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El pasado halló su venganza

Iniesta enterró para siempre el amargor de los Mundiales

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Tenía que ser un tipo con los nervios de oro. Tenía que ser Iniesta el futbolista que acabase, definitivamente, con la nostalgia. Antes de que apareciese él en el vértice derecho del área, se habían fallado opciones más fáciles. Pero Iniesta ofreció una solución rápida a ese balón y le convenció de que la angustia no es tan malvada.

Al fondo quedaban esas amarguísimas fotografías de España en los Mundiales, esos amores que matan y que parece que nunca mueren. Y se demostró que en asuntos de amor a veces también gana el mejor. Y eso que anoche el pasado se llenó de coartadas con una pesadez inagotable, con futbolistas que invocaron a Satanás como De Jong, Van Bommel o Heitinga, que casi nunca pegaron al balón con buena intención. Qué lástima.

Anoche, el pasado se llenó de cómplices con esta gente, capaz de desnudarte sin quitarte la ropa. Llevaron el partido al único territorio en el que se imaginaban vencedores. Anoche, Luis Enrique volvió 16 años atrás cuandoTassotti le destrozó el tabique y el alma en Estados Unidos. Pero es que la de anoche no parecía una noche sincera. Por eso los malos, esos holandeses que parecen salidos de un reformatorio, simpatizaban con ella. Pero precisamente por eso la aparición de Iniesta adquirió más valor.

A esa hora, ya nadie tenía la frialdad para decidir en ninguna de las dos porterías. En realidad, España conocía esa poesía: la conocía Cardeñosa, mejor que nadie, desde el Mundial de Argentina 78 cuando tuvo toda la portería para él. Desde hace tiempo, trabaja en una compañía de seguros, pero desde anoche quizá sea un hombre diferente. Porque el gol de Iniesta también libera a los que convivieron durante tantos años con el error.

No sólo Cardeñosa. También Eloy en el Mundial de México 86 o Joaquín en el de Corea 2002, cuando tropezaron desde el punto de penalti. Eran épocas diferentes. En ellas, nadie se atrevía a soñar que un futbolista español tuviese el balón que decidiese el Mundial a falta de tres minutos. Por eso Cardeñosa hoy también se siente Iniesta. Y Eloy. Y Joaquín. Y todas esas generaciones de futbolistas españoles que no encontraron la verdad.

Ha sido un largo peaje en el pasado y en el partido de anoche, con el balón lleno de trabas. En realidad, el tránsito se hizo eterno. Casillas compensó los errores de Zubizarreta en el Mundial de Francia 98 cuando el balón de Oliseh le pasó por debajo de la tripa. Pero sus magníficas paradas, la serenidad con la que esperó a Robben, no fue suficiente para vencer. Después de tantos años, la victoria pedía dioses, no héroes.

Y fue cuando apareció Iniesta en el momento justo, en el que no se espera, sólo se sueña. Pero con esta selección hace tiempo que los sueños se burlaron del miedo. Había motivo. Lo hubo siempre, incluso cuando Villa se marchó en la segunda parte de la prórroga y España se quedó sin su goleador. A veces, como en el Mundial de Corea, cuando Raúl se lesionó, fue un dato imperdonable. Pero esta vez fue verdad: el pasado tenía el corazón oxidado y la madrugada se prolongó hasta el amanecer como sólo se soñaba en los cuentos de hadas. Pero eso era antes. Hoy, manda Iniesta, que tiene la boca de fresa.