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Nirvana defensivo

El Levante logra su cuarto triunfo consecutivo ante el Betis

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El Levante de los prodigios se cree el mejor equipo del mundo desde hace unas semanas. Tiene una sobredosis de amor propio que le riega a chorros justo desde aquella cruzada victoriosa ante el Real Madrid. Ese botín le ha dado provisiones para muchas jornadas, hasta el punto de que ha rejuvenecido a una defensa del club de los treinta y tantos . En otro show impoluto de Javi Venta, Nano, Ballesteros y Del Horno basó el equipo azulgrana su triunfo ante un Betis tan punzante como siempre, pero con menos remate que en partidos anteriores. Son 14 puntos los que suman ya a comienzos de octubre. Un cuarto de la permanencia ya está en el petate. Quizá en la mochila de este equipo haya sitio para algo más que asegurar el puesto entre los mejores. Si Ballesteros le gana una carrera a Cristiano todo es posible.

Así de altivos se presentaron en el Villamarín, sin nada que esconder. Esos diez primeros minutos marcaron el estado de ánimo exultante del colectivo de Juan Ignacio Martínez. Desactivó cualquier planteamiento de Mel en el que la idea era ahogar al rival o meterle miedo. Sin señales de Beñat, el Betis no daba con el truco para quitarse el pegajoso dibujo de los valencianos.

La aparición del cerebro canterano hizo sonar la campana. El vasco empezó a suministrar a Jefferson Montero. El extremo le sacó una tarjeta amarilla a Venta, fue lo único que le birló en el tiempo que estuvo en el campo. Con ese juego por bandas se acomodó mejor el equipo verdiblanco. Hasta ahí llegaban las buenas noticias, puesto que Nano y Ballesteros sacaron el machete para desbaratar cualquier balón en buena disposición para Pereira o Santa Cruz. Cuando los centrales no daban más de si, Munúa empleaba bien las manoplas para despejar un disparo duro de Juanma.

Sin el porcentaje abrumador del arranque, el Levante cuidaba su posesión. Barkero es el tipo que aparece en la mediapunta sin grillete alguno para moverse por donde le apetezca. Intentó conectar con Koné por el centro, pero no hubo chispa. El contacto se produjo por los flancos, uno de los puntos a corregir por Mel visto lo visto en este arranque de la temporada.

Una pérdida de balón de Beñat pilló traspuesta a la defensa. Ni Juanma achicó a Valdo ni Chica adivinó la llegada de Juanlu por la banda contraria. El remate del exbético, con fortuna, se coló entre las piernas de Casto.

El efecto del gol noqueó al Betis unos minutos. Tiempo suficiente para que Koné se plantase en la finca del portero bético sin ninguna oposición. El africano estrelló su remate en el cuerpo del guardameta en una jugada que pudo tatuar para la eternidad la suerte de la calurosa tarde.

El empeño del Betis era el de los primeros partidos, pero había mucha defensa delante para encontrar el hueco definitivo. La segunda parte fue una sinfonía para cuarteto defensivo interpretada por la cuadrilla de treintañeros.