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Orgullo charrúa

La renacida Uruguay gana a México y evita a Argentina tras un duelo en el que el tongo quedó descartado desde el inicio

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Hacía tiempo que Uruguay no estaba a la altura de su camiseta. Languidecía en los recuerdos, en la mística de su escudo, en el Mundial del 30 y en el Maracanazo. Ensuciaba aquella frase de Eduardo Galeano que relacionaba la diminuta extensión de su territorio con la cultura pasional y su inagotable factoría de talentos. 'En vez de fronteras, Uruguay debería tener porterías', escribió Galeano para homenajear tanto fútbol sentido.

Uruguay se ha clasificado primera de grupo. Le bastaba el empate con México para lograrlo, pero se resistió a protagonizar un tongo. Tabárez lo dijo en la previa: 'Sería una falta de respeto hacia nuestra historia'. Uruguay salió a jugar con la celeste por delante y eso traduce en pierna dura, en manejar los tiempos y en matar a la contra.

Muy de fondo estaba la posibilidad del pacto porque Argentina amenazaba al segundo clasificado en los octavos de final. Ni uno ni otro querían ver a Messi y a Maradona de cerca. Así que las sospechas se desbarataron rápido. Se desató un partido intenso, de ida y vuelta. México menos clara con la pelota, Uruguay siempre buscando el punto ciego de la defensa mexicana.

A los siete minutos lo encontró Luis Suárez, que se plantó solo ante Pérez y se le fue por muy poco su suave pique cruzado. Pereira fue el siguiente que le descubrió otro roto a México, que le cuesta horrores correr hacia atrás. Al zurdo le pudieron las ansias de un gol en el Mundial. A su izquierda corría solo Forlán para empujarla, pero Pereira prefirió chutar.

La bronca de Forlán fue tremenda, es el cacique de esta renacida Uruguay. Arriba no tiene el sacrificio oscuro que le ha caracterizado, salvo en sus momentos más oscuros en el Atlético, donde parecía que su espíritu futbolístico había muerto. Forlán no se desgasta en labores oscuras. Tabárez le ha encomendado la función de todocampista. Baja mucho a recibir, arma y se despliega al frente de ataque. Igual lanza las faltas directas que las indirectas. A esos empellones de Uruguay respondió Giovanni con un derechazo desde 30 metros que dejó el larguero como un listón del salto de pértiga.

Los problemas de México para volver a su campo en situaciones de urgencia empiezan en Márquez y en Torrado, que viven ya más de la intuición del veterano que del despliegue físico. Nada que ver con lo que tenían enfrente. Diego Pérez, un Makelele con genes charrúas que se los comió a los dos cada vez que le porfiaban una pelota. Ambos defienden con esfuerzos reducidos y muy calculados.

A la contra, la línea de contención que forman es muy débil. Eso lo aprovechó Uruguay en la jugada del gol. Una apertura rápida a la banda para la elegante zancada de Cavani, que dobló el tobillo para dibujar una rosca al segundo palo que recogió de cabeza Luis Suárez. Se le esperaba al goleador del Ajax en este Mundial. Es un manual de movimientos y no se arruga con las patadas tobilleras por detrás. Al mismo tiempo llegaron noticias de los goles de Suráfrica.

Hubo una encadenación de vuvuzelas esperanzadas que agitaron a los aficionados surafricanos. En el segundo tiempo Uruguay se reservó para una contra y México atacó acosada por el miedo de quedar eliminada. Tampoco hubo conformismo. Por historia y orgullo no tenía nada que pactar.

MÉXICO: Pérez; Osorio, Moreno (Castro, min.57), Rodríguez, Salcido; Torrado, Márquez, Guardado (Barrera, min.46); Dos Santos, Blanco (Hernández, min.63) y Franco.

URUGUAY: Muslera; M. Pereira, Lugano, Victorino, Fucile; Arévalo, Pérez, A. Pereira (Scotti, min.77), Cavani, Suárez (Fernández, min.85) y Forlán.

GOL: 0-1, min.43. Luis Suárez.

ÁRBITRO: Viktor Kassai (HUN). Amonesto a Javier Hernández (min.77) y Castro (min.86), de México, y a Fucile (min.68), de Uruguay.

ESTADIO: Royal Bafokeng. 33.425 espectadores.