Publicado: 16.04.2014 07:00 |Actualizado: 16.04.2014 07:00

La reivindicación que necesita el '10'

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"Messi nos ha malacostumbrado a todos", explica Andoni Zubizarreta, el director deportivo del Barça, uno de los pocos que no ha tenido un solo reproche para Leo Messi en este último mes, en el que se ha sospechado más de él de lo que se le ha alabado. Algo que no se recuerda en los últimos diez años, una cosa que coloca esta noche (Mestalla, 21.30 horas) a Leo Messi, a dos meses de cumplir 27 años, a las puertas de una reivindicación perfecta.

Quizá única para el hombre que desde el 24 de marzo cuando lograba su 'hat trick' en el Bernabéu, ha escuchado como se jugaba con su reputación. Acusado de no esforzarse en el partido de Champions del Calderón, donde corrió 6,8 kilómetros, la mitad que otros futbolistas, el argentino también ha desayunado con esas declaraciones de Guardiola que no le hicieron la más mínima ilusión. "Cada vez que dejaba a Messi en el banquillo, Barcelona era un clamor". Ha habido cosas más dolorosas como la famosa portada de La Gazzetta del Sport que se tituló, sin miedo, 'The End (fin)' y se dejó acompañar por una fotografía de Messi tapándose la cara.

Incapaz de separarse del mensaje, que salió con más claridad de sus labios ("me da bronca perder"), Leo Messi, padre de Thiago, ha cambiado desde la paternidad del pasado año. "Te lo planteas de otra manera", dijo, "ya no sólo piensas en tí". Quizá por eso, a los 26 años, afronta este año, el peor del Barça desde la época de Rijkaard, con una serenidad especial en la que apenas se le ha escuchado en público, comprometido con lo que dijo hace años. "No siento ninguna necesidad de meterme en líos". Por eso todo el mundo habla de Messi menos Messi, que llega a esta final de Copa del Rey con el orgullo herido, aunque siempre defendido por su gente. "Dudar de Leo me parece brutal", ha dicho Puyol tras las últimas derrotas. "Lo intenta. A veces, le salen las cosas y otras no. Pero está claro que si hubiera marcado un gol de falta o de cabeza hablaríamos de otra cosa. Esto es fútbol y Messi nos ha acostumbrado a un nivel tan alto, con dos o tres goles por partido, que cuando no marca se le mira con lupa".

La realidad, sin embargo, es más dura para Messi que esta vez llega a una final con más cuentas pendientes que nunca. Al fondo queda un año demasiado duro para él, con la lesión de diciembre, la perdida del Balón de Oro, los vómitos misteriosos y esa sensación de que ni siquiera él es capaz de impedir que se acabe el ciclo del mejor Barça de todos los tiempos. Sin embargo, no hay manera de escuchar a Messi que ni siquiera ha saltado a la luz pública para contradecir esas informaciones en las que ha llegado a decirse que, cuando no le apetece, no se entrena y se queda en el vestuario jugando a la PlayStation. Una cosa que ni siquiera incita a sospechar a su máximo jefe, Andoni Zubizarreta, el director deportivo del club. "No dudo de Messi ni medio segundo". Y añade: "No le pasa nada, está físicamente bien y tiene buenas relaciones con el club". Así que esta noche hay que prepararse para revivir sus mejores tiempos.