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La noche del himno en diferido

Mestalla vivió una fiesta rojiblanca y azulgrana pero TVE privó a sus espectadores de escuchar el himno nacional.

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Llegó el rey al palco, formaron los dos equipos, sonó el himno español y las gradas de Mestalla empezaron a escupir silbidos. La megafonía entró en decidida competencia a todo volumen para minimizar el efecto de los díscolos, pero no consiguió ensordecer la pitada. La Primera optó por que sus telespectadores no contemplaran la escena.

Decidió abandonar Mestalla y conectar con San Mamés y con un hotel de Barcelona desde donde aficionados de ambos equipos contemplaban la final. La realización de la retransmisión huyó en general de las gradas. Todo fueron planos muy cortos o muy largos. No querían dar publicidad a determinadas pancartas. Después, la cadena pública pidió disculpas por un 'fallo humano'.

Lo insólito es que, como si se tratara de un olvido, o quizás de China, la televisión pública ofreció la escena del himno en diferido en el descanso. Sólo se escuchó la música, nada de los pitidos. Y como imagen, los jugadores, y algún plano corto de aficionados escogidos: uno del Athletic, con la mano en el corazón.

'Lo bonito es que no hay peleas, ni nada de eso', comentaba tras el himno una señora. 'Ya veremos después del partido', contestó su amiga. Antes, desde luego, reinó la cordialidad festiva entre las hinchadas. 'Nunca había visto tanto vizcaíno junto', le decía un aficionado blaugrana a otro rojiblanco, sentados ambos en la terraza de un bar próximo a Mestalla.

'Estáis todo Bizkaia aquí, coño', exclamó a modo de colofón admirativo. 'Ya nos ganáis por 1-0', finalizó irónico. Eso sucedía fuera del campo, allí donde el furor removía un aire espeso que dificultaba la sensatez. Primaban las pasiones y sin duda la afición rojiblanca parecía más necesitada de triunfos. Por eso un hincha culé le deseó 'igualmente' suerte al alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna.

El entorno del Athletic hizo de la necesidad virtud. Y esa necesidad se palpó en cada metro de la capital valenciana, en cada bar, en cada rincón de la ciudad. La marea rojiblanca cubrió el Turia, en cuyo cauce situó el club bilbaíno una carpa que el martes escupió la música de Tequila y Juliette Lewis. De esa carpa, relativamente próxima a la del Barça, no dejaron de salir cánticos provenientes de la noche de los tiempos. La noche en que el Athletic fraguó su apelativo de Rey de Copas.

Hubo ración de paella compartida en la galería Color Elefante, donde la hermandad entre aficiones dejaba de vez en cuando paso al 'ni Barça, ni Madrid, A-thle-tic'. Ese tic se repetiría tanto que uno llegó a decir: 'Bueno, antes que el Madrid, el Barça'.

No lo escuchó Ramón Calderón cuando caminaba en dirección a la puerta de entrada de Mestalla. Perseguido por un aficionado culé que buscaba afectuoso su espalda, otros varios miraban a lo alto de unos edificios con banderas españolas en sus terrazas. '¡Y viiiva España!', corearon los azulgrana. Luego, ya en Mestalla, prosiguió el rugido de ambas aficiones. Y 'ari, ari, ari, Toquero lehendakari' abrió el marcador.

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