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Récords que matan

Felix Baumgartner saldó con éxito su salto supersónico pero muchos han desafiado también las leyes de la lógica falleciendo en el intento. La trágica lista contempla a saltadores, submarinistas, automovilista

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Citius, altius, fortius  (más rápido, más alto, más fuerte). El lema en latín de los Juegos Olímpicos resume el espíritu de superación que ha caracterizado la evolución del ser humano. Este afán por superar barreras desconocidas y metas inalcanzables ha llevado al hombre a exponerse al límite de sus capacidades físicas. 

En multitud de ocasiones esos intentos se han culminado con éxito, como el obtenido este domingo por Felix Baumgartner. El austriaco logró ser el primer humano en saltar sin ayuda desde 39 kilómetros de altura y en pulverizar la velocidad del sonido. Pero Baumgartner se expuso a multitud de factores en contra que podrían haber acabado con su vida, como los bajísimos niveles de presión y temperatura o los giros incontrolados que sufrió durante la caída.

Él logró aterrizar sano y salvo sobre la árida tierra de Roswell (EEUU) pero muchos otros han pagado un precio demasiado alto por hacerse un hueco en la historia. Muchos intentaron batir récords y perdieron su vida en el intento. La historia de deportes como el automovilismo, el salto, el submarinismo o la aviación está salpicada de tragedias de hombres y mujeres que fallecieron por intentar inscribir su nombre entre los que han batido récords sobrehumanos.

Precisamente este mismo martes un cirujano noruego ha estado a punto de perder la vida cuando se disponía a saltar desde un acantilado a 1.200 metros de altura. Richard Henriksen estaba tratando de hacer su salto mientras se mecía en un listón colocado al borde del abismo, pero la barra se rompió al intentar un giro acrobático. El momento estaba siendo filmado en vídeo para un programa de la televisión noruega. Milagrosamente, Henriksen sobrevivió a la caída gracias a la apertura de su paracaídas en el último momento.

Peor suerte corrió el saltador australiano Dwain Weston el 5 de octubre de 2003. Considerado como uno de los mejores saltadores base del mundo, Weston realizaba una demostración de proximidad en Colorado (EEUU). Weston volaba a una velocidad de 160 kilómetros por hora cuando chocó contra la baranda del puente de Canon City, el puente colgante más alto del mundo. Tras el golpe, se precipitó 90 metros hasta el fondo rocoso del Royal Gorge.

El salto base está considerado como uno de los deportes extremos más peligrosos del mundo. Lanzarse al vacío desde un punto fijo y desplegar un paracaídas en el momento preciso es una práctica que se ha puesto de moda en los últimos años pero se ha convertido también en una auténtica trampa mortal. En 30 años se ha cobrado la vida de más de 170 personas.

El paracaidismo también es otro de los deportes de altísima mortalidad. Entre 2000 y 2010 murieron 279 personas practicándolo. Uno de los casos más trágicos en los últimos años fue el de la famosa paracaidista rusa Irina Sinitsyna. La campeona del mundo y de Europa perdió la vida el pasado mes de septiembre al intentar batir el récord de formar parte del grupo más amplio de paracaidistas volando juntos (100 personas) en el sur de California. Sin embargo, su paracaidas se enredó y pese a que se desplegó el de emergencias, no lo hizo a tiempo y Sinitsyna se precipitó contra el suelo rompiéndose el cuello y varias vértebras.

En el aire, una de las muertes más impactantes de la historia fue la del millonario y aventurero estadounidense Steve Fossett. Precisamente Fossett poseía un amplio historia del récords sobrevolando todas las partes del mundo pero fue a morir mientras volaba de modo convencional en Nevada. Su avión desapareció el 3 de septiembre de 2007 y un año después encontraron los restos de su avión en California y algunos artículos personales y restos óseos de Fossett.

