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"No hay ánimo de revancha"

Javier Aguirre, entrenador del Zaragoza. Mañana vuelve a verse con su exequipo

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Dos años después de su despido, Javier Aguirre (Ciudad de México, 1958) se vuelve a ver las caras con el Atlético, el origen de sus miedos. En el inventario futbolístico que quiso patentar el mexicano no quedó espacio para más dislates: le costó creer en el Kun, al que exilió en la grada durante el primer año (le sentó por detrás incluso del canterano VíctorBravo, del que nunca más se supo) y pidió cederlo en el segundo. Se deshizo del talento que le quedaba a la plantillaen el centro del campo para construir otro basado sólo en la destrucción y el pelotazo. Y nunca recibió el apego de la grada. Se fue sin que la grada, que sí le dedicó broncas afiladas, le mencionara una sola vez durante tres años en sus cánticos de afecto. Arropado por la prensa y los dueños, eso sí, se dilató en el club colchonero hasta febrero de 2009.

'No tengo que demostrar nada a nadie, es un partido más'

Con esos cimientos emocionales se espera algo más del partido de este sábado en La Romareda, aunque el Vasco se encarga de desmentirlo. Minutos después de perder ante el Hércules, el pasado domingo, Aguirre atiende a Público: 'No hay ánimo de revancha', sentencia, aunque sabe que pocos en su estadio le recordarán un bagaje en el que destaca su ausencia en la lista de méritos del club madrileño (nunca un entrenador con tantos años en el banquillo atlético lo había dejado sin un solo título). 'No tengo que demostrar nada a nadie, es un partido más', advierte, 'aunque nosotros nos jugamos mucho'.

Medirse a parte de su historia no le resta importancia a un duelo marcado, para muchos, como una reivindicación ante sus orígenes. Braulio, Gabi, Leo o Sinama también formaron parte del club del Calderón. La trascendencia, para el mexicano, se ciñe a los puntos, aunque valora el reencuentro: 'Tengo muchos amigos y eso hace que el partido sea especial. Voy a encontrarme con mucha gente que aprecio. No olvido que pasé casi tres años muy queridos allí'.

Ajenos a las urgencias que suelen convivir en vestuarios de los grandes, el calendario de desastres que mantiene a los de Quique en las últimas semanas no se traslada al presente de los maños, cualitativa y cuantitavamente peor parados que su ex- equipo. 'Todos los equipos vivimos de los nervios, créame, no sólo ellos. Si el Atlético está nervioso, es algo que yo no puedo controlar'. Aunque sí que le atañe cuando se ajusta la premisa a los suyos: 'Mi empeño es que mi equipo no esté nervioso. Eso es lo que me gustaría, no pensar en los demás'.

'Todos los equipos vivimos de los nervios, créame, no sólo el Atlético'

Aleccionado por los resultados de sus rivales una victoria en los siete últimos partidos, con cuatro derrotas consecutivas, lijar puntos a los de Quique no es, sobre la tabla, una tarea que requiera actitudes valientes: 'Es un partido más y, para los que luchamos por la permanencia, todos los partidos, de aquí al final, son complicados con independencia del rival'.

Aguirre apoya sus argumentos en su condición de local: 'Nosotros jugamos en casa y saldremos a por la victoria. Tenemos que recuperarnos cuanto antes de la derrota ante el Hércules'. No le impresiona el discreto papel con el que se asoma al choque el Atlético. Ni se le pasa por la cabeza que, por muchos agujeros que vea en su línea de flotación, sea uno de los equipos que termine haciéndose un hueco en la lucha por la permanencia. 'Ni me lo planteo. Ellos están diseñados para ir a Europa, y nuestra competición es otra, nosotros no estamos en su liga', confirma el mexicano con su memoria a media plazo intentando olvidar lo que le costó a él cumplir con el objetivo de situar a los colchoneros en el continente, aunque fuera entrando por la gatera, vía Intertoto. Al segundo año sí lo subió a la Champions.

La presión en la capital maña, alejada de los focos, tampoco es diferente para Aguirre. Desde finales de noviembre, como inquilino del banquillo, su trayectoria con el Zaragoza, al que llegó tras dirigir en Suráfrica a México, se sostiene con un brillante mes de enero que le hizo soñar con un nudo menos prieto, con las prisas en un retrovisor al que se han vuelto a acercar tras caer en Alicante: 'Hay muchos equipos apelotonados con la intención de salir de abajo. Nosotros estamos en la lucha y no podemos bajar los brazos. Sólo nos sirve seguir peleando'.