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Cuando la raqueta es de fogueo

En diciembre los tenistas cargan las pilas para todo el año

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Son los últimos días de diciembre. En Madrid hace frío, pero no hay tiempo para guarecerse. En mitad de una de las pistas duras del club de tenis Chamartín, Chema Castillo, preparador físico, lanza con la mano bolas a diestro y siniestro. Guillermo García López empieza el ejercicio con los ojos cerrados para probar el sistema nervioso y la orientación. Sólo al escuchar caer la primera bola abre los ojos y empieza el ritmo frenético de arrancadas y cambios de dirección. Unos conos rojos le esperan en las esquinas de la pista contraria. No sólo tiene que correr detrás de cada pelota que le mande Castillo, su obligación es devolverla a los bordes de la pista contraria. Cuando dejan de llover bolas, el jugador respira entrecortado. Su zapatilla izquierda está parcheada, la preparación hace mella incluso en el calzado. Construir un físico rocoso es el objetivo de ese constante vaivén.

Dos pistas más allá, un joven tenista practica el saque ante la mirada del entrenador Óscar Burrieza y una videocámara. Es Javi Martí, de 19 años, una de las grandes promesas. Por la mañana ambos han jugado un partidillo en la Caja Mágica, ha ganado Martí en tres sets. El día anterior se había impuesto García López. Son los últimos días antes de recorrer el mundo.

García López busca un físico que le mantenga a tono todo el año

Los jugadores hablan de la lacra del calendario, sin tiempo para mejorar y detenerse a pulir detalles. Sólo diciembre vale para que los profesionales se pongan a tono. Los resultados posteriores nacen siempre de esas jornadas de trabajo de más de cinco horas.

'Al principio estábamos haciendo mucho físico y poco tenis, pero a medida que transcurren los días, el tenis aumenta', comenta García López. Las primeras sesiones le llevaron al puerto de Navacerrada. Correr, subir montañas, bicicleta, cualquier cosa para encontrar el fondo físico que le tiene que durar 12 meses. El tenista pasó un mal año en 2011 y decidió actuar. Dejó a su entrenador, Esparcia, y contrató a Pepo Clavet, que le afina junto a su preparador físico, Chema Castillo, que también es fisioterapeuta y psicólogo. Tomar decisiones nunca es fácil, Esparcia llevó al jugador a sus mejores cotas en 2010, llegando incluso a ganar en Bangkok (tras derrotar a Nadal). No hay motivos concretos para la ruptura, sólo la necesidad de un cambio de aires.

No ha sido la única decisión que ha tenido que afrontar en estos meses. García López ha cambiado de ciudad, es su primera pretemporada en Madrid, y ha pasado unos días recorriendo pisos para establecerse. Aparecía por las pistas del club con números de teléfonos, direcciones y precios para consultar por un cuartel general en el que pasará poco tiempo. Una vez empezada la temporada, los aviones y los hoteles tendrán más peso que su nuevo hogar madrileño. También ha cambiado de ropa. Joma sustituye a una firma italiana. 'Tienen la fábrica en Toledo. Antes la ropa tardaba un mes en llegarme desde Italia', comenta. Los jugadores viven de la artesanía, las marcas les diseñan todo a medida. También la raqueta ha cambiado de patrocinador.

Martí entrena el saque delante de una videocámara para pulir la técnica

Todo es importante para volver. '2011 no ha sido un año bueno. El anterior fue el mejor de mi carrera, acabé entre los 30 primeros, pero por diversas circunstancias no me encontré bien, fui irregular y eso lo pagas', asegura García López, hoy número 65 del mundo. Trabaja para volver e, incluso, piensa en la Davis. 'Vamos a estar a tope. Nunca se puede decir un número, creo que podemos llegar a estar entre los 20 primeros', comenta Clavet. Las concesiones son escasas, la dieta es férrea, aunque en Nochebuena se permitió tomarse un Miguelito de La Roda, la localidad en la que nació en 1983. Fuera de eso, mucho trabajo. 'Hay velocidad, resistencia, musculación...', dice el tenista antes de un masaje.

Aunque hay similitudes, poco tiene que ver lo que pasa dos canchas más allá. Javi Martí lleva el plan de un chico que tiene mucho por aprender y pelea por conseguir el físico. Cada paso que da tiene un sentido mayor, el de la construcción de un jugador. 'En el caso de Javi ha disputado muchos torneos en tierra porque era donde estaba más cómodo y encontraba mejores sensaciones. Sólo el hecho de estar toda la pretemporada en pista rápida ya tiene cosas para mejorar su juego. Busca ser más agresivo, estar más dentro de la pista y restar rápido. Además está trabajando el servicio. Él jugaba con primeros segundos y ahora busca saques que le den puntos gratis', comenta su técnico, Burrieza.

También él ha pasado por una evolución desde el inicio de la pretemporada: 'En las primeras sesiones buscas consistencia, mucho golpeo y menos movilidad, cosas más técnicas. A medida que avanzas buscas situaciones reales de puntos bien en partidos o con ejercicios'. Busca también encariñarse con su nueva raqueta, la misma que el año pasado usó Nadal. El objetivo es llegar a los cien primeros del mundo, pero a los 19 años el salto puede ser mayor.

Martí es una gran promesa, el año pasado puso contra las cuerdas a Tsonga, el número 6, en Valencia. Para mejorar tiene que medirse con jugadores de nivel y en la pretemporada ha pasado mucho tiempo con García López, Verdasco y Feliciano. Tiene que adaptarse al ritmo que exige la élite. La semana que viene jugará en Auckland. Si las cosas van bien y llega a las últimas rondas no podrá entrar en la previa del Abierto de Australia, una contraprestación que Martí consideraría correcta aun privándole del primer grande de la temporada. Su liga es, de momento, otra. 'Tiene que jugar más agresivo, y soltarse más', relata Burrieza, que también apunta a la psicología como factor diferencial: 'Debe controlar situaciones delicadas. Los jugadores expertos son siempre equilibrados. Además tiene que construir su patrón de juego y no salirse de él'.

Martí es un niño prodigio del tenis, con 14 años ya despuntó y conoció la fama. Hoy aquella etapa, no del todo sencilla, se valora como positiva. 'Ya ha sentido mucho la presión, lo más complicado fue cuando empezó en ATP, en su segundo año, se presionó un poco y no rindió como tendría que rendir. Pero por suerte esa etapa es pasado, se siente tenista y ve que tiene tenis para meterse entre los buenos', dice Burrieza.