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Las otros malos de la película

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Las escenas de Mourinho acapararon reproches de la crítica. Fue el peor, posiblemente el principal responsable al que adjudicar el belicismo con el que acabó la cita, pero no fue el único malo de una velada que reunió al final muchos incidentes.

El culpable de la tángana final con su violenta patada por detrás a Cesc. No tenía ningún sentido esa agresión. Saltó al campo pasado de revoluciones como demostró en un salto con Messi cuando en el aire estiró la pierna para clavar los tacos en el muslo del argentino. También estuvo pendenciero en las trifulcas. Soportó gritos racistas por parte del público del Camp Nou. Fue expulsado y, por tanto, deberá cumplir como mínimo un partido de sanción.

Era el jugador más señalado al comienzo porque fue el más caliente en la ida. Comenzó seguro sin necesidad de brusquedades, pero en la segunda mitad dejó dos o tres acciones de las suyas. Sólo se fue del campo con una amarilla.

Fue a por Özil desde el momento en el que le vio introducirse en el barullo de jugadores que se formó tras la patada de Marcelo a Cesc. Primero le pegó un manotazo en la espalda al alemán y cuando este se giró le propinó un golpe en la cara que le costó la expulsión.

Se mete en medio de las discusiones con un empujón a Valdés, que éste le devuelve con un manotazo en la cara. Después de encararse con Villa y salir rebotado del follón no para de dirigirse en tono amenazante al delantero asturiano. Pepe y Carvalho se lo llevan. Cuando ve la tarjeta roja pierde los nervios definitivamente y vuelve a ir buscar a Villa. Higuaín se lo tiene que llevar.

Saltó del banquillo y se metió en el campo con la patada de Marcelo a Cesc. Fue víctima porque Mourinho le metió el dedo en el ojo, pero respondió a la agresión con un cachetazo en la cara al portugués que también captan las cámaras. Si el juez entra de oficio será sancionado.