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"No he dejado la cama para perder"

El Madrid-Barça de la Euroliga revive viejas anécdotas

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Sólo citar el binomio les emociona. Les traslada a esa época de pantalones ceñidos y zapatillas sin cámara de aire. 'Entonces, un Barça-Madrid era el partido del baloncesto español', defiende Fernando Romay. Sus 213 centímetros se movían en la década de los ochenta en un Seiscientos que conducía desde el asiento trasero. 'Era otra vida', reconoce. Y otro baloncesto.

Durante 13 temporadas (1976-1993) fue el techo del Real Madrid y el primero en escuchar los silbidos del Palau Blaugrana. 'Antes, los duelos eran más fanáticos' que el que inaugura esta noche (20.45, Telemadrid) el Top 16 de la Euroliga. '¡Como que teníamos que entrar al Palau escoltados por la policía!', reconoce Jou Llorente. 'La gente te ayudaba a mentalizarte durante toda la semana. Ibas a un restaurante y te decían: ¡Hay que matarlos!. Ibas a comprar el periódico y el quiosquero te soltaba: ¡Tenéis que ganarles!', recuerda Juan Antonio San Epifanio.

Epi es una enciclopedia de los Madrid-Barça. Se le amontonan los recuerdos cuando se imagina de nuevo con esa camiseta roja que cubría sus hombros. 'Empecé marcando a Brabender y me retiré parando a Isma Santos'. Entre medias, aparecieron Delibasic, Dalipagic, Iturriaga, Biriukov... Y, por supuesto, Petrovic. 'Sin duda reconoce Epi, Drazen ha sido de los jugadores que ha tenido el Madrid que más me ha costado marcar. Siempre improvisaba'.

Petrovic, único para casi todo, fue, sin embargo, uno más de los que tuvieron que interiorizar esa tutoría de la que habla Romay. 'Cuando llegabas al primer equipo, los veteranos te empezaban a hablar de los duelos con el Barça. De lo que significaba la victoria para un equipo como el Madrid. De lo que debías a esa camiseta...'.

'Sin llegar al nivel de baloncesto de ellos, nuestros duelos eran como los Lakers-Celtics de Magic, Jabbar, Bird o Parish', afirma Llorente. Durante más de una década, la ACB alimentó sus finales entre estos dos equipos. 'No había margen de error. Por eso, aquellos duelos eran más clásicos que ahora. Apenas nos enfrentábamos tres veces al año: en la Liga regular, en la Copa y, después, la mayoría de las veces, jugándonos el título de Liga. No podías perder', asegura el antiguo base madridista.

El vértigo actual del calendario repite el enfrentamiento casi sin solución de continuidad. Además del duelo de esta noche, los equipos de Plaza y Pascual repetirán rivalidad en otras dos ocasiones (Copa y Euroliga) en menos de un mes. 'El Barça está ahora más regular que el Madrid', reconoce Epi, pero 'por mucha diferencia que haya entre los dos equipos en un año', refuerza Romay, 'casi siempre el margen que deciden estos partidos son seis puntos, dos triples que no son nada'. 'Está claro que este partido marcará el devenir de los otros dos enfrentamientos. El que gane irá con esa ventaja moral para la Copa', reconoce Llorente.

'Bueno, a veces llegar con una derrota tampoco venía mal porque afrontabas el partido con el apremio de que no podías perder', recuerda Romay. Como aquella temporada, a principios de los ochenta, en la que el Madrid ofrecía la misma irregularidad que el Madrid de Plaza del primer tercio de la temporada. 'Ellos nos sacaban tres victorias de ventaja en la Liga regular', relata el ex pívot madridista. 'Cuando llegamos al Palau, me hice el despistado y me colé en el vestuario del Barça. Vi que Aíto había escrito en la pizarra: El león herido es mucho más peligroso. Cuando llegué a mi vestuario lo comenté y recuerdo bien que solté algo así como: ¡Se van a enterar por llamarnos animales!. Al final, les ganamos'.

En 1989, aquel Madrid (Petrovic, Biriukov, Rogers y los hermanos Martín) construido única y exclusivamente para dibujar victorias, se consumió en la impotencia tras la victoria del Barça (96-85). La tercera Liga consecutiva de Aíto, como todas, formuló su intrahistoria para el Madrid. Derrotado en el primer partido, el equipo de Lolo viajó a Barcelona haciendo guiños al médico. 'Fernando (Martín), que no jugó el primer partido, se quedó en Madrid haciendo rehabilitación de un dolor de espalda. Además, Romay estaba tocado y a Chechu también le dolía algo', recuerda Llorente. 'La verdad es que lo veíamos bastante complicado', prosigue.

Todo cambió a la hora del café. 'De repente, se abrió la puerta del comedor del hotel y apareció Fernando (Martín). Al que más se le cambió la cara fue a Drazen. Incluso hubo algún aplauso, antes de que Fernando soltase una de las suyas: ¡No me he levantado de la cama para perder!'. La exigencia del antiguo 10 blanco caló entre sus compañeros. 'Ganamos, algo que nunca hubiéramos conseguido si él no hubiera aparecido', sostiene Llorente.

'Fernando siempre aportó algo en cada clásico', matiza con respeto Epi. Sus duelos con Audi Norris se han convertido en un dibujo histórico de los Madrid-Barça. 'Antes, llegábamos a un equipo y nos jubilábamos en él. Ahora, no. La constante rotación de los jugadores en las plantillas impide mitificarlas como en mi época', defiende Romay.

De hecho, el equipo de Plaza se presenta hoy en Vista Alegre con la duda de si Pepe Sánchez sigue siendo presente o pasado. El base argentino, iné-dito en los últimos cuatro encuentros, negocia con el Madrid su salida del equipo porque no quiere apurar sus últimos días de baloncesto en el banquillo. Por eso mismo se marchó este verano del Barça.

'Antes, nadie quería irse del Madrid', asegura Romay. Pero ahora el binomio ya no domina la ACB y las oportunidades se multiplican.