Publicado: 26.08.2014 08:30 |Actualizado: 12.01.2015 21:03

El ojo derecho de Luis Enrique

El madrileño de ascendencia marroquí Munir El Haddadi es la última perla del Barça y nuevo ídolo culé. El técnico, que ha apostado por el joven de 18 años, enamorado por su esfuerzo, gol, movilidad y personalidad. "Quema etapas a una velocidad difícil de gestionar", admite

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Munir celebra su gol ante el Elche. EFE/Toni Albir

Podría pasar perfectamente como uno de los tantos secundarios de El Príncipe, la exitosa serie de Telecinco ambientada muy cerca de la frontera entre Ceuta y Marruecos. Para los que a estas alturas de la película aún no lo conozcan, Munir El Haddadi, de madre melillense y padre marroquí, nació en El Escorial (Madrid) hace ya casi 19 primaveras. Cumple años, de hecho, este mismo domingo, pero el regalo se anticipó siete días. Debut en partido oficial con el Barcelona en el primer encuentro de Liga del equipo. Regalazo.

El madrileño se lo ha trabajado, como la mayoría de jóvenes de la cantera, pero pocos creían en un ascenso tan supersónico. No moldearon tan a conciencia esta meteórica progresión como sí lo hicieron con Messi o Bojan, a los que por poco no ha dado caza como el más joven en golear con la primera zamarra azulgrana.

Algo vieron, sin embargo, los ojeadores del club en él cuando lo ataron en Majadahonda en 2011. El Madrid no le quiso y se adelantaron a clubes como el Atlético y muchos de los mejores de Europa para llevarse a La Masía al joven de 15 años que se hartaba a meter goles en el Rayo Majadahonda. Nada nuevo en un delantero. No ficha el Barça talentos sólo por su facilidad para marcar, porque de esos hay miles. Al equipo ténico culé le agradó también su sacrificio, su verticalidad, su inteligencia en el césped y su prodigiosa zurda.

Dio la razón la pasada temporada a quienes se fijaron en él al explotar en la UEFA Youth League (la Champions juvenil) con el Juvenil A tras haber eclosionado anteriormente en el B. Munir marcó dos de los tres goles con los que los chavales azulgranas se coronaron ante el Benfica. El último, espectacular, tras un gran control y un golpeo desde más allá del centro del campo. El speaker recitaba por segunda vez su nombre y el madrileño se señalaba el escudo, antes de amagar con quitarse la camiseta para celebrar tamaño gol. "Nunca lo olvidaré", afirma cuando rememora el momento.

El chico tiene estrella, se dijeron algunos en las altas esferas de la ciudad condal. Eusebio lo subió al filial del club y en los once choques que disputó hizo otros cuatro goles, los mismos que enchufó en la pretemporada con Luis Enrique. El asturiano, tan conocedor de la cantera como ignorante de la misma era Martino -y así lo demostró-, tiró del chaval para completar la plantilla en las diferentes rutas veraniegas por el continente. Ante la ausencia de los mundialistas y las estrellas, Munir aprovechó su oportunidad y se hizo hueco dejando fuera incluso a Deulofeu, que parecía llamado a ser el nuevo hijo pródigo de moda del Barça.

Tímido fuera del campo

"No me gusta hablar mucho por televisión, pero toca acostumbrarse"

"No me gusta hablar mucho por televisión, soy muy tímido", asegura. El desparpajo que aparenta no poseer frente a las cámaras le sobra en el césped, ya sea en un campo de Regional o en el Camp Nou. Con Sandro a su lado o un tal Messi. Mano a mano con el argentino, se deshizo del Elche el domingo. Munir, fiel a sus hábitos, volvió a marcar y compartió portadas con el de Rosario. Todos coinciden en aventurarse a hablar de su consagración o a señalarle como la próxima estrella. La prensa, el fútbol y el Camp Nou, tan acostumbrados a crear ídolos en una hora como a arrollarlos y despedazarlos a la velocidad de la luz. El momento de la verdad llegará cuando en unas semanas la delantera azulgrana ya esté al completo con Neymar y Luis Suárez.

"Quema etapas a una velocidad difícil de gestionar. Entrena igual que juega o mucho mejor, tiene gol, movilidad, personalidad, competencia. Nos ayuda, nos viene muy bien", le piropeó tras el partido Luis Enrique, poco dado a alabanzas gratuitas. "De pequeño me gustaba correr mucho, y ahora también. Eso es lo que hace que presione tanto. Me sale de dentro y al técnico le gusta", concede el madrileño, que reconoce que en la víspera de su debut apenas logró conciliar el sueño. Tiene una cláusula de rescisión de 12 millones que subirá a 35 cuando tenga ficha de la primera plantilla. Minucias para los colosos del fútbol.

El domingo se llevó la primera gran ovación de un Camp Nou ávido de nuevas caras y de jugadores con ganas de comerse el mundo. Puede que le toque empezar a habituarse, como a la prensa con la que tiene que convivir desde ya, pese a su introversión. "Toca acostumbrarse", dice con una amplia sonrisa. Apoderado por sus nervios, es una de las pocas prendas que suelta junto con el "sueño" que para él es jugar con Messi. No hacía más de dos años que se hacía fotos con el astro como uno más y ahora celebra los goles con él.