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Una noche en rojo

Alrededor del Bernabéu, sede del jolgorio en Madrid, se congregan 15.000 fans. España se echa a la calle para celebrar el pase de la selección a la final del Mundial

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De las bocas de cualquier calle, de cualquier plaza, de cualquier reunión con amigos en España anoche no pararon de pronunciarse lugares comunes. Todos irracionales. Todos con el alma en las palabras. 'Ya puedo morirme tranquilo', gritaba Jorge, un chaval de 20 años, con look a lo Villa. 'Uso hasta su misma marca de gomina', presumía con la voz quebrada por los saltos. 'Hoy -por ayer- es el segundo día más feliz de mi vida. El primero lo será el domingo cuando ganemos en la final a Holanda'. La que habla es Paula, madre de dos niñas, sin trabajo pero con una gran ocupación desde cuartos de final. 'Animar, animar y animar a estos increíbles bajitos'.

Porque nada refleja mejor el sentimiento de una nación que un Mundial de fútbol. Millones de almas en vilo. Una historia de 90 minutos que sólo tiene dos finales posibles: euforia o desolación. No cabe término medio. Como el que ayer soltaban por los poros Jorge y Paula. La marea roja que anoche se dio cita en los alrededores del Bernabéu, el lugar que toma la afición de la capital en cada partido de España, era una fiel muestra de ello. Más de 15.000 corazones españoles latían, sentían y padecían por su selección. Sus caras, pintadas con los colores de la bandera española, eran un reflejo del alma.

La noche fue muy larga en Barcelona, Ceuta, Valencia o Sevilla

Antes de llegar la hora de la verdad, Antonio Carmona amenizaba la tarde con su bum bum que ya aceleraba el pulso de los allí presentes. Unos minutos de tensión contenida antes de la cita histórica con la lejana Suráfrica. Una pantalla de 10x6 metros, auxiliada por otras tres de 4x3, marcarían el sino de La Roja en el Mundial.

Un camino al que sólo le falta un escalón para el título. Pero antes del gol de Puyol, el gatillo de la histeria colectiva, el ambiente empezó a caldearse con el recuerdo de las gestas de otros héroes de la mejor generación del deporte nacional. Los dos anillos de Pau Gasol, con los Lakers, los Grand Slam de Nadal, los Tour de Contador... 'Si ellos han podido, el fútbol también puede conseguirlo. Se lo creyeron con la victoria en la Eurocopa. Por eso, ahora todos somos más optimistas que hace dos años cuando el gol de Torres nos dio el título', razonaba Javier, un quinceañero que devora a diario la prensa en papel e internet.

La celebración del equipo español de la Davis en Francia se hizo notar

Su discurso se paró con el ruido seco del particular chupinazo de San Fermín que retumbó en el Paseo de la Castellana antes del partido. Minutos de tensión que se aplacaron con una exhibición de gimnasia rítmica y otra de música africana, mientras se repartían vuvuzelas. Los gritos en apoyo a Casillas, Villa y Pedro se multiplicaron con el pitido final. El inicio de la gran fiesta en España.

En Ceuta, el jolgorio se exteriorizó en la Plaza de la Constitución y en la playa de la Ribera. En Barcelona, los claxon de los coches anunciaban una larga noche de fiesta. Como en Sevilla y Valencia, sedes, durante muchos años, de los partidos de la selección. Incluso en la localidad francesa de Clermont Ferrand se escuchó los gritos del equipo español que juega ante Francia en la Davis.