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Raúl López hace piña

El Madrid se reivindica como equipo y arrebata el tercer puesto a la Penya

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En la dinámica en la que está instalado el Real Madrid, apenas un matiz discrimina entre una de sus dos realidades. Ante la Penya, los blancos empezaron perezosos, sin argumentos para desordenar la conexión Ricky-Pau Ribas (2-7, min. 2) y con ese afán de que sólo los elegidos para el cinco inicial se sientan protagonistas (Mumbrú, Hervelle, Llull y Bullock fueron los únicos que anotaron en el primer cuarto). Sin embargo, apareció Raúl López y Plaza empezó a encontrar esas soluciones que ni se adivinaron ante el Barça en la Euroliga.

En un partido trabado, sin respeto por los esquemas, el base entendió su rol: correr ante la rebeldía de Ricky, anotar cuando el atasco apareció en la pintura y conceder esa asistencia solidaria para que todos ganaran sensaciones. El Madrid empezó a hacer piña en torno a él para descubrir que Massey puede sentirse importante en los cincos multiétnicos (Massey, Winston, Pepe Sánchez, Tomas y Van den Spiegel) o queVan den Spiegel es una garantía en el descanso de Felipe y Hervelle.

Mientras el Madrid hacia piña, Ricky quiso apoderarse del partido. Su descaro recuperó la ventaja de la Penya (31-35, min. 15) con esa velocidad que enamora a la NBA. Sin embargo, aunque Ricky quiera ser omnipresente (máximo reboteador hasta el tercer cuarto) necesita que el resto se ofrezca.

Desde el perímetro, Ricky manda, aporta puntos y se siente líder. Pero se muestra impotente en el debate de los centímetros, una rémora que ha dejado en evidencia al Joventut frente a los equipos de la liga que disputan la Euroliga. Por mucho que la Penya maximice sus triples, el Tau, Barça, Unicaja y, ayer de nuevo el Madrid, han construido sus victorias desde la zona.

En esos momentos de anarquía en el marcador, con parciales que regalaban ventajas instantáneas a partes iguales, Raúl López empezó a derivar balones a la zona. Allí, Felipe, Hervelle y Van den Spiegel comenzaron a construir la victoria. Sin ruido y con solvencia para generar un escenario de tranquilidad en el que los tiradores no entraran en el pique de los triples de Ricky, Mallet o Bogdanovic.

A falta de cuatro minutos (88-77), la reunificación de sentimientos en el Madrid era ya incuestionable. Incluso Winston, que aún se siente un extraño en los esquemas, enseña más solvencia que Hosley. Sus cuatro puntos no deben minimizar lo que puede ser aportación a medio plazo. Se ofrece en las esquinas y se sacrifica en la presión. Con su ayuda, el Madrid se sitúa tercero.