Publicado: 28.12.2013 08:32 |Actualizado: 28.12.2013 08:32

La otra realidad de Mireia Belmonte

La familia de la nadadora es una más de las que pelea frente a la crisis: el padre es conductor de autobuses; el hermano mayor está en paro, y todavía tiene que despegar la administración de loterías que han abiert

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Quizá sea porque tiene que ser así. O quizá porque Mireia Belmonte (Badalona, 1990) lleva razón cuando escribe en Twitter que "nada sucede por casualidad. En el fondo, las cosas tienen su sentido, aunque nosotros no las entendamos". Ella ha completado un 2013 colosal, sobre todo en los últimos meses que ha rematado en Glasgow con una enorme actuación en la 'Duel in the pool', la Ryder Cup de la natación. Pero en el caso de Mireia, se admite otra diferencia más. Se trata de un éxito con ventaja, en el que la humildad no se pierde de vista, porque está más que justificada. "Pero qué conste que nosotros no queremos dar pena a nadie", rebate a Público José, su padre, un andaluz afincado desde los cuatro años en Barcelona que repite a Mireia, la pequeña de la familia, que los éxitos no duran toda la vida: "Sin conocimientos, hija, tampoco hay futuro".

"No puede ser que acabes tu trayectoria deportiva sin una formación, porque luego vienen los desastres", le dijo el presidente de la UCAMLa realidad es que Mireia no sólo escucha a su padre. También escucha la voz de José Luis Mendoza, presidente de la Universidad Católica de Murcia (UCAM), que ha sido como un salvador para ella. Se inspiró en "el amor al deporte" y apareció en el momento justo, meses después de que Mireia ganase dos medallas olímpicas en Londres y, paradójicamente, se hubiese quedado sin club, sin nómina y sin licencia para competir. "Nosotros te patrocinamos todo, respaldo económico y seguridad social, pero la única condición es que estudies", le dijo Mendoza. "No puede ser que acabes tu trayectoria deportiva sin una formación, porque luego vienen los desastres".

Hoy, todo eso es el trasfondo de un éxito tan rotundo como el de Mireia, todavía empadronada en el humilde barrio de Badalona de La Salut, en la casa de sus padres, gente especializada en luchar contra la crisis. Ahora, por ejemplo, han conseguido una administración de loterías en una zona difícil, en la que los resultados requieren mucha paciencia. Pero no sólo es eso, sino que hasta hace bien poco Mireia vio como su padre estaba en paro o, actualmente, lo está Javier, su hermano mayor, que de momento ha aparcado los estudios de Ingeniería Informática y que, a diferencia de la hermana, nunca se dedicó al deporte. Quizá porque la excepción fue lo de Mireia cuando empezó en la piscina del barrio de Sistrells y mostró tantas condiciones que, a los 12 años, se la llevaron a entrenar al CAR de Sant Cugat.

"Yo siempre digo que la felicidad puede estar en un trozo de pan...", dice José, el padre de Mireia"Yo soy maestro matricero", explica José, el padre, que, sin embargo, ahora no puede ganarse la vida de eso. Ha tenido que volver a estudiar para regresar al mundo laboral. Se ha sacado el carné para conducir autobuses y, actualmente, se dedica al transporte urbano, con la responsabilidad que eso conlleva y con un horario que ni mucho menos es de ocho a tres. "Mis horarios son imprevisibles, porque estoy en el turno suplente. Son servicios de 24 horas, en los que hay que adaptarse a las necesidades de la empresa", explica José, un hombre reacio a que su voz salga en los medios y al que, sinceramente, no le gusta contar nada de su vida. "No se trata de que seamos más o menos humildes", insiste. "Yo siempre digo que la felicidad puede estar en un trozo de pan..."

Mireia entrena en el CAR de Sant Cugat, pero a menudo va a dormir a casa, donde continúa su habitación en la que el padre ya no hace falta que le diga: "Hija, no te olvides de que sin conocimientos no hay futuro". El padre ha constatado que los nuevos estudios de Publicidad que inició en la UCAM, a través de una plataforma 'on line', "son sagrados para ella. No hay día en el que no deje de estudiar. Siempre que viene a casa se encierra una o dos horas en su habitación y veo su mesa rodeada de libros, de apuntes...". Allí, se olvida de los éxitos y pone los codos, absolutamente convencida de que no va a "vivir siempre de la natación", máxime después de lo que vivió tras los Juegos de Londres 2012, algo que la hizo "más luchadora" si cabe. "Hay veces que mientras entreno repaso los exámenes", llegó a decir en otra época, en la que era infinitamente más accesible concertar una entrevista con ella. "Ahora, es difícil encontrar el momento", admite José, el padre. "Hay días en los que ni siquiera yo puedo hablar con ella".

Los éxitos, en cualquier caso, son inseparables del entorno en el que vive Mireia Belmonte. Sus medallas no paran de hacer historia; su propia ciudad (Badalona) se ha movilizado totalmente para homenajearla y tarde o temprano existirá un Complejo Deportivo con una piscina de 50 metros que llevará su nombre. Pero nada de eso desconecta de las dificultades a una mujer que, por el hecho de ser una estrella de la natación, no está atada al 'glamour' ni siempre viaja en primera clase. Sin ir más lejos, en este último mes, no se cansa de recordar que ha batido dos récords del mundo "después de un viaje en autobús de nueve horas, con las piernas totalmente encogidas, desde Eindhoven a Berlín". Y, claro, todo eso refuerza la humildad de Mireia Belmonte García, la mujer que, a los 23 años, ha comprobado que en la vida "nada sucede por casualidad"...