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Objetivo: superar los 22 metales de Barcelona’92

El gran momento por el que pasa el deporte español hace soñar con una gran participación en Pekín. Pasar la barrera de los 20 metales está al alcance de la mano.

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Aquel gesto enloquecido de Fermín Cacho tras ganar la final de 1.500 en el estadio de Montjuïc supuso un cambio de estadio del deporte español. Aquel oro confirmó, además, que la genética puede ganar competitividad cuanto más dinero (plan ADO) se invierta en ella. Las 22 medallas (13 oros, 7 platas y 2 bronces) de los Juegos de Barcelona situaron a España en el mundo, más allá de las individualidades omnipresentes de Ángel Nieto o Severiano Ballesteros.

El panorama, dieciséis años después, ha acabado con cualquier retazo de éxito surgido por generación espontánea. El deporte español ha sumado al triunfo del individuo (Nadal, Deferr, Contador, Sastre, Paquillo, Gómez Noya...) el éxito colectivo (selecciones de fútbol, baloncesto, balonmano, waterpolo...) a base de método. “El azar cada vez reparte menos medallas”, asegura Iker Martínez, oro en la clase 49er en los Juegos de Atenas.

El método para acudir a Pekín ha sido más imaginativo que nunca. Si el técnico de hockey ha importado el tipo de césped artificial que encontrará su equipo en la competición olímpica, la seleccionadora de natación sincronizada pretende presentar el ejercicio de grupo con un bañador que cambie de color en función de la coreografía.

En vela, la ecuación del éxito pasa por una combinación equitativa entre pérdida de peso de los tripulantes, ante la falta de viento, con barcos construidos en fibra de carbono. Incluso, en atletismo, “donde el mejor método es correr más que el resto”, como afirma Chema Martínez, Paquillo Fernández ha completado las sesiones de kilómetros semanales con estancias de un minuto en cámaras a 160 grados bajo cero, en un pueblo perdido de Polonia.

“Llevamos más opciones de medalla que nunca”, asegura Alejandro Blanco, el presidente que ha convertido al COE en algo más que una agencia de viajes. Pekín augura el segundo gran salto de calidad. El método ha dejado, en estos cuatro años, por el camino a la ilusión exenta de competitividad.

En el país de Nadal, Freire, Cal, Gómez Noya, Paquillo, Pau, Mengual, Deferr, Isabel o Trujillo ya nadie acude a Pekín sin perspectivas de éxito.