Publicado: 25.12.2015 10:14 |Actualizado: 25.12.2015 10:14

La Navidad de un entrenador en paro

El turrón no corre peligro y algunos como Víctor Muñoz aprovechan para irse de vacaciones a esquiar con la familia. "Así te quitas el fútbol de la cabeza, porque el entrenador es productivo, no para nunca".

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El turrón no corre peligro y algunos como Víctor Muñoz aprovechan para irse de vacaciones a esquiar con la familia. "Así te quitas el fútbol de la cabeza, porque el entrenador es productivo, no para nunca".

El turrón no corre peligro y algunos como Víctor Muñoz aprovechan para irse de vacaciones a esquiar con la familia. "Así te quitas el fútbol de la cabeza, porque el entrenador es productivo, no para nunca".

MADRID.- El turrón esta vez nunca corrió peligro. Ni siquiera fue una leve amenaza. Es la Navidad de los entrenadores en paro, un gremio alto porque cada vez hay más carnets y las plazas son las mismas. Y eso no es fácil para hombres acostumbrados al jaque mate los domingos. Un paréntesis en el que uno descubre con más fuerza los límites del entrenador y en el que las vacaciones no tienen el mismo encanto. Pero son las cosas que pasan entre los entrenadores, hombres distintos, a los que ni siquiera contenta el hecho de poder tener la vida resuelta.

El ex futbolista de Madrid o Zaragoza Juan Eduardo Esnáider, que no entrena desde que dejó el Córdoba en 2013, lo explicó como nadie: “Hay futbolistas que mientras juegan se lían a comprar pisos, terrenos o lo que sea y piensan que así solucionan su vida. Pero luego, cuando llega el momento, son los primeros que se preguntan, ‘¿me voy a dedicar el resto de mi vida a cobrar el alquiler de esos pisos?’”.



Esnáider es ahora uno de esos entrenadores en lista de espera como pasa con Pablo Alfaro que, a pesar de ser médico y de ejercer de presentador en la televisión nacional, no sospecha de su futuro. “Tengo entre ceja y ceja ser un buen entrenador”. De ahí que nuestra geografía esté invadida por entrenadores sin trabajo, la mayoría vocacionales y capaces, por ello, de esperar sin tiranía. “No queda otra”, interviene desde su domicilio Víctor Muñoz que un año después de dejar el Zaragoza, continúa en paro, la segunda Navidad consecutiva.

“Pero no dramatizo. Me lo tomo con naturalidad. Supongo que esto también depende de la forma de ser de cada uno, pero yo llevo tantos años trabajando en el fútbol que no hay casi nada que pueda sacarme de quicio”. Así que se trata de ser positivo como tantas veces reivindicó Lotina, acostumbrado a largas fases en paro antes de emigrar a Qatar. “Ahora, un libro me dura tres días”, decía. “Cuando estoy trabajando, no puedo: me descentro enseguida”.

La ansiedad está bajo control. Al menos, eso promete Víctor, que ni siquiera se excita cuando escucha el sonido del teléfono y se establece la incertidumbre

La ansiedad está bajo control. Al menos, eso promete Víctor, que ni siquiera se excita cuando escucha el sonido del teléfono y se establece la incertidumbre. “El gusanillo siempre existe, pero ya está controlado”. José Alberto Toril también pertenece a esa cuadra de entrenadores desempleados desde que dejó el Castilla en 2013, en la época de Mourinho. “Claro que desearía volver a trabajar, pero si no lo he hecho es porque todavía no ha llegado esa oferta que más me convenga a mí y a mi familia”. Así que una Navidad más Toril pertenece a ese tipo de gente que sigue deseando volver a escuchar el látigo de la presión sobre sus cabezas. “Porque uno siempre prefiere el estrés de la profesión”, sostiene Víctor Muñoz.

“Naturalmente, es una buena espera, pero un entrenador, aunque no esté trabajando, siempre es proactivo. No para de ver fútbol, de leer, de documentarse o de formarse. Así que esta Navidad, como se para la Liga, uno puede aprovechar para desconectar a no ser que te dediques a ver los partidos de la Liga inglesa. Pero eso ya sería demasiado para mi familia. Prefiero dedicarles el tiempo a ellos y nos vamos de vacaciones a esquiar a Andorra”, continúa.

En realidad, la Navidad de un entrenador en paro tampoco tiene nada distinto. Su espera, como siempre, depende de la desgracia de un compañero tal y como explicó maravillosamente Lotina antes de emigrar. “Porque tal vez en España ya estaba más difícil para mí”. Y no sólo él, sino que ya es legión la de los entrenadores españoles que emigran al extranjero, a descubrir nuevos mundos como Benito Floro en Canadá, Luis García en Emiratos Arabes, Gregorio Manzano en China o Mendiondo en Israel.

Un planteamiento aceptable al que, sin embargo, no se someten otros entrenadores como Fernando Vázquez que pudo irse a China y prefirió esperar en casa y en los últimos meses ya ha sonado para Betis, Almería y ahora Zaragoza. “Me tienen que convencer de que no puedo entrenar en España antes de irme fuera”, asegura.