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Phelps hace estallar el Cubo de Agua

El estadounidense consigue un espectacular récord del mundo de 400 estilos en su primera final

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No quiso esperar. Michael Phelps está en el mejor momento de forma de su vida y sabe que va a pasar a la historia en estos Juegos. Su misión es simple: todo lo que tiene que hacer es estar concentrado y transformar su espectacular momento de forma, su inigualable potencial físico en marcas deslumbrantes. El nadador de Baltimore va a romper los cronómetros en Pekín y ayer lo hizo por vez primera.

La final de los 400 estilos era uno de sus retos más difíciles porque hace dos meses, en los Olympic Trials disputados en Omaha, Ryan Lochte, su compañero de equipo, había nadado también por debajo del récord del mundo. Sin embargo, su adversario más difícil en la final, si es que lo hubo, fue el húngaro Cseh.

Fue precisamente Cseh el que comenzó por delante en el primer largo de la piscina. Tras cubrir los primeros 50 metros a estilo mariposa, el húngaro iba claramente en cabeza. Sin embargo, en ese punto salió a relucir el gran secreto de Phelps. Su sensacional técnica ondulatoria, unida a su físico (largo tronco y piernas cortas) le permiten un nado subacuático muy superior al de sus rivales.

Como por arte de magia, como si hubiera pactado con sus rivales que se detuvieran un poco en cada viraje, Phelps emergió el primero dos segundos después de haber tocado la pared en segundo lugar. Pasó en cabeza por el parcial de 100 metros (55.38) y ahí ya se respiraba el récord del mundo. El hombre-pez había tocado la pared 46 centésimas por debajo del récord del mundo.

Pero en ese momento emergió su segunda liebre, Ryan Lochte, un consumado espaldista, que se colocó en cabeza antes de los 150 metros. Era el estímulo que necesitaba Phelps para volar en el vaso del Cubo de Agua, una piscina que ayer demostró de sobra su rapidez. De nuevo apareció otro viraje mágico, Lochte toca la pared primero ... ¡pero Phelps sale del agua en cabeza!

Tras completar el hectómetro de espalda, el margen sobre el récord del mundo había aumentado a 83 centésimas. A continuación llegó la braza, claramente el punto débil de Michael, que, sin embargo, nadó ayer los mejores 100 braza de su vida. Tocó la pared a falta de 100 metros con 1.40 de ventaja sobre el parcial del récord del mundo y 0.99 de diferencia sobre Lochte.

En el tramo final de crawl, Phelps, que aspira también en Pekín al oro de los 200 libre, simplemente se puso a toda máquina. Su ventaja sobre el récord del mundo fue aumentando de forma paulatina hasta lograr un crono de otra galaxia: 4:03.84. Una marca que recorta en un segundo y medio su récord mundial y que, para ser valorada en su justa medida, hay que compararla con los 4:08.26 con los que Phelps logró el oro en Atenas.

La otra final de los 400 estilos también brindó un nuevo récord mundial en su versión femenina, tras un espléndido duelo entre la australiana Stephanie Rice y Kirsty Coventry, que representa a Zimbabwe. Fue una lucha a distancia porque Coventry nadaba por la calle uno y la australiana lo hacía por la seis. La otra gran favorita, la estadounidense Katie Hoff, recordwoman mundial, nunca estuvo en la lucha por el oro y debió contentarse con el bronce.

Al final, Sephanie Rice también hizo añicos el récord mundial. Los 4:31.12 que poseía Hoff quedaron reducidos a cenizas con los nuevos 4:29.45 de Rice. Fue la respuesta de Australia al aldabonazo de salida de Phelps.

Grant Hackett, otro de los puntales de la natación australiana salía con el deber de luchar por el oro de los 400 libres. Sin embargo, el veterano nadador, asmático, no pudo con el coreano Taehwan Park. Hackett pasó por los 100 meros en cabeza pero fue superado por la progresión del coreano antes de los 150 metros y ya no consiguió alcanzarle. Al final, Park venció con 3:41.86, el segundo mejor crono de la historia, y la plata fue para el estadounidense Jensen. Aquí, el récord del mundo es intocable. Pertenece al australiano Ian Thorpe (con 3:40.08), uno de los mejores nadadores de la historia.

El Cubo de Agua pudo haberse desbordado con otros dos records del mundo, esta vez procedentes de Europa. El noruego Alexander Dale Oen volvió a romper el récord olímpico en las semifinales (ya lo hizo en las eliminatorias) con 59.16. Se quedó a sólo 0.03 del récord mundial.

Algo parecido sucedió con las holandesas en los relevos 4x100 libre. A pesar de que China había logrado el mejor crono en las semifinales, pronto se vio que las grandes potencias acudían a la final con sus mejores efectivos. Holanda venció con 3:33.76, a sólo 14 centésimas de la plusmarca que batieron en los Europeos de Eindhoven. Pero entonces nadaban en casa.