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Los penaltis sonríen a Paraguay

Tras un partido flojo y sin alternativas, el japonés Komano mandó uno de los penaltis al larguero y permite a los guaraníes pasar a cuartos

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El duelo menos atractivo de los octavos de final se ajustó a esa etiqueta. Prórroga incluida. El Mundial asistió a su primera tanda de penaltis de manera justa. Por fútbol, ni Japón ni Paraguay acreditaron merecer un sitio entre las ocho mejores selecciones del mundo.

Fueron dos equipos con miedo a hacer el panoli. Paraguay porque tiene el orgullo de pertenecer a un continente que mira por encima del hombro al asiático y la derrota equivalía a humillación. Japón parece estar harta de hacer el guiri en los tres anteriores mundiales en los que participó. Durante todo el primer tiempo Okada metió a todo el equipo en su campo a defender. Y claro, lo hacen como japoneses, a destajo. Japón, con fama de país copiota, ha decidido poner en práctica en este Mundial la parte más insana que aprendió de este juego: el exceso de orden.

A Okada puede que los dibujos de Oliver y Benji lo pillaran ya crecidito, pero no debió perderse el episodio en el que Oliver no era capaz de sobrepasar una táctica denominada la jaula. Decidió salir sin un nueve puro: dejó a Okazaki en el banquillo. Lo apostó todo a la zurda de Honda, gripado como delantero porque es un centrocampista de creación al que ir al choque y pegarse con los centrales le va poco.

Lo suyo es el pase y el golpeo de balón. Ahí sí se aprecia que muchos de los futbolistas japoneses alimentaron sus sueños de fútbol con las curvas imposibles que dibujaba aquella estrella animada. En las jugadas a balón parado o en los disparos le imprimen efectos endiablados a la bola. Honda lo demostró con un remate de zurda con el exterior desde la frontal del área que se fue rozando el palo. Y Matsui estrelló una rosca en el larguero desde el borde de la medialuna. No hubo más Japón hasta los últimos diez minutos, ya con Nakamura y Okazaki en el campo. Entonces sí acorraló a Paraguay, pero sin nada para recordar.

Paraguay también enseñó muy poco. Si acaso que tiene un mediocentro, Ortigoza, con silueta de tractor. Argentino de origen, lo nacionalizó Martino para tener un mediocentro de jerarquía. Todo el fútbol paraguayo gira en torno a este futbolista con trazas de veterano de vuelta en Segunda B: Chaparro, percherón y pecholata, pero con un pase largo y un sentido de la orientación para el quite respetables.

Tiene pocos recursos en el medio del campo, si acaso, Riveros, que tiene llegada. Arriba, Barrios apunta buenas maneras, pero está pelado con el gol. Una buena maniobra en un palmo dentro del área la estrelló contra Kawashima. No encuentra Barrios la racha que lo ha encumbrado en el Dortmund junto a su socio Valdez. A este lo dejó Martino en el banquillo. Recurrió a él en segundo tiempo y le pudo solucionar el partido en un mano a mano forzado que también desbarató el portero nipón. Poco más hubo salvo la tensión por lo que había en juego.

Paraguay: Justo Villar; Bonet, Paulo Da Silva, Antolín Alcaraz, Claudio Morel; Néstor Ortigoza (Edgar Barreto, m.75), Enrique Vera, Cristian Riveros; Roque Santa Cruz (Cardozo, m.96), Edgar Benítez (Haedo Valdez, m.60) y Lucas Barrios.

Japón: Kawashima, Komano, Nakazawa, Marcus Tulio Tanaka, Nagamoto, Abe (Kengo Nakamura, m.82), Endo, Matsui (Okazaki, m.66), Hasebe, Okubo (Tamada, m.105) y Honda.

Penaltis: Edgar Barreto: gol (1-0); Endo: gol (1-1); Lucas Barrios: gol (2-1); Hasebe: gol (2-2); Cristián Riveros: gol (3-2); Komano: falla (3-2); Haedo Valdez: gol (4-2); Honda: gol (4-3); Cardozo: gol (5-3)

Árbitro: Frank De Bleeckere (BEL). Mostró tarjeta amarilla a Matsui (m.57), a Nagamoto (m.72), a Honda (m.90+) y a Endo (m.113)

Incidencias: encuentro correspondiente a los octavos de final del Mundial de Sudáfrica 2010 disputado en el estadio Loftus Versfeld de Pretoria ante 36.742 espectadores.