jugador que había derrotado a Federer. Berdych es peligroso cuando domina el ritmo del juego y empieza a lanzar pelotazos planos muy difíciles de alcanzar. Nadal no intentó enredarse en un duelo de misiles.

Era cuestión de no cometer errores con su servicio y esperar el momento adecuado. Llegó bastante pronto, en el séptimo juego. Las aceleraciones en el juego de Nadal ocurren cuando menos lo necesita el rival. Tanto en un punto como en el ritmo del partido.

De repente, el mallorquín superó a Berdych con un passing y después le lanzó un resto envenenado. A la primera opción, le había roto el servicio. Y fue llegar ese momento y aparecer todas las dudas en el juego del checo. El primer set cayó del lado de Nadal como si fuera un hecho inevitable.

El segundo set se inició con el único instante de esperanza para Berdych. Contó con tres oportunidades para romper el servicio del español. Además, se levantó bastante viento, lo que es un problema a la hora de sacar.

Pero en este Wimbledon nadie ha llegado muy lejos apostando a una sucesión de errores del español. A una doble falta, le seguía un segundo servicio ajustadísimo. Tras una bola lanzada fuera, venía un golpe pegado a la línea.

Berdych vio cómo se cerraba esa ventana que se había abierto en el primer juego. No volvió a abrirse en el resto del set. En el último juego, sacaba Berdych y el juego fue en blanco para Nadal. Es difícil encontrar un mejor ejemplo de superioridad.

Berdych ni siquiera pudo romper en una ocasión el servicio de su rival

Los números a veces mienten. Las estadísticas del partido no reflejaron tanta diferencia entre los dos tenistas. Incluso Nadal tuvo más errores que su rival (21 a 17) y casi el mismo número de golpes ganadores, incluidos tantos de saque (29 a 27).

Lo que importó es que –al igual que en la semifinal ante Murray– Nadal ganó los puntos decisivos. Tuvo seis opciones de break y aprovechó cuatro. Berdych tuvo cuatro y todas se le escaparon. Eso dice mucho de la ventaja mental que ha adquirido sobre el resto de jugadores.

Nadal ha repetido la gesta de 2008 (ganar Wimbledon y Roland Garros el mismo año) y lo ha hecho precisamente cuando Federer ha tenido sus peores seis meses en mucho tiempo.

Defiende muy pocos puntos procedentes del año pasado en el ranking, por lo que ahora aumentará su ventaja como número 1 y es probable que lo siga haciendo en los próximos meses. Federer empieza a quedar lejos.