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De repente, Lass

Mou tira de un jugador que estaba más fuera que dentro del club

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De repente, Lass. Un futbolista que no se sabía si tenía la cabeza más fuera que dentro del club, se convirtió el sábado en el pilar sobre el que mantener la estabilidad anímica y deportiva del Madrid. Lass fue utilizado por Mourinho como un parche de contención táctica para evitar la catarsis que hubiera supuesto una derrota ante el Valencia.

Dicen en el club que el entrenador portugués tiene una gran habilidad para meterse en la cabeza de sus jugadores y diagnosticar la psique del grupo. Tras el 5-0 del Camp Nou, el entrenador luso detectó un vestuario abatido, acosado de nuevo por los complejos que le persiguen, por comparación, con el Barcelona. Mal síntoma para medirse al Valencia, un equipo de contragolpe fácil y con los resortes defensivos suficientes para defender un gol a favor y provocar una fuga de ansiedad en sus jugadores. 'No quería sufrir', reconoció el portugués cuando le preguntaron por la sorprendente titularidad de Lass ante el Valencia.

Hasta el sábado, el francés sólo había sido titular en dos partidos de Liga

Ante la posibilidad del terremoto que hubiera generado un tropiezo ante el equipo que dirige Emery, Mourinho decidió blindarse con un futbolista que estaba firmando sus peores números desde que llegó al Madrid en diciembre de 2008. Xabi Alonso y Khedira le cierran el paso en el once y él tampoco ayudaba con su actitud. El propio entrenador portugués había mandado mensajes a Lass dejándole fuera de varias convocatorias por falta de compromiso. Hasta el sábado pasado, sólo había sido titular en cuatro encuentros, dos de Liga y dos de Champions y se había quedado fuera de la lista por decisión técnica ante Atlético, Sporting y Milan, en San Siro. 'Es un grandísimo jugador, pero los que están en el banquillo trabajan muchísimo y están disponibles para ayudar al equipo lo que sea necesario, jueguen un minuto, o 30', apuntó Mourinho cuando le preguntaban por las ausencias de Lass en sus listas.

El sábado, a Mourinho no le importó el estilo para echar mano de Lass. Quería ganar por encima de todo para evitar un desplome pronunciado del vestuario. Tampoco le preocupó que la alineación no fuera acorde con el paladar de la grada o el del palco. Allí no está muy bien visto el mediocentro francés. Allí chirría hasta que luzca un dorsal de pedigrí como es el diez. Tampoco gusta que no acepte bien sus suplencias, su desgana en algunos entrenamientos y menos sus intenciones de cobrar más. Ese cúmulo de factores, más sus declaraciones en octubre, cuando el jugador apuntó a su salida en enero si no gozaba de más minutos, le colocaron en mala posición frente al club. Pero el sábado, Mourinho no estaba dispuesto a poner en peligro el derrumbe de todo lo que había logrado hasta el lunes negro del Camp Nou. Menos aún a renunciar a la victoria por cuestiones de estética. Centrado, Lass le ofrece el despliegue necesario para que el equipo no se parta, algo que se daba últimamente.

El técnico le había mandado mensajes por su falta de compromiso

El Comité de Apelación de la UEFA dictaminó que Mourinho sólo deberá cumplir un partido de suspensión y ya no estará tres años bajo vigilancia con un segundo partido de castigo pendiendo sobre su cabeza. Además, se reduce de 120.000 a 100.000 euros la multa al club y de 40.000 a 30.000 la impuesta a Mourinho.