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Negredo alivia, pero no tranquiliza

El Sevilla gana al Zaragoza en un partido con muy poco fútbol

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Menos por menos es más, así que en el encuentro de dos equipos con tan mala racha como el Zaragoza y el Sevilla alguno de ellos tenía que salir con un cambio de signo en su caminar por esta liga. Al equipo de Marcelino lo primero que le faltaba era un eslogan. Una frase corta y pegadiza que definiera un poco de qué va la cosa. Fue el mismo entrenador el que dijo eso que a veces no tenía muy claro a qué jugaba su equipo.

Cambió el sistema, pero el equipo no perdió esa cierta apatía que le descabalga de los partidos en momentos determinados. Al Zaragoza, se le ve pesado, plomizo cuando hay que ponerse a potabilizar algo de esa sensación tan enmarañada que acompaña a toda su ofensiva.

La noche no cambió la dinámica complicada por la que atraviesan ambos equipos. Lo mejor de la velada fue el arranque del Sevilla. Autoritario, perseverante en la llegada en el área contraria y persistente en la presión arriba. Ahogó la salida del los maños para disfrute de Negredo. El delantero se hartó de tocar bola en ese golpe en la mesa tan esperanzador. La mejor señal de que las cosas marchan es que el goleador provoca el caos entre los centrales rivales. Tanto Lanzaro como Mateos se encontraron con una primera media hora sobresaliente del internacional. En ese catálogo exprimió la zancada dentro del área hasta que Mateos no tuvo más remedio que meterle la tijera y desentenderse del balón. El penalti claro lo marcó el propio Negredo.

Lo pasó mal un Zaragoza al que no le quedó más remedio que sacar alguna cuchilla demasiada violenta para detener esa presión del rival. La línea defensiva quedó retratada pronto con la tarjeta correspondiente.

Todo eso ocurrió hasta la primera media hora, a partir de ahí Marcelino se hubiese quedado otra vez sin respuesta a la pregunta de a qué juega su equipo. Los maños no dieron una a derechas en todo el partido, pero a base de fe y sacrificio desactivaron ese arranque con cierta autoridad del Sevilla.

Lo único que aclara algo el panorama a los de Aguirre cuando se hacen con la pelota es una carrera de la gacela Juan Carlos o un yo contra el mundo de Postiga. La conexión entre líneas está casi ausente, ni Lafita ni Luis García encontraron un poco de cartel en esta obra tan sosa.

El Sevilla sumó y se lleva el signo positivo, pero ni mucho menos dejó cerrada esta primera crisis de la temporada.