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Sin perdón y sin excusas

Webber, enrabietado porque su equipo favoreció a Vettel, gana por delante de Hamilton | Alonso, decimocuarto tras una pésima salida y después de otra polémica decisión de los comisarios, se aleja del título

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Fernando Alonso y Ferrari pueden quejarse, pero no deben. Les sobran motivos para ver una mano negra en las decisiones de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), pero no se les escapa, ¿o sí?, que los comisarios únicamente se ceban con los débiles. Y hoy, ni la escudería italiana ni su piloto principal muestran el poderío que se les supone. Traspasado el ecuador del Mundial, el título volvió a alejarse ayer en Silverstone, donde el español finalizó decimocuarto. Ganó Webber, metido en otra guerra la de su propio equipo, Red Bull, por delante de Hamilton, el descarado líder al que todo, y casi todos, sonríen.

La carrera de Alonso estaba arruinada mucho antes de que el rojo del semáforo palideciera. Ni hombre ni máquina estuvieron a la altura. En el reino del secretismo y el engaño, Ferrari logró ocultar que el sistema de arranque del F10 semiautomático, como todos renqueó durante todo el fin de semana. Lo de la ilusión por el podio era, una vez más, una milonga. En la salida, el asturiano se quedó clavado en la tercera plaza desde la que partía, y cuando sus ruedas dejaron de patinar Hamilton, Kubica, Rosberg y Massa ya se lo habían merendado.

Sutil embistió a De la Rosa en plena recta y no fue sancionado

En la F1 no hay sitio para la piedad. Ni dentro ni fuera de la pista. En el gran circo del automovilismo todo es personal, así que, además de los rivales, conviene cuidarse de los que mandan. No es buen negocio arremeter contra los encargados de dictar las normas y, sobre todo, de aplicarlas. Alonso zurró dialécticamente a los comisarios por lo sucedido en el GP de Europa con el coche de seguridad adelantado por Hamilton 'carrera manipulada', declaró airado, y ayer, primera cita tras Valencia, le cursaron la factura.

Encorajinado por la mala salida, el ovetense aplastó literalmente a su compañero Massa e intentó sobrepasar a Rosberg para no dejar escapar a los dos primeros, Webber y Hamilton, pero Silverstone apenas permite adelantamientos y, además, el bajo ritmo de Kubica, tercero, partió peligrosamente en dos al pelotón de cabeza. Desesperado, Alonso tiró de estrategia. Entró a cambiar neumáticos, su amigo polaco hizo lo propio y ambos volvieron al asfalto atados por una cadena invisible.

Tres vueltas más tarde, en la 18ª, el español no pudo esperar más y lanzó el ataque. Kubica cerró la trazada cuando ambos afrontaban la chicane, y Alonso, lanzado y sin posibilidad de frenar, atajó por fuera y rebasó al bólido francés. El reglamento estipula que, tras una maniobra así, es obligatorio dejarse pasar por el rival perjudicado. Como quiera que poco después el Renault de Kubica se averió y abandonó la prueba, no hubo ocasión de cederle el paso. Sin embargo, Charlie Whiting, director de carrera, llevaba 15 días esperando al lenguaraz Fernando. Tiró de rencor y de galones y le atizó un drive through (paso por el pitlane).

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De la Rosa, sin suerte

Disfrutando con el castigo, Whiting se encontró con que Sutil embestía, en la recta y a más de 300 por hora, a De la Rosa, destrozando la parte trasera del Sauber del español. Este tuvo que abandonar, el alemán de Force India no recibió sanción alguna y, aprovechando los trozos desparramados sobre el asfalto, el ínclito director planeó a la perfección la aparición del coche de seguridad. El Mercedes plateado protegió, ayer sí, el orden de carrera y, de paso, aplazó el cumplimiento del castigo de Alonso (hasta que volvió la bandera verde). Con ello se aseguró de hundirle definitivamente la carrera. Que parezca un accidente. Y lo pareció.

Por delante, Webber, enrabietado después de que el sábado el equipo le birlase su nuevo alerón delantero para dárselo a Vettel, pisó el acelerador a muerte en la salida. Su brutal arreón sorprendió al alemán, que partía de la pole y se vio arrollado por el ciclón australiano. Cuando quiso recuperar la posición perdida, Webber no cedió un milímetro, mantuvo su Red Bull en el carril y obligó a Vettel a circular por el exterior y a partirse literalmente la rueda trasera derecha en una pugna salvaje con Hamilton.

El veterano piloto de Red Bull no dejó escapar el triunfo y, todavía con la sangre bullendo por lo ocurrido el sábado, lanzó un inequívoco mensaje a la escudería tras pasar bajo la bandera de cuadros. 'No está mal para ser el segundo piloto, ¿no?', les espetó. Tras él, Hamilton, el gran beneficiado del domingo. Nada se supo de su encontronazo inicial con Vettel ni de su enorme carrera, esta vez desde la discreción. El caso es que el inglés de McLaren cada día es más líder y le saca 47 puntos a Alonso. Este, tras pinchar, firmó la vuelta rápida. Es decir, se puede hacer más. Las excusas se agotan