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El rebelde que no fue educado para perder

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Su padre lo construyó para ganar. 'El niño tiene que ser campeón del mundo', lo dijo muchas veces Chicho, en aquellos años en los que Jorge Lorenzo (Palma, 1987) era ya un chaval fuera de lo común.

Rebelde, contestatario, déspota, un enano que no dejaba indiferente a nadie. Su niñez se desarrolló alrededor de la moto que le adaptó su padre, por entonces empleado de una empresa de mensajería, a sus reducidas medidas para disputar pruebas en Balears.

Con 10 años, después de ganar todo en lo que participó, ya vivía rodeado de desconocidos que trabajaban para él de la mano de la escuela Monlau y de Dani Amatriain, su mánager hasta 2008.

Lorenzo, un chaval insolente, con un look de mohicano (totalmente pelado y una cresta con dos estrellas), que respondía a las preguntas de su padre delante de una grabadora para que se fuese entrenando a su convivencia con los periodistas.

No estaba educado para perder. Ganó con autoridad la Copa Aprilia de 50 cc con apenas 11 años y repitió al año siguiente, en 125 cc. A los 14 años, en 2002, logró la inscripción como piloto invitado en Jerez, que se iba a disputar justo el día en que cumplía los 15, la edad mínima obligatoria para competir. Por eso, no participó en los entrenamientos del viernes y salió a la pista el sábado, cuando legalmente ya podía. Lorenzo se convirtió en el piloto más joven en disputar un Gran Premio del Mundial. Acabó el año 21º.

En 2003 consiguió su primera victoria en 125cc. En 2004 ganó tres carreras y terminó cuarto. En 2005 dio el salto a 250cc y fue quinto. En 2006, en Aprilia, consiguió su primer Mundial tras ganar ocho carreras. Nueve se llevó en 2007 y volvió a ganar el título.

Quiere caer tan bien como Rossi y cree que su alma proviene de Esparta

En su primera carrera en MotoGP, en 2008, acabó cuarto no sin probar ya a ser el mejor. Empezó a alternar éxitos sonados y caídas provocadas por la ansiedad.

En Estoril llegó su primera victoria y sólo el rosario de lesiones y caídas dieron de bruces con sus aspiraciones. Tuvo que templar sus arranques de genio y osadía. Aun así, concluyó con seis podios, el mejor novato de la historia.

Juró sentar la cabeza, aunque sin perder ese instinto asesino al que le gusta referirse. En 2009 rompió con Amatriain y volvió a acercarse a su padre, con quien había roto toda relación años atrás. Se rodeó de un nuevo entorno para empezar de cero. Empezó a preocuparse por el piloto pero también por la persona. 'Me gustaría tener esa facilidad que tiene Rossi para caer bien a la gente y poder ser siempre tan simpático', se puso como reto. También trabajó en el físico y en la técnica para ser mejor piloto. Lorenzo, que no completó los estudios, tiene muchas ganas de aprender, prepararse y recuperar el tiempo perdido.

En estos dos últimos años ha educado sus formas, pero sigue manteniendo su señas de identidad: seguro, eficaz, mediático y competitivo. Sobre todo, competitivo. Jorge no tiene amigos en la parrilla. Se lleva bien con Edwards, Toseland o Elías, pero sólo se marcha de vacaciones con Ricky Cardús, su verdadero amigo entre los pilotos.

Esta temporada, tras acumular podios como para igualar a dos leyendas como Agostini y Doohan, hasta diez consecutivos, Lorenzo ya rezuma felicidad. A los 21 años ya tenía autobiografía. Se define así: 'Soy un tipo luchador y perfeccionista. Nací en Palma de Mallorca, pero pienso que mi alma proviene de Esparta. Desde que vine al mundo, fui criado y adiestrado para una causa. En el caso de los espartanos era para defender a su pueblo y su libertad hasta la muerte. En mi caso, para llegar a lo más alto del motociclismo'.