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Nadie juega más que Xavi

El catalán supera a Raúl como futbolista de campo con más partidos

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La noche amaneció rara. Las radios e internet airearon primero una alineación con Iniesta, un poco más tarde otra con Silva en el puesto del manchego y, por fin, una tercera y definitiva con el héroe de Suráfrica de nuevo en el once. Quien no se movió fue Fernando Torres. Ni un músculo. Del Bosque no sólo le despegó la etiqueta de titular. Le negó el uniforme y le sentó en la grada. El castigo hizo mella en el delantero del Chelsea, cuyo gesto se volvió más taciturno y deprimido a medida que Negredo, su sustituto, afinaba la puntería. La megafonía, averiada, enmudeció hurtando a los espectadores la pertinente y emotiva ceremonia de los himnos. Mohína, como la noche, La Roja arrancó lenta, torpona y fría. Hasta que apareció Xavi y encendió la luz.

El centrocampista catalán le regaló la llave a Negredo en forma de excelso pase para que abriera el marcador y dio el definitivo portazo al encuentro, y a la clasificación para la Eurocopa, con el tercer gol. El azulgrana selló así, con dos pinceladas de clase suprema, su pasaporte hacia la historia numérica de la campeona del mundo. Desde ayer es el futbolista de campo que más veces, 103, ha vestido la zamarra roja. Supera a otra leyenda, Raúl (102).

Del Bosque: «Estamos acostumbrados, pero clasificarse no es fácil»

La noche fue pródiga para la estadística. Así, Casillas ya es el jugador que más partidos oficiales ha disputado con España, 79. Adelanta en ese guarismo parcial a Zubizarreta y está a dos pasos de empatar con el exportero vasco en la primera posición global en número total de encuentros internacionales: 126.

Además, Xabi Alonso suma 89 citas, una más que Torres y las mismas que Hierro. Por último, Villa abrillantó el marcador y su trayectoria con dos tantos. Se destaca como máximo goleador, 49, de la historia de La Roja y, curiosidad culé, iguala con 13 a los máximos artilleros del Barça con España: Basora, Suárez y Salinas.

Certificada la paliza a la débil Liechtenstein, Del Bosque se olvidó del fútbol y atendió a la diplomacia. Manejó los tiempos de descanso siempre mirados con lupa por Barça y Madrid. En el descanso entró Cesc por Xavi y luego Ramos dio la alternativa en partido oficial a Thiago, lo que le blinda como español frente a los cantos de sirena de Brasil. En esa línea sutil, el seleccionador dejó que Logroño ovacionara a Llorente.

El entrenador español pudo restañar en parte la herida atlética abierta con el ostracismo de Torres. Pudo romper un veto de tres años y siete meses sin un rojiblanco defendiendo la roja. De hecho, convocó a Domínguez, pero se lo dejó olvidado en el banquillo.