Pero también bajo el agua se han perdido multitud de vidas intentando explorar los límites del mundo subacuático. El 12 de octubre de 2002 la submarinista Audrey Mestre falleció en la República Dominicana al intentar batir el récord mundial de profundidad en la modalidad 'no limits', que ostentaba su marido y entrenador Francisco 'Pipín' Ferreras tras alcanzar los 162 metros de profundidad. Ella intentó bajar hasta los 171 metros de profundidad con una sola inspiración, pero no lo logró.

Tres años después el buceador extremo Dave Shaw perdió la vida de una forma absolutamente dramática. En las oscuras aguas de la fosa de Boesmansgat, al norte de Suráfrica, estableció un nuevo récord mundial pero a la vez se topó a 270 metros de profundidad con los restos de Deon Dreyer, el único hombre que había intentado previamente conquistar dichas profundidades.

Incapaz de recuperar el cuerpo del submarinista en esa ocasión, Dave se comprometió con los padres de Deon a regresar a buscar los restos de su hijo. El 8 de enero de 2005 Dave cumplió su palabra, pero su promesa le costaría también su vida. Pereció en el fondo de la caverna mientras los padres de Deon, Teho y Marie, esperaban en superficie. Tras hacer un gran esfuerzo en el fondo del mar, a mitad de camino se enredó con la cuerda que había anudado al cuerpo de Dreyer. La grabación en vídeo mostró los intentos desesperados e infructuosos de Shaw por fazarse de las cuerdas.

De vuelta a la tierra uno de los campeonatos que pone al límite el aguante del cuerpo humano es el mundial de sauna. Sin embargo, en agosto de 2010 el ruso Vladimir Ladyschenski quiso resistir tanto para llevarse el título que terminó muriendo por un colapso. Después de permanecer encerrado durante seis minutos a 110 grados de temperatura, su cuerpo tuvo que ser rescatado, ya inerte.

El hombre también ha intentado superar una y otra vez las barreras de la velocidad sobre ruedas. Y fruto de ello se han producido numerosas muertas, sobre todo en automovilismo y en épocas, como en los años 20 del siglo pasado, en las que las medidas de seguridad eran muy limitadas. 

Los intentos por batir el récord de velocidad en un automovil se han cobrado numerosas vidasLa trágica lista la inició Percy Lambert, que falleció en 1919 al intentar batir su propio récord de ser la primera persona en superar las cien millas en una hora. En 1924 Dario Resta murió en la pista de carreras de Brooklands (Inglaterra) mientras trataba de superar un nuevo récord de velocidad. Conducía un Sunbeam cuando se rompió su cinturón de seguridad y salió disparado contra una valla. Y así se sucedieron accidentes mortales como los de John Godfrey Parry-Thomas (1927), Frank Lockhart (1928), Lee Bible (1929) y Bernd Rosemeyer (1938).  El último en unirse fue Nolan White en 2002. Tenía 71 años y murió en Salt Lake City después de que el paracaídas que tenía que frenar su coche fallara al superar la velocidad de las 679 kilómetros por hora.

Otro elemento sobre el que el ser humano ha sufrido enormes pérdidas es la nieve. Deportes como el alpinismo, el esquí o el snowboard han sepultado cientos de vidas. Por ejemplo, el Everest -la montaña más alta del mundo- ha dejado desde la primera vez que se escaló hasta finales de 2011 un total de 219 muertes.

Sobre esquís recordados son los fallecimientos de la esquiadora austriaca Ulrike Maier, que murió en 1994 durante una prueba de la Copa del Mundo en Garmisch (Alemania), o el del esquiador francés Regine Cavagnoud, que murió en 2001 al chocar con el entrenador Markus Anwander durante un entrenamiento en Pitztal, Austria. El pasado enero también conmocionó la muerte de Sarah Burke, la conocida esquiadora canadiense de freestyle, que murió accidentalmente mientras entrenaba en Park City, Utah.

El snowboard también ha segado vidas como la del noruego Line Ostvold, que falleció en septiembre de 2004 mientras entrenaba junto al equipo nacional noruego en Chile. Y deportes de hielo como el luge han dejado accidentes estremecedores como el del georgiano Nodar Kumaritashvili, que murió al salir despedido de la pista de Wisthler durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Vancouver en 2010.