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Navarro gobierna

Liquidó sin prisa a un Baskonia que le retó a través de Logan

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Navarro no tuvo perdón. Jugó en otra categoría frente a un Baskonia que se rindió a la evidencia. Su papel fue meritorio, casi heroico en el segundo cuarto en el que volvió a la tierra. Apareció Logan, que se lió a contestar a Navarro con la valentía que nace en la calle. Entre los dos levantaron un partido de ida y vuelta, casi vietnamita y sin tiempo que perder. Ribas ayudó a Logan. Encontró la pausa que a Huertas le parecía imposible y el Baskonia se asomó a la ventana. Lo hizo con propaganda e intención. Sólo se colocó a un punto (32-31), en un ejercicio de educación física. La realidad es que aún quedaba medio partido, una vida que soportarle al Barça, a esa sociedad que lidera Navarro en la que hay de todo, desde arquitectos hasta pinches de cocina.

El tercer cuarto anuló el partido. El Baskonia no murió, sólo se entregó a la policía. Logan se había quedado sin vida. Navarro tenía varias más, todas tal vez. Logan, en realidad, pagó el precio de los insurrectos. Aceptó el negocio de intentar seguir el ritmo de Navarro. Y lo hizo, sí, pero las consecuencias fueron importantes. A esas horas, la energía de Barac, un tipo capaz de enfrentarse a un ejército, no fue suficiente. La diferencia recorrió la carre-tera nacional y el partido volvió al primer cuarto, en el que el Baskonia no consiguió despegar la cabeza de la almohada.

El Barça estiró la noche casi hasta los 20 puntos. Para entonces, Navarro, que logró un triple casi desde el suelo, pasó al descanso. También lo hizo Anderson, al que el día de mañana se recordará como un tipo puntual desde cualquier esquina. Y Perovic, que hizo desertar a Teletovic, que ha pasado sin altavoz por el Palacio. Sobre todo, anoche no apareció nunca, ni antes ni después de que hubiese partido. El Barcelona fue un vencedor sin incertidumbre, que aminoró el paso a su manera. En realidad, fue una noche más, el retrato del año. Hay una vida que se escribe a partir de Navarro. La otra vive en los demás y consiste en ver el minuto en el que se le puede aguantar. El Baskonia llegó hasta el 20 y fue suficiente para volver a gusto a casa, con sensación de deber cumplido. Porque ya se sabe que, finalmente, la realidad es lo único que no tiene remedio. Y no hay más que pensar en Navarro. Un tipo de otra época, quizá.