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El pionero dijo adiós

Carlos Moyà juega su último partido oficial contra David Ferrer (7-6 y 6-3) en la Copa del Rey. El primer número 1 español se despidió entre los aplausos de Sevilla

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No era un día más, era el último. Tras 15 años con una raqueta en la mano, Carlos Moyà dio sus últimos golpes como profesional. Por delante sólo le quedarán homenajes, exhibiciones o el circuito de veteranos. La victoria ha dejado de ser una obligación.

David Ferrer fue su último verdugo, en la Copa del Rey que se está disputando en Sevilla, pero todo el protagonismo fue, como no podía ser de otra manera, para Moyà. La emotividad fue la nota predominante en todos los momentos del día.

Cincuenta amigos del tenista habían viajado para verle. Su primer entrenador, Jofre Porta, tampoco se lo quiso perder. Con todo la presencia más especial fue la de la única persona que no lo había visto nunca en una pista: su hija Carla.

En los últimos puntos el juego demostró ser una cuestión secundaria. Después de perder el primer set por 7-6 ya sólo importaba ver la despedida del ídolo. El pabellón San Pablo se levantó y comenzó a aplaudir, una tendencia que sólo se acrecentó al perder el segundo set y el partido (6-3).

La mujer y la hija del tenista estuvieron presentes en su despedida

Moyà, ya acostumbrado a los homenajes después de unas semanas llenas de parabienes y palabras de elogio, cogió de nuevo el micrófono. Recordó la Copa Davis que ganó en la ciudad hispalense y se dirigió a la platea. Para terminar repitió la última frase que utilizó el día que anunció su despedida: 'Hasta luego, Lucas'. Poco después confesó sus sensaciones: 'He tenido nervios, pero he disfrutado y me he encontrado muy bien ante un público que ya conocía de hace años, hasta he estado a punto de pensar en volver'.

Son las últimas palabras de una carrera de éxito. Los resultados -final en Australia, campeón de Roland Garros, 24 títulos, la Copa Davis- avalan su trayectoria, pero no son suficientes para desmenuzar a un hombre clave para la historia del tenis español. 'Fue nuestro primer número 1 y el nexo de unión entre la generación de Bruguera y la de Nadal. Él fue el mejor español en una época de grandes tenistas como Costa o Corretja', recuerda Emilio Sánchez Vicario.

Además de ser el capitán de una generación, su juego también supuso una revolución de la que bebieron los que llegaron después de él. 'Entre los españoles que yo he visto ha sido, sin duda el mejor sacador', recuerda el entrenador Juan Avendaño. Su servicio fue clave, pero aún más su derecha. 'Le daba tiempo a tomarse un café antes de pegarla, siempre encontraba el golpe a la altura conveniente y tenía un latigazo muy fuerte. Gracias a ella podía dominar los puntos, ser agresivo'. Esa combinación de golpes le permitió ser el primero en poder enfrentarse a las pistas duras sin dar el partido por perdido de antemano.

'He estado a punto de pensar en volver', confesó tras el encuentro

Pudo haber sido más. 'Cuando éramos jóvenes jugábamos juntos en torneos satélites, le recuerdo haciendo bromas sobre su propio revés, un golpe que nunca terminó de ayudarle', recuerda Balcells. Sánchez Vicario también cree que su carrera, aún siendo brillante, pudo dar más de sí: 'Aunque era un gran profesional siempre dio la sensación de que el talento que tenía era para más. Lo hacía todo muy fácil'.

No sólo destacó en la cancha, hoy el tenis español también le recuerda por su talante fuera de las pistas. 'Ha sido una persona muy carismática, siempre tenía tiempo para repartir autógrafos, nunca ha sido engreído', recuerda el ex tenista Tati Rascón. Nadal también recuerda ese carácter afable de Moyà, siendo sólo un niño de 13 años ya compartieron entrenamientos y forjaron una amistad clave para el historial de Nadal: 'Fue un pionero', repite siempre el balear.