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Rebelión contra la ley del silencio

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Gugu tiene 10 años. No entiende por qué quieren prohibir las vuvuzelas. Hace sonar la suya. Se le suman dos amigos más que soplan fuerte. Gugun sonríe. '¿Qué pasa por que suene mi vuvuzela y la de mis amigos?', dice. Pasa que a parte del acomodado y esnobista Occidente le molestan las vuvuzelas. Pasa que la FIFA flirtea una y otra vez con prohibirlas.

Lanza globos sonda. Un día advierte que estudia acabar con el sonido identidad de la calle y de este Mundial. Otro, cuando comprueba que ha metido los dedos en la sensibilidad del pueblo llano surafricano, Blatter, su presidente, rectifica. Algunas televisiones se han quejado; la gallina de los huevos de oro presiona. Recibo un email. Una casa de apuestas permite apostar por su prohibición... Maldita la gracia que le hace a Swano, que las vende en un semáforo de Rivoney Road en Johannesburgo: 'Espero que no las prohíban, vendo muchas todos los días'.

Ya hay parte del pueblo que se le ha rebelado al Comité Organizador. Trabajadores de la seguridad del estadio de Durban se quejaron de su bajo sueldo. Les habían prometido aumentárselo y la estafa les llevó a destrozar mobiliario. Han visto que el pastel a repartir es tan grande que no se conforman con la guinda. Ayer, después de que la FIFA pidiese a la organización que sea la policía la que se encargue de la seguridad, fueron despedidos.

«¿Qué pasa por que suene mi vuvuzela?», dice Gugu

Un colega y yo hablamos con una empleada de la limpieza del Soccer City. 'Trabajo once horas y me pagan 120 rands (12 euros) al día'. No lleva guantes y mete las manos en un cubo con agua negra. La FIFA ha consentido que los hoteles y los transportes privados tengan precios occidentales, pero en los estadios la mano de obra no se ha occidentalizado. Probablemente diga que no tiene nada que ver, que no depende de ella. Culpará a las subcontratas que cobran de los organizadores.

'No sé cuánto me pagan por las siete horas que trabajo', dice otra empleada de la limpieza a la carrera, esta vez en el estadio Ellis Park. Tiene miedo de ser abroncada o despedida si es vista por su encargado hablando con periodistas extranjeros. La ley del silencio se impone en las cuestiones del negocio. Menos mal que las vuvuzelas se rebelan...