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Pandiani castiga a un Sevilla marchito

Osasuna empata en el último minuto en un partido horrible de los locales

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El saltimbanqui se ha quedado sin red de protección. Ya no existe nada que le proteja del suelo. El segundo puesto en la liga era la coartada para no fruncir el entrecejo ante el juego del Sevilla en las últimas semanas. Pero ya no queda subcampeonato virtual que pueda enmascarar el bache por el que atraviesa el conjunto de Manolo Jiménez. Osasuna levantó ayer la alfombra en la que se habían escondido muchos reproches. La afición castigó con pañuelos el gris papel de un equipo que, pese a todo, sigue entre los cuatro primeros de la competición. Pandiani pulimentó una pelota suelta en el último minuto de partido para darle un empate a Osasuna. El delantero uruguayo castigó así el raquítico juego del Sevilla durante toda la tarde.

Los locales parecen empachados. El diagnóstico es el de una pesadez que no hay bálsamo que la cure. El equipo ha perdido cualquier atisbo de alegría. Sólo Jesús Navas pone algo de sonrisa. El canterano es como una gotera, siempre mantiene la misma cadencia y su melodía nunca termina. Domingo a domingo es la balsa en la que se suben su compañeros para no irse a pique.

Osasuna hizo lo idóneo. Correcto. Ni más ni menos. Sí estuvo listo a la hora de pringar el partido y hacerle la tarde incómoda al rival. Tuvo alguna ocasión, pero nunca se decidió a lanzarse por los tres puntos de cabeza. Supo imponer su estilo y eso ya es meritorio en el Sánchez Pizjuán. La probabilidad de puntuar pasaba por hacer el partido feo y Camacho lo consiguió.

La primera parte fue un horror. El Sevilla se metió en el fango hasta las rodillas. La jerarquía del centro del campo volvió a quedar en entredicho una semana más. Ante la incapacidad de conducir el balón jugado, se agarró al recurso del balón largo y a los brincos de Kanouté para bajar una pelota al tapete.

Osasuna cada vez se sintió más cómodo en un partido tan grasiento. No pasaba apuro alguno en su portería y picoteaba cerca de Palop en busca de alguna sorpresa. A partir del minuto 25, Navas calentó motores y comenzó a hacer daño por su banda. Fue lo único que salvó la primera mitad.

Nada cambió en la segunda mitad, ni para lo bueno ni para lo malo. Los de Jiménez seguían sin encontrar el botón de arranque y Osasuna seguía cumpliendo al pie de la letra con su misión. Un zapatazo de Navas desde fuera del área modificó el partido. Sin hacer nada, el Sevilla se había puesto por delante, logró lo más complicado. Abrir la lata.

Pero el equipo volvió a las andadas. Se metió en un agujero negro y se precipitó a la nada más absoluta. Con algunas faltas y balones bombeados, Osasuna metió el miedo en el cuerpo a la grada. Su ocasión más clara fue la definitiva y la que equilibró el partido. El gol de Pandiani sacó a airear las alfombras en el Pizjuán.